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La visita estadounidense: El mismo reto para dos administraciones

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La visita estadounidense del pasado viernes es una clara muestra que la condición geográfica y política que nuestro país guarda con el vecino del norte es uno de los temas de máxima importancia dentro de los círculos políticos de Washington.

La comisión estadounidense que visitó México, encabezada por el secretario de Estado Michael Pompeo, tuvo como primer propósito garantizar el acercamiento y comunicación con la actual administración del presidente Peña Nieto hasta el último día de su gestión. Las reuniones con los respectivos titulares de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, así como de la Secretaría de Relaciones Exteriores son prueba de ello.

A la actual administración aun le queda por delante hacer frente a dos grandes temas; la precaria situación de las familias de inmigrantes en territorio estadounidense (en un ambiente de deportación inminente) y el reinicio de las rondas negociadoras del potencialmente nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ambas asignaturas ejercerán constante presión al actual gobierno mexicano que aún no puede dejar de lado.

En segundo lugar, se busca sentar las bases a partir de las cuales se comenzará a dialogar con la siguiente administración, la de López Obrador. Los temas seguirán girando en torno a la inmigración, la seguridad fronteriza, (entendida como la seguridad de Estados Unidos) y el contencioso económico – comercial que ocupa a Canadá, Estados Unidos y México desde hace ya varios meses, pero más importante que lo anterior, se hizo la primera medición (no mediación) de las actitudes y acciones que el próximo gobierno mexicano estaría dispuesto a presentar, mantener o cambiar. De inicio se han dado señales.

La presentación de un proyecto de entendimiento al presidente Trump, (vía el secretario Pompeo) seguramente será el punto de partida del cual se originará y guiará el actuar del próximo gobierno mexicano a nivel internacional. Se ha dicho que tal documento incluiría el esbozo para la creación de condiciones con las cuales se buscaría inhibir la inmigración mexicana y además se incluirá en dicho esfuerzo la región de Centroamérica, un compromiso todavía mayor.

Lo anterior a despertado pleno interés en la clase política dirigente de los Estados Unidos, pues responde directamente a los intentos de evitar y contener los flujos de inmigración ilegal y más importante aún, forman parte de la política interna que el presidente estadounidense usa a nivel doméstico para guiar y mantener su gestión.

El plan seguramente será abordado en reuniones subsecuentes y de ser aceptado representará la primera gran responsabilidad internacional del nuevo gobierno, que tendrá que pronunciarse sobre la muy posible crisis de inmigración nicaragüense.

Para conocerse en persona

La reunión del secretario de Estado estadounidense con López Obrador es posiblemente más importante que la reunión que pudiesen sostener el próximo presidente de México y el actual presidente de Estados Unidos, si consideramos la carrera que el político estadounidense ha tenido.

Antiguo director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y con vasta experiencia en temas de inteligencia, manejo y recolección de datos, seguridad nacional y maniobras militares, además de una carrera política tanto en la cámara de representantes estatales, como al interior del Partido Republicano, el secretario Pompeo era (y posiblemente seguirá siendo) la persona indicada para el primer acercamiento.

Lo anterior cobra relevancia significativa, una vez que se ha dado a conocer que desde 2006, la CIA solicitó y recuperó datos del próximo presidente mexicano, y a los cuales seguramente el gobierno estadounidense tiene pleno acceso hoy día, para ser usados como pilar de construcción de relaciones bilaterales y como punto de referencia de posibles respuestas provenientes del gobierno mexicano. La reunión dio entonces la oportunidad perfecta para contrastar la información de manera cercana y personal.

Lo anterior da tema de sobra para reflexionar sobre la reunión y las posibles políticas que el nuevo gobierno mexicano pudiese aplicar o cambiar, considerando también que ha sido el propio López Obrador quien mencionó que el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) se organizará en una nueva institución.

Valdría la pena que su gobierno cimentara una dependencia que pudiese recuperar información para ser usada y aplicada en aras de otorgar un mayor rango de acción tanto a nivel interno como internacional. Se tiene una nueva oportunidad de cambiar la política de seguridad e inteligencia a favor del país y del Estado mexicano, pero al parecer no es prioridad. El tema da para reflexionar.

Política exterior, reflejo de la política interior

El actuar internacional estadounidense en buena medida ha sido condicionado por las necesidades políticas del presidente Trump. Los cambios bruscos en este aspecto deberán de ser considerados por el nuevo gobierno mexicano, aun cuando a priori, se ha comentado que las expectativas de la nueva relación bilateral se esperan afables y fructíferas.

Aunque pudiera ser apresurado adelantar el ánimo que se presentará a futuro entre Estados Unidos y México, se debe considerar que los futuros puntos de fricción tendrán los matices de inmigración, (posiblemente derivados del acuerdo de entendimiento recientemente propuesto) las renegociaciones económicas y comerciales, además de la cuestión de seguridad.

Se deberá entender que en la agenda internacional estadounidense también se encuentra China, (un asunto multidimensional que va desde lo comercial hasta lo tecnológico) la tensa relación con sus socios europeos, y la arquetípica relación de tensión y distensión con Rusia.

Foto: Reproducción

Lo anterior deberá considerarse seriamente para la construcción de una agenda de política exterior mexicana que le permita al nuevo gobierno un actuar internacional aceptable y acorde a lo previamente propuesto por ellos mismos.

Ya con anterioridad, López Obrador consideró que no había mejor política exterior que la misma política interna. Lo primero, podría aplicar muy bien para el caso mexicano, pero él y su futuro equipo diplomático deberá considerar que para el caso estadounidense (al menos durante la gestión Trump) funciona exactamente al revés, dada su condición política interna.

La reciente visita deberá servir entonces para diseñar una agenda internacional mexicana propia, sólida y que responda (e incluso se anticipe) a las acciones internacionales estadounidenses, considerando que el actual gobierno en Washington hizo ya su primera medición y respectivo cálculo del posible actuar del gobierno encabezado por López Obrador.

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