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#19SMX: La tragedia que nos unió y dio esperanza

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Dicen que somos una sociedad sin memoria, que todo se nos olvida muy rápido y que por eso estamos condenados a que se repita la historia. Que somos individualistas, que no toléralos el éxito de los demás y que nos hemos vuelto un pueblo de “agachones”.

Hace un par de semanas previo a que sintiéramos el sismo del pasado 19 de septiembre, la sociedad mexicana miraba y era testigo a través de los distintos medios de comunicación el caso del feminicidio de Mara, de 19 de años de edad, en el estado de Puebla. Incluso las redes sociales se saturaron de mensajes de indignación que condenaban dicho hecho-

En varias ciudades de la república, encabezadas por la Ciudad de México y la capital poblana, miles de personas salieron a la calles a protestar y exigir justicia para la joven asesinada, así como mayor seguridad y respeto para las mujeres.

Mara Fernanda Castilla

Y si hacemos un ejercicio de memoria sobre este año, a los largo de los casi 10 meses que han trascurrido en el 2017, innumerables temas y hechos han provocado que en muchas ocasiones miles de mexicanos tomen las calles para protestar.

La elevación en el precio de la gasolina, la violencia en contra de los periodistas, la inseguridad, los feminicidios, la corrupción, la desaparición de personas, la guerra en contra del narcotráfico,  las fosas clandestinas, son varias cuestiones que a lo largo de este año han hecho que miles de mexicanos expresen su inconformidad.

Sin embargo, a pesar de los innumerables movimientos que existen a lo largo y ancho del país, y la población preocupada por todos estos temas, no han sido lo suficientemente grandes que hagan ejercer presión sobre el gobierno y las instituciones que lleven al esclarecimiento de todos estos hechos.

Lo grave es que en este sexenio la última gran marcha que hubo en la que más de un millón de personas salieron a las calles, fue en el 2014 cuando desde la avenida Paseo de la Reforma, hasta al Zócalo capitalino salieron a exigir justicia en el caso de los 43 estudiantes desaparecidos hace 3 años, procedentes de la escuela normal rural de Ayotzinapa.

 

Desde entonces no ha existido una causa común que una a los mexicanos en pro de un cambio sustancial que mejore las condiciones de seguridad, política, económica, social, cultural, entre otros temas, que atañen a México.

Es por eso que previo a que sucediera el sismo del pasado 19 de septiembre, hacía una reflexión sobre la situación actual del país y de cómo vamos a llegar al 2018, año que será importante, en el que habrá una nueva jornada electoral que no lleve a la elección de un presidente.

Y entre varios pensamientos que llegaron a mi cabeza, me di cuenta de que es preocupante y peligroso que como sociedad queramos llegar a las elecciones bajo las misma circunstancias actuales. En las que la cifras de inseguridad son cada vez más evidentes, que sigue la violencia en contra de los periodistas, y que cada vez salen a la luz más casos de corrupción en el que políticos y funcionarios están involucrados.

Si bien estos temas y muchos otros son debatidos y llegan a generar tendencias en las redes sociales y en el internet, es cierto que sigue faltando mayor acción y participación de muchas más personas.

Hasta hace una semana no existía una sola causa común que uniera a toda la población, desgraciadamente tuvo que ser por medio de una tragedia, de un dolor que a todos nos movió.

Eran las 11 de la mañana del 19 de septiembre del 2017, en todo México se conmemoraba y se recordaba con un ejercicio de simulacro aquel trágico sismo de 1985 de magnitud 8.1 grados en la escala de Richter, que a las 7:17 horas de la mañana cobró más de 10 mil vidas, y 30 mil estructuras con pérdida total.

En las escuelas, en las oficinas, en hospitales, en centros comerciales, bancos e instituciones privadas y públicas se realizó dicho acto. Para algunos, todos esos recuerdos de 32 años volvían a la mente, para otros era un momento de distracción del trabajo. Nadie se imaginaba lo que horas después iba a suceder.  

