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Colosio

Lomas Taurinas: la normalidad del país

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Hace 27 años, en una colonia popular de Tijuana, Luis Donaldo Colosio perdería la contienda para ser presidente de México. Un magnicidio que conocemos.

Aquella tarde en Lomas Taurinas el país entró en un shock que hasta hoy parece interminable. Allá y en 1994, el PRI moriría junto a Colosio, el 23 de marzo, y con José Francisco Ruiz Massieu, exgobernador de Guerrero y secretario general del partido, asesinado en la Ciudad de México el 28 de septiembre.

Fue el año que el revolucionario institucional “se suicidó”. Teorías fueron y vinieron; que si el autor intelectual fue Salinas de Gortari o Ernesto Zedillo.

Pero esto no quedó en la muerte del priista más visionario en su historia. La violencia política no ha cesado en los procesos electorales, y el asesinato de Colosio fue el caso más impactante, porque tenía amplio futuro de haber llegado a la presidencia.

Lomas Taurinas se convirtió, entonces, en el escenario común de quienes aspiran a un puesto de elección popular. De acuerdo con el Indicador de Violencia Política en México 2021, realizado por Etellekt, en lo que va del proceso electoral han ocurrido 238 agresiones contra personas políticas, con un saldo de 218 víctimas de diversos delitos, de las cuales, 166 eran hombres y 52 mujeres.

De esas víctimas, 61 personas políticas fueron asesinadas (53 hombres, 8 mujeres) y 18 aspiraban a puestos de elección. Las cifras empeoran: En los primeros 195 días de este ciclo electoral, los atentados contra políticos y funcionarios sin militancia o aspiraciones, suman 139 víctimas mortales en 25 estados, con Veracruz como el más mortal.

Parece que la historia no tiene piedad: 13 pertenecían al PRI, 10 a Morena, nueve al PRD, ocho al PAN, seis al PVEM y cuatro a Movimiento Ciudadano; las 11 víctimas restantes pertenecían a otros partidos políticos nacionales y locales.

Elecciones 2021 o el desgaste de los partidos políticos

La campaña de Luis Donaldo Colosio solo duró 75 días, hasta el día que “La Culebra” de la Banda Machos, fue el soundtrack de su despedida política y espiritual. Irónicamente aquel 23 de marzo soltó una paloma blanca al lado de un niño.

Colosio siempre tuvo el espaldarazo de las organizaciones obreras, campesinas y los priistas que vieron en él una mejora para el partido. Aquel miércoles en Tijuana, el priista sostenía un discurso de sensibilidad a los reclamos y a las demandas de las comunidades, de barrios populares. “Sé de los retos que se enfrentan en estas colonias populares de Baja California y de Tijuana”, dijo con su gente.

El candidato no pedía más de lo que se necesitaba en una democracia: “Unidad, esfuerzo conjunto que con la suma de voluntades, no había obstáculo que no pudiera vencer”. Tenía razón al proyectar una economía que invirtiera más en la gente. Colosio nunca se sintió candidato del PRI; quería ser el candidato que los mexicanos necesitaban, a los que no escuchó su partido en décadas.

“Nosotros no le tememos a la competencia política, lo que sí rechazamos es la incompetencia política”, fueron las últimas palabras del discurso en Lomas Taurinas, el último acto que la vida le dio.

Semanas antes, el 6 de marzo en el Monumento a la Revolución, Colosio dio un mensaje que quizás, según otros expertos políticos, hizo que rompiera la relación con el expresidente Salinas de Gortari y el PRI:

“Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

Hoy, en un país tan alejado de 1994, esas palabras siguen válidas y dolorosas, y tan cercanas con el contexto actual.

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Soy un periodista que ha escrito sobre política y negocios. Trabajé en MILENIO Diario, Notimex y fundé Cuestione con otros colegas. Ahora soy reportero en El Heraldo de México.

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