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Apuntes de un centinela: La primera vez de Andrés

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Al fin se le hizo a Andrés Manuel López Obrador y a sus seguidores jurar como presidente constitucional de México.

El sábado 1 de diciembre de 2018 no solo quedará marcado como la fecha en que un país vivió una transición jamás vista en la historia de la democracia moderna. Más allá del acto protocolario en el Palacio Legislativo de San Lázaro y la desapercibida actuación del ahora expresidente Enrique Peña Nieto, el nuevo mandatario dejó ver que sigue siendo la oposición de todo lo que salió mal en sus 12 años de lucha.

Y también demostró una oratoria envidiable que ya quisieran tener todos los sacerdotes al oficiar una misa, por ejemplo. Miren que mantener la atención de un pueblo por dos horas en la plancha del Zócalo no lo había hecho cualquiera. Aún más, él mismo: sin tomar agua, ir al baño ni “que le temblaran las piernas”. Es de reconocer su interacción emocional con los representantes de los Pueblos Indígenas que le ofrecieron el Bastón de Mando y hasta una limpia.

Yo, sinceramente, le deseo lo mejor al presidente. Coincido que si le va bien a él nos va bien a todos como país.

Nos dieron el avión

No les hablo de la venta del avión presidencial que muere lentamente exiliado en Estados Unidos; me refiero a que se cancela la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), que ya empieza a salir más caro de lo que implicaría haberlo dejado vivo, pues nos hubiéramos ahorrado hasta la primera consulta ciudadana.

En voz de alguien que está trabajando en la obra del Lago de Texcoco, les comento que no se puede detener la construcción porque, en primera, no hay un papel que determine el fin de este proyecto. Por esta razón, la gente que participa ahí continuará con la edificación hasta el grado en el que ya no se pueda detener y se deba llevar a cabo sí o sí.

De esta manera, se demuestra que ser presidente no es garantía de hacer siempre lo que se dicta. Todavía peor: por ahorrarse 100 millones de pesos, se podrían terminar pagando 6 mil millones de dólares por bonos, multas, juicios y derivados por no cumplir con los contratos establecidos. ¿Seguiremos sometiendo a consulta las grandes decisiones de México?

¡Súper no!

La necedad de tener intermediarios entre el gobierno de México y los estados parece no detenerse. Me refiero a la figura de los “superdelegados”, quienes -hasta ahora- no participarán en las mesas de seguridad.

Aún falta ver qué otros privilegios les van a quitar porque, en una de esas, ellos se pueden posicionar como candidatos a gobernadores de la entidad que administren. Y es que la gente los verá como los buenos de la historia, por ejemplo, Delfina Gómez en el Estado de México.

A ver qué tal nos va en los primeros 100 días de gobierno, tiempo en que dicen los que saben, se dará cuenta el pueblo cómo le va a ir los próximos seis años… o 12.

Apuntes de un Centinela: Venga a nosotros tu reino, Cuarta Transformación

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Reportero, redactor, editor y periodista que ha escrito sobre política, negocios, tecnología, empresas, automotriz, cámaras de comercio y aseguradoras. Trabajé en MILENIO Diario. Ex Editor Web de Notimex. Fui colaborador en marcomares.com.mx (Fortuna y Poder), co-fundador de ContraRéplica Diario.

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