Revista Digital

Desearía que estuvieras aquí

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Tan acostumbrado estoy a tu ausencia

Que cuando le pido al destino que estés aquí

Lo hago sabiendo que no estarás.

 

Justificamos nuestro abandono

Cambiándole el verbo a nuestras oraciones.

Dejamos a un lado el “no quería” por el “no podía”.

 

Quitamos los signos de interrogación

Y en su lugar colocamos los de exclamación:

¡Debía de estar ahí!

 

Le pido mucho al destino.

El destino es el santo patrono de estos fervientes e insaciables creyentes del amor.

 

Quizá ese sea mi problema: pedirle al destino.

O peor aún, y ese es mi mayor miedo: que ese no sea mi destino.

 

Sí he aprendido algo es a no esperar nada de los demás

Incluso de ti.

Pese a ello sigo aquí

Porque me gusta pensar que volverás.

 

Sin embargo de algo estoy seguro

Ni el amor te salvará de tu propio destino.

 

De igual manera, la esperanza muere al último,

Por eso, entre las paredes de mi mente

Y el eco infinito que retumba en mí ser

Se escuchará constantemente: Desearía que estuvieras aquí. 

Cuántas veces

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Sólo soy un hombre de ninguna parte, de ningun lado, haciendo nada para nadie.

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