Inmaculada o los placeres de la inocencia, referente erótico de México

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  Inmaculada, del latín ‘immaculātus’: que no tiene mancha.  

           —Real Academia Española

Inmaculada vestía de blanco y era solo una niña cuando tuvo su primer acercamiento con la sexualidad. Ella no estuvo directamente implicada, sino que la descubrió a través del oído cuando escuchó detrás de una puerta a dos adultos haciendo el amor.

El abandono a su primer amor y a su hogar son eventos que la marcan luego de tener sus primeras experiencias sexuales durante la niñez con Joaquina, su amiga de la infancia, en el cuarto donde jugaban con sus muñecas y, posteriormente, en el internado al que fue recluida y donde luego conocería a Victoria, con quien también experimenta sensaciones moralmente prohibidas apenas en la adolescencia.

Juan García Ponce, escritor nacido en Mérida, Yucatán en 1932 y fallecido en 2003, publica su obra en 1989 y construye en Inmaculada un personaje que tiene vaga o nula conciencia sobre la moral, un personaje cuya actitud se muestra obediente ante el deseo del otro, sin que esto signifique que ella quede relegada a segundo plano cuando de placer se trata.

La muchacha afirma su triunfo a través de la sumisión. El placer del otro siempre terminaba por convertirse en parte del suyo. Y eso la convierte en un personaje verosímil, una mujer fuerte, dueña de sí misma. Ella jamás dudó de lo que estaba haciendo. No necesitó contratos explícitos ni ataduras, lo único que siempre buscó fue rendirse al placer, sin importar las condiciones en las que se dieran las cosas.

“Eso era lo que ella había querido siempre, estar en un automóvil con alguien cuyo aspecto no le interesaba, cuyo nombre acababa de escuchar, que le resultaba un desconocido, tener la blusa abierta y un pecho fuera”.

Así se relacionó con Álvaro, hombre casado que no resistió probar los encantos de la joven, aunque ella no compartía pensamiento con él; mientras Álvaro seguía dentro de ella, Inmaculada únicamente podía imaginar quién sería el siguiente hombre (o mujer) que le haría compañía.

“Allí, desnuda, en las piernas de alguien que acababa de conocerle, tuvo por primera vez la disolvente sensación de ser mirada sin que su voluntad pareciese intervenir, de que la contemplaran como si no existiera y por eso la hiciesen existir más que nunca”.

La novela se nos presenta como un continuo cambio de escenarios y de todo tipo de personajes que se involucran sexualmente con la protagonista (desde vendedoras de ropa hasta médicos y oficinistas) sin que ella se vea agotada en cuestión de carne, pues en cada página el lector descubre cómo el cuerpo se somete al deseo, superando hasta al más primitivo y carnal.

Inmaculada jamás impone una regla a sus amantes, ella prefiere disfrutar y aprender de todos, eso sí, sin involucrarse sentimentalmente. Vive su sexualidad sin necesidad de ligarla a cuestiones del corazón. Por ello, pese a lo que implica, el final no decepciona.

Si bien es un tanto previsible y con tintes rosas, no tiene nada que ver con aquellas historias modernas que pretenden construir un mundo donde reina el sadomasoquismo y cuyo éxito radica en todo, menos en la entrega de una novela verosímil. Que conste que digo verosímil y no verdadera.

No, no es una novela pornográfica, sino de lo más erótica, pues es cuidadosamente descriptiva de cada detalle en la apariencia de los cuerpos, más que de los actos que éstos llevan a cabo. Aquí, la mujer es motivo de contemplación, pero no se le considera un objeto, porque ésta tiene un papel activo en cuanto a su elección de quién la contempla. En pocas palabras, la mujer está con quien quiere el tiempo que quiere, haciendo lo que ambos desean.

Inmaculada o los placeres de la inocencia es una novela que se desarrolla en la Ciudad de México. Tal vez sea ese el motivo por el que se esconde en las librerías, se imprime poco y, por lo tanto, se conoce casi nada. La verdad es que la novela “no encaja” en las historias moralinas ambientadas en lo que antes era el Distrito Federal.

La obra es un recorrido erótico que cuestiona lo moral y no solo eso, sino que lo transgrede a partir de un elemento que Inmaculada nunca pierde, a pesar de todo lo que vive: la inocencia.

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Redactora de a ratos, creativa de siempre. Ama las plumas de las aves y cree que con ellas se puede escribir una nueva historia cada vez. Le gustan los altos vuelos porque desde arriba la perspectiva es mejor para relatar el mundo.