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La casa de 38 mdp de Emilio Lozoya, exdirector de Pemex

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La lujosa residencia fue adquirida por Lozoya Austin días antes de ser nombrado director de Pemex y poco tiempo después de haber recibido supuestamente sobornos millonarios de Odebrecht

 

Tras una larga campaña electoral, donde fungió como Coordinador de Vinculación Internacional, Emilio Lozoya Austin recibía el “premio” de ser uno de los hombres más cercanos y leales al –en ese entonces– recién nombrado presidente Enrique Peña Nieto.

El primero de diciembre del 2012, Enrique, su amigo, colocó a Emilio frente a Petróleos Mexicanos (Pemex), la empresa productiva del Estado que tan sólo ese año había reportado ingresos por un billón 646 mil 912 millones 41 mil pesos.          

Sin embargo, Lozoya Austin aún no había tomado la dirección de Pemex y ya había iniciado un pacto que significaría formar parte de una de las redes de corrupción más grandes de los últimos años a nivel internacional: el caso Odebrecht.

EMILIO LOZOYA, EL PRIMER CAÍDO. FOTO: CUARTOSCURO

De enero a marzo de 2012, en plena contienda electoral, Emilio Lozoya se reunió con el entonces director de Odebrecht México, Luis Alberto de Meneses, quien presuntamente sobornó al futuro encargado de Pemex por 4 millones de dólares.

Los sobornos fueron, primero, por ayudarles a asentarse en Veracruz, donde tienen su principal planta; y segundo, a cambio de prometerle futuros contratos gubernamentales ante la evidente victoria presidencial de Enrique Peña Nieto.

En ese contexto, 16 días antes de la toma de posesión de Peña Nieto, Lozoya Austin adquirió una lujosa casa por un precio de contado por 38 millones 175 mil pesos, según informó él mismo en su primera declaración patrimonial al llegar a Pemex.

Este lujoso inmueble de mil 165 metros cuadrados se encuentra en una zona exclusiva de la Ciudad de México: en el fraccionamiento de Lomas de Bezares, en la alcaldía Miguel Hidalgo.

LA CASA, LA PISTA. FOTO: ESPECIAL

Dicha casa es clave para las investigaciones del caso Odebrecht por dos temas clave: se compró presuntamente con dinero que la empresa brasileña le entregó a Lozoya como sobornos; además, en ella hubo reuniones donde se habrían pactado actos de corrupción.

De acuerdo con las investigaciones del caso citadas por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), se detectaron dos transferencias de cuentas de Odebrecht a México en vísperas de la toma de posesión de Peña Nieto.

A través de una triangulación, el dinero pasó de las cuentas bancarias de la constructora brasileña a una cuenta en Suiza, que presuntamente está ligada con la hermana de Emilio, Gilda Susana Lozoya Austín; luego, el monto llegó al bolsillo de María del Carmen Ampudia Cárdenas, a quien el exdirector de Pemex compró la lujosa casa.

EL DINERO, LA CASA Y LAS REUNIONES. FOTO: REPRODUCCIÓN

El dinero que se movió en dicha operación fue de 2.5 millones de francos suizos, casi 3 millones de dólares en el tipo de cambio de aquel entonces y coincidentemente equivalente a 38 millones de pesos, la cifra con la que Lozoya Austin adquirió el valioso inmueble.

Este monto, los casi 3 millones de dólares, forman parte del soborno de 4 millones de dólares que en un principio Odebrecht entregó como soborno a Emilio Lozoya.

No es casualidad que, además de las cuentas bancarias de Lozoya Austin, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) haya congelado las de la propia Gilda Susana, Marielle Helene Eckes –esposa de Emilio– y Ampudia Cárdenas.

LOS LOZOYA, IMPLICADOS. FOTO: REPRODUCCIÓN

En esta casa de 38 millones de pesos, Luis Alberto de Meneses –según sus propias palabras– se reunió con Lozoya cuando este ya era director de Pemex para acordar los otros 6 millones de dólares en sobornos que suman los 10 millones de dólares que Emilio recibió de Odebrecht.

También pactaron la entrega de contratos gubernamentales, principalmente sobre la refinería Miguel Hidalgo, en Tula, Hidalgo, donde Lozoya entregó contratos por miles de millones de pesos a Odebrecht.

En esta casa además se llevó acabo un cateo, el pasado 28 de mayo, por parte de la Fiscalía General de la República (FGR), con el fin de encontrar a Emilio Lozoya, luego de que se liberara una orden de aprehensión en su contra, un día después que la UIF de la SHCP congelara sus cuentas bancarias.

JAVIER COELLO TREJO Y EMILIO LOZOYA. FOTO: CUARTOSCURO

Lozoya Austin no fue encontrado, sigue prófugo y, pese a que su abogado Javier Coello Trejo asegura que se encuentra en México, la FGR solicitó una ficha roja a la Interpol para que Emilio sea buscado más allá de nuestras fronteras.

Este caso no es menor, pone sobre la mesa un caso de corrupción en el que muy difícilmente Lozoya haya concretado por sí solo, donde otros altos funcionarios del sexenio pasado estarían involucrados y el propio Emilio lo sabe.

Por ello, no es casualidad que Coello Trejo haya asegurado que pedirá la declaración de Luis Videgaray, Pedro Joaquín Coldwell e Ildefonso Guajardo, secretarios de Estado en la administración pasada e incluso la del propio expresidente Peña Nieto.

Los otros lujos de Lozoya que luego escondió

La declaración patrimonial de Emilio Lozoya no solo expone la casa de 38 millones de pesos, sino de otros lujos del exdirector de Pemex.

Por ejemplo, aparte de los 148 mil pesos mensuales que recibía como mandamás de la petrolera mexicana, Lozoya Austin recibía 390 mil pesos al mes “por actividad industrial o comercial” y 184 mil más “por actividad financiera”, es decir, cada mes ingresaban a sus bolsillos 722 mil pesos.

Reportó además un millón 250 mil dólares en obras de arte, entre las que destacan un cuadro de Pablo Picasso, uno más de Salvador Dali y cuatro de Luis Zarate.

LOZOYA Y LOS LUJOS. FOTO: GUILLERMO PEREA /CUARTOSCURO.COM

Lozoya Austin presumió una colección de relojes por 200 mil dólares, se trata de cinco marca Patek Philippe con un valor de 40 mil dólares cada uno.

Así como cuentas bancarias y fondos de inversión por 250 mil 626 dólares, un millón 615 mil euros y 5 mil 172 francos suizos.

Es imposible saber si Emilio Lozoya Austin se fue con una fortuna aun mayor al salir de Pemex –como lo hizo Peña Nieto–, pues en su última declaración patrimonial no aceptó hacer públicos sus bienes.

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