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Estás en mí

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Que días aquellos donde paso horas mirando la ventana, tratando de entender lo que pasa, lo que pasó y lo que pasará. Dejo de ver hacía abajo, ya no me importan las historias espontaneas que mi mente genera al ver cruzar a las personas enfrente de mi puerta al mundo, a mi mundo de infinitos universos y realidades paralelas que probablemente nunca pasen. Miro hacia el cielo e inevitablemente apareces tú.

Algunas veces creo que eres dueña de mí. Que habitas en mí. Que tu lugar favorito para esconderte es en mi cabeza, ahí haces y deshaces, apareces cuando menos lo espero, te vas cuando más te pienso y dejas un desorden que sólo tú puedes arreglar, pero que no pretendes hacerlo.

En ocasiones visitas mi estómago, das vueltas cuando te siento cerca, y generas un vacío inexplicable cuando sé que aún falta tiempo para verte de vuelta.

Constas en mi piel, la haces sudar cuando tus labios me tocan y cuando tus manos dibujan la silueta de nuestro encuentro.

Tu esencia queda en mis ojos, aquellos candiles, por ocasiones traicioneros, que te ven llegar, sufren al ser los primeros testigos de tu partida, te anhelan cuando no están y se deslumbran cuando decides quedarte.

Mis otros sentidos también son afectados por tus averías. Tu sabor a brisa de atardecer otoñal se muestra en mis labios, aquel irrepetible aroma a ciruelos inunda mi olfato, mis oídos suplican escuchar una vez más la melodía de tu voz, y tu piel, suave como lienzo indemne, cada noche visita mi ser.

Pero donde definitivamente siempre estás, es en el lado izquierdo de mi pecho, en aquella bomba llena de sangre que algunos señores de bata y poetas empedernidos llaman corazón. Ahí duermes la mitad del tiempo, más cuando no estás dormida haces de mi corazón una pista de baile, rocanroleando a niveles taquicárdicos de lo cerca que estás, y danzando cachete con cachete al son de un jazz con la duración exacta en que el planeta más lejano rodea nuestro sol, cuando te alejas.

Estás en muchas partes de mí, ya es muy tarde si te querías marchar, ahora nunca te irás.   

Esperando por ti

Días nublados

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Sólo soy un hombre de ninguna parte, de ningun lado, haciendo nada para nadie.

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