El reloj seguía avanzando, pasaba del medio día y las manecillas decían que era la 1:14 de la tarde. No hubo ninguna alerta, simplemente todo se comenzó a mover, muchos tardaron en reaccionar pensando que se trataba de un simple mareo, pero no, los movimientos se volvieron más intensos.

Alarmados y con temor todos buscaron un punto de seguridad dentro y fuera de las estructuras. El ambiente era sumamente confuso, todas las calles seguían moviéndose pero el ambiente se volvía más dramático con la aparición de humo que había sido generado por el colapso de varios edificios.

Y mientras en la televisión y en los grandes medios de comunicación todavía no se daba a conocer la magnitud de lo que había sucedido. Cuando ni el mismo gobierno local y federal sabían que había ocurrido, las personas ya estaban ahí.

Sin cascos, sin chalecos, sin equipo, ahí estaba la gente venciendo a la confusión y al miedo con sus propias manos.

No importaban si eran toneladas, no importaba lo pesado y peligroso, ahí estaban los mexicanos ayudándose los unos a los otros. No hacía falta saber si era hombre o mujer, tampoco su edad o quién era. Todos estaban ahí por una sola convicción que era la de ayudar.

Los minutos pasaron, y poco a poco todo el país comenzó asimilar la magnitud del terremoto. Cada vez más manos se hicieron presentes, no importaba de dónde o cómo, todos buscaron una manera de colaborar.

Salieron los “millennials”, se repetía en las calles y los medios, ahí estaban todos esos jóvenes, la generación olvidada, a la que le dicen desinteresada y que hace activismo de sillón. Ninguna convocatoria apareció, pero ahí estaban ellos queriendo ayudar.

Se ha cumplido ya una semana desde entonces, hoy la sociedad está más unida que nunca, incluso se ha ejercido una buena presión para que los políticos hagan lo que les corresponde, a pesar de que desde el primer día con un gran cinismo y escudándose bajo la ley se negaban regresar ingresos en pro de los damnificados.

Hoy nos dicen que debemos regresar a la normalidad, que no debemos dejar de apoyar pero que el país debe volver a sus actividades habituales.

¿Pero en verdad nos conviene regresar a la normalidad? No hablo de que el mexicano no regrese a la escuela o al trabajo, sino de que no podemos permitir seguir simulando que nada ha pasado.

Hay que aprovechar nuestro momento histórico, y no seguir tolerando que México sea en país con mayor impunidad a nivel Latinoamérica, y cuarto a nivel mundial según los índices presentados hace un mes por la Universidad de las Américas de Puebla.

O que estemos en el número 147 de 180 países en los que menor libertad de prensa tiene, según el ranking de “Periodistas sin fronteras”. Y que diario un reportero en nuestro país sufre una agresión.

Javier Valdéz

Que a diario cuatro mujeres sufran alguna clase de violencia en el país, y que mientras el gobierno federal se gasta 32 millones de pesos diarios en viáticos, y 34 mil millones de pesos en medios de comunicación.

Hoy son más 330 vidas que el sismo le arrebató a cientos de familias mexicanas. Pero que son más de 3 mil inmuebles que sufrieron daños y que son inhabitables, pero que el gobierno quiere compensar con 3 mil pesos diarios para rentas.

Y los partidos políticos y los diputados le dieron la espalda a los mexicanos desde el primer día, pero los mismos que hoy se aprovechan de esa presión social con fines políticos.

Volver a la normalidad que manteníamos previo al sismo puede ser perjudicial para nosotros mismos. Hay que aprovechar nuestro momento histórico y hacer lo que nos corresponde.

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Periodista independiente, graduado de la Maestría de Periodismo Político, en La Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha trabajado como reportero y editor web, en medios como: Revista Variopinto, y Revolución 3.0.

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