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Julian Assange, la cortina de humo

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La sorpresa con la que empezó esta década probablemente la dio Andrés Manuel López Obrador en la mañanera del pasado lunes. Querer darle asilo a Julian Assange, fundador de WikiLeaks es éticamente correcto por la labor desempeñada por el periodista y por la red de información que expuso desde hace años.

De hacerse realidad el asilo político de Assange en México, la relación bilateral con Estados Unidos empezaría demasiado lastimada con la próxima llegada de Joe Biden como presidente allá. Julian es una persona non grata para EU como lo fue Edward Snowden, asilado en Rusia.

Qué bueno que reconoció el trabajo del fundador de WikiLeaks, pero antes de ver hacia afuera sería prudente voltear a analizar cómo trata a la prensa en México. Quienes lo critican, cuestionan y evidencian su trabajo son los más atacados por López Obrador. No se nos olvide tampoco que los diputados de Morena desaparecieron el fideicomiso de protección a activistas y periodistas.

Pero López Obrador defiende a sus allegados, a sus youtubers y empleados en los medios de comunicación que lo alaban, enaltecen y luchan por la causa de la Cuarta Transformación. Podría escribir los nombres, pero ellos saben quiénes son. Y todo auspiciado por el que alguna vez fuera el canal cultural en México, el Once, del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano.

Este SPR empieza a ser una trinchera para dividir a la sociedad de cómo se está informando. Los medios públicos —de esos que el PRI manejaba a su gusto— vuelven a ser los voceros del gobierno informando “lo que el presidente quiere que sepas” y no “lo que debes saber”.

Periodismo sin concesiones

Tanto acusan a los medios privados de “manipular” la información (sin comprobarlo) que ellos también recurren a obligar a la gente a seguir una línea editorial lopezobradorista. Y si les dices algo, acuden a la falacia, al ataque del emisor para que se nos olvide el mensaje, cuestionarlos y que crean que tienen la razón.

Eso lo pudimos ver claramente con los recientes ataques a Víctor Trujillo “Brozo”, con conductores que ganan hasta nueve veces más que un periodista promedio, con más carga de trabajo y a veces sin incentivos ni prestaciones. (Sí, una falacia como respuesta, como ellos).

Súmele que México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo; López Obrador ignora a los 38 periodistas que han sido asesinados durante su gobierno. Y que se vive —insisto— bajo el yugo de prejuicios y calificativos contra la prensa por parte del presidente.

Por eso, darle asilo a Julian Assange sin mirar cómo estamos en el periodismo mexicano, es una de las ideas más absurdas con las que la Cuarta Transformación inicia 2021.

Ojalá algún día entiendan que la libertad de prensa y la libertad de expresión nunca pueden ser objeto de juicio.

No recordábamos que… en 2017 el gobierno mexicano fue exhibido por organizaciones civiles que lo acusan de haber espiado a periodistas y activistas a través de un programa llamado Pegasus. Qué coincidencia con lo del fundador de WikiLeaks.

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Soy un periodista que ha escrito sobre política y negocios. Trabajé en MILENIO Diario, Notimex y fundé Cuestione con otros colegas. Ahora soy reportero en El Heraldo de México.

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