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Columna Rota: ¡Me quiero viva!, el caso de Greta

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Gracias porque vives, porque ayer me dejaste tocar tu luz más íntima y porque dijiste con tu voz y tus ojos lo que he esperado toda la vida.

                                                                                      -Frida Kahlo

 

Cuando conocí a Greta me llamó la atención su singular belleza: su cabello completamente blanco, sus pestañas y cejas entrecanas, su delgadez a simple vista que le hacía parecer una belleza especial.

Sin embargo, al escucharla hablar, al conocer a fondo su historia, supe el grave daño que ha sufrido, que esa extrema delgadez y esa belleza singular eran una de las muchas consecuencias que le han quedado luego de la enorme violencia que ha padecido en manos de quien se supone la amaba, su esposo y padre de su hijo, Hugo.

Después de muchos meses de saber de ella, finalmente el 14 de mayo de 2019, la vi en Mérida. El 15 de mayo nos reunimos con el fiscal de Yucatán, Wílberth Cetina Arjona; el padre Alejandro Solalinde Guerra; Ligia Teresita Canto, madre de Emma Gabriela Molina Canto (asesinada el 27 de marzo de 2017); Ana María Ancona, periodista de Mérida, otras mujeres sororas, y su servidora.

En dicha reunión el fiscal se comprometió a revisar el caso de Greta y ver la posibilidad de reclasificar el delito, cada una de las personas que estábamos ahí le dimos el beneficio de la duda. Hace más de dos semanas el fiscal, vía telefónica, me hizo saber que el caso de Greta solo podía ser clasificado como Violencia Intrafamiliar.

Greta ha acudido a cada rincón de Mérida a buscar justicia, solicitando en ese grito ahogado de: “¡Me quiero Viva! Ayuda”.

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Beatriz Zavala, titular de la Comisión de Atención a Víctimas, delegación Yucatán, se comprometió a ayudar a Greta, auxilio que no ha llegado, argumentando que no puede dar su registro como víctima debido a que un abogado particular ofreció ayuda sin cobrar un peso.

Luego del apoyo que Greta ha recibido por estás mujeres sororas, le otorgaron una patrulla que la custodiaba cuando salía de su casa, pero no es lo que ella, ni su hijo, requerían.

Otro fiscal, Cetina Arjona, se comprometió a cambiar la custodia por elementos vestidos de civil, en un auto que no vulnerara la integridad de Greta y su hijo de 10 años, pero esa ayuda nunca llegó.  

Hace no más de una semana Greta se ha quedado sin vigilancia de la patrulla que la “cuidaba”, desde entonces, Hugo se ha acercado nuevamente su casa, con el miedo de ser víctima de feminicidio en este rincón del país, Mérida, la blanca, la pacífica.

La historia de Greta, aún viva, es la que hoy compartimos, más allá de hacerte saber que se puede salir, es un grito de auxilio, un grito de responsabilidad, un llamado de atención a las autoridades de Yucatán, a las que desde Frida Guerrera y el padre Alejandro Solalinde responsabilizamos, mandos encabezados por el gobernador Mauricio Vila Dosal, el fiscal Cetina Arjona, Beatriz Zavala y cada una de las personas que alardean que buscan prevenir la violencia contra las mujeres.

Hacemos un llamado de sensibilidad a Nadine Gasman, titular de InMujeres, a Candelaria Ochoa, titular de CONAVIM. A cada una de las organizaciones que dicen defender mujeres a que ayuden a esta mujer que con palabras entrecortadas por el derrame cerebral que le ocasionaron. Pide “¡ME QUIERO VIVA!”.

Abrázala, no la dejes sola, ayúdanos a que Greta no sea #UNAMÁS.

Sobre Greta

“Conocí a una mujer singular, especial desde el nombre, no conozco a otra Greta, nacida un 29 de febrero, por donde se le mirara era diferente, tenía un detector nato y desarrollado por las vivencias familiares, un detector de peligro ante  la violencia de todo tipo, ella se alejaba y por eso siendo niña salió de casa y jamás regresó, se puso a salvo con tan solo 14 años, se fue muy lejos, aunque difícil salió adelante, sin conocer a nadie en una ciudad conservadora, se prometió que ya se había rescatado de la violencia, ahora había que rescatarse del hambre y de los peligros que imponía, sola y sin estudios. Lo hizo, empezó viviendo en la calle durmiendo en la estación de camiones, alerta a que nadie se pasara de lanza, tuvo varios sustos pero nada la detuvo y cumplió.

