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Apuntes de un Centinela: #NoMeCuidanMeViolan: Un grito de mujeres que quieren justicia

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El viernes, la Ciudad de México vivió una marcha trascendental porque millones de mujeres tienen miedo de salir a la calle. Están hartas de que las acosen, las miren lascivamente o intenten secuestrarlas, para después violarlas, matarlas y abandonarlas en un río a kilómetros de casa. Es una realidad que el gobierno no quiere ver, porque no sabe cómo resolver.

Lo peor, la manifestación se desvirtuó y la prensa nacional, en su mayoría, se enfocó en los daños al Ángel, a la destrucción de cristales en la estación de policía de la calle de Florencia y a la estación del Metrobús Insurgentes. Algunas altas líneas editoriales creyeron que eso daba para ser “la de ocho” en sus medios. Pero no, una vez más minimizaron un problema social tan grave que se volvió un concepto: el feminicidio.

Ahora resulta que nos importan muchísimo los daños materiales, los cristales rotos que pueden reponerse, al igual que las pintas con graffiti al Ángel. ¿En serio nos preocupamos más por lo material? El Ángel se cayó con un terremoto en 1957, lo volvieron a colocar… y ahí sigue.

En cambio, las mujeres asesinadas no vuelven. Las mujeres violadas, violentadas o acosadas no son las mismas después de vivir algo así. Quieren quedarse en casa porque (al parecer) así no corren el peligro de la calle, sin tomar taxis privados en los que choferes les den agua con droga para secuestrarlas, violarlas y matarlas. ¡Ya basta de normalizar la violencia de género!

La prensa internacional sí le dio a la marcha el peso que debía con encabezados que demostraron la esencia de la lucha, y que en México nadie nos protege cuando es su deber (a hombres y mujeres) y peor aún, nadie imparte justicia. En todo el país, 10 mujeres al día desaparecen o son asesinadas, en un contexto en el que la policía o la Guardia Nacional no son -ni serán jamás- aliadas.

Mientras toda la manifestación sucedía, el pueblo mexicano se dividía en una apatía triste en redes sociales, pero que forma parte de la realidad que somos. “No son las formas”, decían quienes gritan o golpean a sus parejas en casa o en la calle, casos que muchas veces desconocemos porque las mujeres callan por miedo.

Evidentemente la prensa tiene la obligación de crear protocolos con perspectiva de género en cuestión de cobertura de marchas, incluido que se capacite a las y los reporteros, editores y hasta directivos respecto a esta temática.

La marcha del pasado viernes fue por el hartazgo de las mujeres, a quienes la sociedad (o los hombres) no brinda algo esencial que no deberían de pedir: respeto.

¿Y qué hizo el gobierno de la CDMX? Al menos la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, no salió con su «no caeremos en provocaciones», pero en un comunicado indicó que los manifestantes “están buscando” que el gobierno capitalino utilice la fuerza pública. De todos modos, el gobierno de Sheinbaum reprimió la protesta -a su manera- y, en una de esas, hasta buscó criminalizar a quienes exigieron justicia.

Mientras tanto, las mujeres no dejan de luchar.

Columna Rota: Huérfanos, el daño colateral de la violencia feminicida

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Soy un periodista que ha escrito sobre política y negocios. Trabajé en MILENIO Diario, Notimex y colaboré en marcomares.com.mx (Fortuna y Poder). También soy co-fundador de ContraRéplica Diario y fundé Cuestione con otros colegas.

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