A los 18 años ya era primera bailarina en un show internacional, a los 20 tenía ya su propia agencia de publicidad edecanes y modelos, no una, sino muchas familias, disfrutaba de la vida, del amor, logró tener casa propia, muchas amistades, varios autos, compartía y ayudaba siempre que le era posible, se hacía de carácter para afrontar a los o las empresarias que le contrataban, nada de servicios “extra” ni faltas de respeto a las modelos y edecanes, sé que le daba miedo, pero era más fuerte su convicción y se le enfrentó al mismísimo gobernador negándole que una de sus colaboradoras se prestara para sus caprichos cachondos, sabiendo que podría perderlo todo, le iba muy bien, viajaba mucho, siempre se sintió orgullosamente diferente, estrambótica, estrafalaria, amaba leer y aprender todo lo que no entendía, recuerdo que decía, no soy súper inteligente pero sí muy valiente.

Tuvo una relación estable durante años, un gran tipo, todos lo conocimos, pero vivía en otra ciudad, y aunque cada fin de semana viajaban para verse, llegó el momento de decidir, formalizar, él no estaba dispuesto a mudarse, tampoco ella, ambos querían cumplir sus metas profesionales y terminaron.

Claro, hubo sus altibajos en el trabajo, pero los sorteaba bien, su pasión era la música, el baile y el ejercicio, llegaba a ser odiosa aconsejando sobre alimentación, hacer ejercicio y tomar agua, neta a veces tenían que decirle ya, ya me dijiste, pero seguía, regalando jugos e invitando siempre a hacer ejercicio, queriendo cambiar la alimentación de todas sus familias y amistades.

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Pasó un buen tiempo para que saliera con alguien más, disfrutaba de estar soltera y siempre se mantuvo en querer adoptar y no todos los prospectos que ella elegía o que la elegían aceptaban la adopción, querían hijos propios.

Se dio la oportunidad de salir y conocer a un caballero, su forma de expresarse al hablar, o la amabas o la odiabas, nada de diminutivos, a cada cosa nombrarla de manera correcta y las personas por su nombre.

Como en el caso de este pretendiente, se dirigía a él como caballero, no era desconfiada, era cuidadosa, no daba información innecesaria y jamás daba su dirección hasta asegurarse de conocer a las personas.

Y así, entre 2004 y 2005 fue conociendo al caballero, yo le aconsejaba “mujer déjate llevar, vive el amor como venga”, pero me dijo, “no tengo prisa”.

Ella quería comprobar cómo trataba a la gente, a su familia, si cumplía en su trabajo, y sobre todo se tratarían como iguales, porque decía y afirmaba que hombres y mujeres son iguales, hay asesinas seriales, científicas, infieles, madres terribles, así los hombres, hay de todo. Igualdad (tuvo problemas y perdió algunos compañeros por pensar así).

Greta

Y su manía de que, si decidía unirse con alguien, fuera sano de mente y cuerpo, sí, la alimentación mental y corporal eran una manía, sana, pero manía que no cualquiera puede y quiere mantener.

El caballero y Greta se enamoraron, en 2006 me dijo: “me casó y me mudó con el caballero”, me sorprendió, pero la vi feliz.

Me quedé desconcertada porque nunca conocí al caballero, ni yo ni nadie, cerró su negocio cuando ya estaba consolidada y con una buena cartera y gran reputación.

Sus familias y todas las amistades, la gente que colaboraba con ella, dejamos de verla, los contactos eran esporádicos, solo vía mensaje.

Le perdí la pista, ya no supe de ella, “¿qué habrá sido de Greta?”, comentábamos. Supimos que se embarazó, pero no la vimos, ha de estar muy feliz, dedicada al bebé y a su esposo. Y sí, se dedicó a criar a su hijo y a seguir trabajando, puso otro negocio, pero nunca me permitió visitarla, estaba muy ocupada, tampoco supe donde vivía, Greta se convirtió en un buen recuerdo.

Mi gran amiga, mi persona favorita, de cariño le decimos Lury.

Lury, Greta, hoy están todavía ocultas, irreconocibles para propios y extraños”.

Hoy mi nombre es damnificada, sé que estoy viva, pero mi esencia esta por ahora destruida.

El caballero no existió, él hizo un plan, yo lo llamo el plan perfecto. Me eligió, me estudió, me enamoré, y aseguró que no a lo pendejo, me enamoré con cabeza y sentimiento con inteligencia y confianza, crecimos, seguí haciendo negocios muy productivos, lo salve del cáncer y lo volvería hacer, ¿acaso no es eso el amor? Confié plena y absolutamente en todo y para todo, sigo sintiendo y pensando que es lo hermoso y del amor, confiar, no vi maldad, no la vi, porque estaba perfectamente oculta, gota a gota, el maltrato encubierto fue despojándome de mi dinero, mi personalidad, mis triunfos, pensamientos, ideas, convicciones.

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La visión de Greta

“Preciosa, eres todo para mí, no veo la vida sin ti, yo te cuidaré”. “Estas amistades no te convienen, solo te buscan cuando necesitan dinero”. “Eres muy inteligente y por eso tu familia te tiene envidia porque saliste de toda esa vida toxica, aléjate de ellos es lo mejor”. “No soporto que abusen de tu bondad, yo guardaré el dinero, así no tendrás que verte comprometida”. “Te admiro tanto, sin ti yo estaría muerto, me has cuidado tanto, sin ti no hubiese acudido al doctor, y ahora con nuestro hijo, eres una gran mamá, yo te cuido y tú me cuidas”. “Licencia de conducir, credencial de elector, tarjetas, todo documento, yo lo resguardo y cuando lo requieras me lo pides”.

Nos veíamos tan poco, solo por las noches, que esos minutos, eran de amor y ser útiles, prácticos y protectores, su cáncer fue un arma que usó y abusó, el mundo se redujo a la familia de él, que en verdad era mi familia, yo los cuidaba, los quería y ellos a mí, nuestro hijo y yo vivíamos prácticamente solos y lo veíamos 25 minutos al día y algunos domingos.

Mi rutina, de casa a la escuela, al trabajo, regreso a casa, estudiar y criar a nuestro hijo, e ir a mi segunda casa, el gimnasio, todo con su autorización, porque me cuidaba, no tenía un solo amigo o amiga,  salía con su permiso a manifestaciones, a protestar en contra de la homofobia, de la injusticia, de la violencia contra la mujer y me hizo ver que era peligroso, y sí, le creí, tampoco salía con él,  nunca en 16 años salimos de vacaciones, nunca nos casamos, solo íbamos a casa de su familia.

Normalice todo, el aislamiento, el control económico, emocional, patrimonial. Un día salí con los súper amigos del gym, dijo: “claro, sal, diviértete”, la pasé bien, eran extremos, no comen ni beben, pasados de sanos, primera y última vez, se enfermó esa noche, el niño también y yo de fiesta, así de situaciones increíbles me llené de vergüenza y culpas.

“Te amo tanto, no ves todo lo que hago por ti, como los cuido, como me mato trabajando, lo que tú das se está ahorrando para nuestro hijo, eres injusta, egoísta, pero te amo y te perdono”.

No sé el momento, pero me volví perfecta, le etiquetaba su comida, le preparaba su ropa, le complacía hasta el punto de humillarme en la intimidad y en la vida diaria, para conseguir su aprobación, trabajaba, vendía, inventaba, diseñaba y se lo entregaba para que estuviera contento, su trabajo era horrible y hacia lo que fuera para compensar o al menos intentar hacer su carga menos fuerte.

En tres ocasiones desperté asfixiándome porque él me tenía sostenida del cuello, al soltarme y alcanzar a tomar el primer respiro, le pregunté que le pasaba, porque me ahorcaba, él, aparentemente dormido, me dijo “como crees, chiquita, estabas soñando”.

Empezaron a llamarme del banco por deudas enormes, me informaron que me habían embargado una casa de la playa. No puede ser, es un error, y aunque no entendía lo di por cierto, ya no había dinero que alcanzará, nuestro único hijo siempre en escuela de gobierno, yo jamás visite un salón de belleza, tengo la misma ropa de hace 10 años, todo lo que ganaba se lo daba y hacia mejoras a la casa. No podía entender porque había deudas, si lo más lujoso era ir al cine.

Algo pasó el trataba de protegerme, pero platiqué, le animé, “cuéntame, amor, ¿qué pasa?, podemos solucionarlo, si la regaste o lo que sea, vamos a arreglarlo”, allí dejó de ser sutil y empezó a decir: “Estás loca, todo lo imaginas, yo te amo tanto y tú dudas de mí, nadie te va querer, eres bonita, eres fea, eres inteligente la mejor, eres una inútil, estás loca, estás loca”.

Me pesaba a diario, si pesaba más de 51kg, hacia un sonido de cochino y se burlaba, si pesaba menos de 50 kg, eres una calaca, das asco.

Él era mi único amigo, amante y confidente, él decía la verdad, le tenía miedo y amor, ya solo le cuestionaba cuando no podía cubrir lo elemental del niño, zapatos, un pantalón, allí empezó la violencia física, lanzaba cosas, gritaba, amenazaba con lastimar al nuestro hijo, “¡es tu culpa tú me pones así!”, decía, yo no tenía punto de referencia, era mi culpa, él lo sostenía, era automáticamente cierto.

Me pedía modelar como muerta, si, en posiciones específicas, en cajas que parecían féretros, me sentaban en diferentes poses, tomaba muchas fotos, te ves tan bonita, esa aceptación no me dejaba ver lo macabro y enfermo.

Me colgaba hasta casi desmayarme y varias veces perdí el conocimiento, yo obedecía, no protestaba ni cuestionaba. La dinámica era un día de gran amor y atención por cinco días de humillación y culpa.

“Hazlo por tu hijo, para que el no sufra”, por supuesto que no dudaba en acceder a sus peticiones, ese ya era el año 13 de vivir juntos, yo ya no existía, pesaba 40 kilos, en dos años mi cabello pestañas y cejas se tornaron completamente blancas, la piel me arde, siento que estoy quemada, a veces ni el rose de la ropa soporto, fui con varios doctores y no encontraron explicación.

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Él tenía razón, yo no valía nada, solo él me podría querer. Yo provocaba sus enojos, su desdicha, y si algo le pasaba a mi hijo, iba ser culpa mía. Sobrevivía para complacerlo, pero ya no había respuestas correctas, lo que dijera o no dijera, lo que hiciera o no hiciera era motivo de furia.

La noche del 12 de marzo del 2018, sin hablar, sin razón, el acostado yo sentada en nuestra cama, me pateó en el pecho lanzándome al piso, me lanzó una y otra vez alzándome como un papel contra el piso, me golpeó el rostro y un ojo con mi teléfono celular, destruyó una puerta de una manera que jamás podré olvidar, gritaba “vengó de trabajar como un loco para vivir con otra loca, déjame dormir”.

A las 36 horas deje de hablar, la contusión provocó un micro infarto, induciendo un ictus, perdí la capacidad de hablar, los episodios de violencia física y mental fueron incrementando, en todos decía que iba acabar conmigo, que necesitaba matarme, verme muerta, el rostro le cambiaba, empecé a paralizarme podía verlo sentir los golpes escuchar pero no podía moverme.

Hoy confieso sin vergüenza ni culpa, que mientras estaba paralizada, suplicaba me matara de una vez, ya no podía ver de un ojo y del otro apenas veía sombras, no hablaba, ya no distinguía la realidad, era un despojo. “Acaba conmigo”, quería gritarle, pero ni eso podía.

Pedí ayuda por medio de mensajes, nadie me ayudó, nuestro hijo tenía miedo y no dijo nada, traté de escapar en tres ocasiones, “Qué clase de estúpida eres, no puedes irte, porque no existes, eres mía”, vociferaba y se encargó de que entendiera lo que pasaría a nuestro hijo si yo escapaba:

Lo metió en una cajuela llevándolo a toda velocidad en periférico, lo desmayó con una máquina de las que usan un líquido para el rayo láser, lo metió a la piscina donde labora, con una cantidad extra de cloro, el niño empezó ahogarse por el olor.

No lo intenté más, pero para asegurarse, me encerraba en un cuarto previamente construido, invisible, me mantenía medicada, me violaba y después me decía mátate, me daba lo necesario para ejecutarlo, “mátate, porque no me gusta verte triste”, y esto se va a poner peor.

“Te amo tanto, ya no quiero verte triste, mátate”. “Todo lo has inventado, yo jamás te he hecho daño, estás loca”. En ese momento parecía cierto.

El 27 de septiembre del 2018, con mucho amor y con gran sinceridad como en pasadas ocasiones, me dijo “voy a cambiar, el trabajo me trastorna, no sabes el daño que me hace mi jefe, pero ya no más, por eso te quiero prometer y quiero que lo grabes, que voy a cambiar y por la vida de mis padres esta vez, si cumpliré”.

Yo ya empezaba hablar, desconcertada y animada, accedí y empecé a grabarle, realmente el discurso era convincente, antes de los dos minutos hizo una finta, me lanzó un golpe, se abalanzó contra mí, me torció el cuerpo, destruyó el teléfono, lo aventó, me dio rodillazos en el estómago, y dijo: “soy el demonio de tu cabeza, tu no existes”.

Paralizada, me llevó como un maniquí hacia la cocina, en el trayecto vi a mi hijo en la escalera como un descarga eléctrica recobre la fuerza, me resistí a mas no poder, pero logró meterme a la cocina, tomó un cuchillo, lo puso en mi garganta y me dijo “escoge, pendeja, quieres ver como lo mato a él, luego a ti y luego me mato yo, y que todo valga madres pinche loca”, logré quitarle el cuchillo, cogió otro, no me vas a detener, se lo puso en un costado para enterrárselo pero no lo hizo, “No cabrona, vas tu primero”, se escuchó un ruido, era nuestro hijo y el crujir de las escaleras, me escabullí, empezó a gritar y aventar las sillas de herrería, por primera vez perdió la frialdad, la ira ya no estaba disfrazada, fui rápida y él muy pesado, no podía alcanzarme, ni subir, sus ojos de verdad eran terroríficos, empezó a entrar y salir de casa, llevando todo lo que pudo.

Por fin, después de cuatro intentos logré dejarlo afuera, destruyó la cerradura, vidrios, ya no podía entrar, no puedo decir cómo, pero apilé todos los muebles, no sé cómo pude lograrlo, la mesa es de piedra.

Me costó días y también a mi hijo digerir lo sucedido, yo seguía sintiendo que algo le había pasado, que necesitaba ayuda, ser rescatado, al mismo tiempo estaba horrorizada y en la conciencia de que quiere matarnos.

Denuncié el 4 de octubre del 2018 y tal como él dijo, nadie me creyó, escapé de un monstro, para entregarme a otro, el sistema, que me obliga a decir cosas que no quiero, hacer cosas que lastiman, me sometieron a pruebas humillantes y que volvían a poner en duda mi cordura, a preguntar lo mismo una y otra vez debilitándome y provocando crisis de llanto haciendo pasar a mi hijo por insanos y crueles interrogatorios y así llevo meses en búsqueda de justicia.

Greta

Hoy HUGO CARDOSO VILLASEÑOR es libre, no está detenido y es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

He aportado pruebas.

Sigue amenazándome, intimidándome, y me ha puesto tres demandas.

Sé que te surgirán dudas, al leer esto que habrá desatado, acaso descubrió algo, se droga, le habrá sido infiel ella, o viceversa, lo celaba.

Sí, yo me atormente, me atormenté meses, ¿por qué?, ¿qué hice?

Hoy sé que no existe un por qué, una razón, es una persona malvada sin sentimientos y disfruta ver sufrir y provocar daño sabe que no hay consecuencias para él, y hasta hoy no las hay.

Es un psicópata, manipulador, trastornado (no está loco, es extremadamente inteligente frío y calculador) no logró su objetivo, es violento, mentiroso compulsivo. Me despojo de mi misma.

No soy codependiente, no colaboré, fui víctima de un estafador, un terrorista mental, me estafo en todo sentido. No más vergüenza, no más culpa. Un responsable y dos víctimas.

MI NOMBRE ES GRETA, SÉ LO QUE SUCEDIÓ, ME CREO, ESTOY CUERDA Y ¡ME QUIERO VIVA!

No la dejen en manos de quien hoy, puede asesinarla. Yo te creo y sé que lo único que buscas es salvar a tu hijo y salvar tú vida. Greta sé quiere viva. ¿Y tú la quieres viva o prefieres lamentar su feminicidio?

                                                                                                                  junio 2019

 

Porque te quiero viva; Yo te creo. No juzgues, condenes o criminalices una relación así, salir con vida no es fácil y celebrar que lo están y sobretodo que compartan el cómo lo lograron es la base de esta parte de la columna rota.  

Así que ven cuéntanos tú historia, ¡viva!, ¡Aún puedes hacerlo!

@FridaGuerrera

fridaguerrera@gmail.com

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