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Los mitos del populismo de cara al escenario electoral de 2018

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En este año, 40 países sostendrán o ya sostuvieron elecciones para elegir mandatario, entre ellos el nuestro; por ello, y ante una infinidad de promesas de campaña, un factor que se ha convertido el objeto de discusión es la definición de populismo.

Se ha convertido en un adjetivo muy usado, en muchas veces como algo peyorativo, cada vez que algún político habla de apoyos a los sectores más desfavorecidos, y los pone en el centro de sus propuestas y plataformas electorales.

Por eso, cabe preguntarse: ¿qué es el populismo?

Distintos autores hablan de la imposibilidad de unificar el concepto, ofrecen algunos planteamientos observados en varios países, y con un enfoque principal en el discurso, propuestas y acciones implementadas por figuras políticas que han alcanzado un puesto en la administración pública, ya sea de derecha o de izquierda.

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Cas Mudde, un politólogo holandés enfocado en temas de populismo en Europa, y Cristóbal Kovira Kaltwasser, profesor de Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales en Chile, hacen un esfuerzo por definirlo, considerando que tiene distintas variables, aunque en términos generales apela a “la gente” y una denuncia de “la élite”.

Es una ideología centrada en thin-centered (centrada sobre mínimos) que considera a la sociedad como dos campos homogéneos, la ‘gente pura’, versus la ‘élite corrupta’, y el cual argumenta que la política debiera ser una expresión de la volonté generalé (voluntad general) del poder”.

El autor Cas Mudde, durante una presentación para exponer el populismo en el caso de Europa en 2015

Mudde y Kovira, lo definen con matices en dos regiones. En el contexto europeo se relaciona con discurso antiinmigración, y en América Latina se atañe a clientelismo y mala administración económica.

Mientras que el filósofo argentino-mexicano Horacio Cerutti Guldberg va más allá, aunque enfatiza que es polisémico y poco claro, incluso confuso.

“El populismo podría caracterizarse en política como el manipuleo de las masas en cuanto a intereses, anhelos, expectativas y necesidades, sin garantizar los canales efectivos para su gestión”.

El uso del término, por ejemplo, en Estados Unidos ha tenido dos escenarios. Por un lado, el expresidente Barack Obama en un discurso pronunciado el 30 de junio de 2016, en la Cumbre de Líderes de América Latina, frente al presidente Enrique Peña Nieto y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se calificó a sí mismo como un populista.

Barack Obama en la Cumbre de América Laina exponiendo por qué se considera populista. Foto: Reuters.

“El populismo tiene que ver con la protección del pequeño frente a los poderosos, garantizando las oportunidades educativas educativas independientemente de la riqueza y asegurando una justa sacudida para los trabajadores… Supongo que eso me convierte en un populista”, comentó el exmandatario en una presentación conjunta entre México, Estados Unidos y Canadá.

Este discurso fue pronunciado unos minutos después de que el presidente de México criticará a populismo y advirtiera tratar con cautela el fenómeno.

“Actores políticos, liderazgos políticos que asumen posiciones populistas y demagógicas, pretendiendo eliminar, o destruir lo que se ha construido, lo que ha tomado décadas construir, para revertir problema”, comentó Enrique Peña Nieto en este evento.

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En el mismo discurso Obama admite que el populismo estadunidense de finales del siglo XIX aludía a xenofobia, racismo y fanatismo religioso, con este antecedente, un año más tarde, en 2017, señaló como populista las propuestas y plataforma de Donald Trump, entonces aspirante a competir por la presidencia de este país.

La campaña de Donald Trump, según define la periodista Jeniffer Rubin de The Washington Post se identificó por hablarle a los “hombre y mujeres olvidados”, resaltando el discurso de que las élites se burlaban de ellos y preferían poner los intereses de los inmigrantes por encima de el de este sector. 

Campaña electoral de Donald Trump. Foto AP

Aunque, ya en el gobierno impulsó una reforma fiscal a favor del empresariado local. El cambio se generó para que la tasa de impuestos de grandes grupos en tecnología y farmacéuticas, en lugar de pagar una tasa de impuesto fijado en 35% por mantener sus ganancias en el extranjero pasará a 21%, con miras a lograr un mínimo del 10.5%.

Aunado a que su discurso se caracterizó, y sigue haciéndolo, con una carga en contra de los migrantes. Lanzó la propuesta de edificar un muro en la frontera que comparte con México para evitar el paso de esta población. Medida que reforzó con denegar la entrada de ciudadanos originarios de país con población musulmana como Siria, Libia, Irán, principalmente.

En el caso de Europa, el concepto de populismo se asocia a nacionalismo, nativismo y también a un discurso de apelación a las clases más desfavorecidas.

“Hubo una gran ola de optimismo después de las elecciones francesas [Emmanuel Macron], pero la verdad es que el problema definitivamente no se había ido”, destaca Federico Santini, analista político de Euroasia Group en Londres, en una consulta para Bloomberg.

“Italia es una llamada de atención porque el populismo está vivo”, añadió ante un contexto donde los dos partidos políticos del Movimiento Cinco Estrellas y Liga Norte, -o conocido por su discurso como Liga Antinmigrante- serán quienes elijan al próximo Primer Ministro. Los líderes de ambas corrientes, Luigio Di Magio y Mateo Salvini, respectivamente, han apelado a que la prioridad para el próximo gobierno será el tema migratorio, ofrecer ingresos a los más pobres y revertir la reforma a la ley de pensiones. 

 

Mateo Salvino del partido italiano Liga Norte, asociado al resurgimiento de populismo.

La ley de pensiones se reformó en 2011 luego de que Italia cayera en una severa deuda económica, siendo esta medida clave para afrontar el rescate financiero que se le otorgó, aunque muy impopular en la población, ya que se elevó la edad mínima para la jubilación a 67 años.

Cuestión que los partidos antes mencionados buscan echar atrás. Además, han planteado opciones como salirse de la zona euro, que se le condone la deuda y dejar atrás los compromisos para afrontar dicho compromiso económico.

Hungría es otro caso donde su representante del Poder Ejecutivo ha hecho señalamientos para atacar a los migrantes, y Estado que este año convocó a elecciones de su primer ministro, y en las cuales fue reelecto Viktor Orban.

El primer ministro reelecto se ha caracterizado por mantener un discurso en el que rechaza la llegada de migrantes a Hungría, refutando la cuota proporcional que ha fijado la Unión Europea a los países miembros, a los cuales califica como “invasores”.

Los investigadores Mudde y Kovira que en el caso de América Latina definen que el populismo puede ser usado por la izquierda o la derecha y se vincula a al fenómeno de clientelismo.

El clientelismo es un fenómeno en el que el gobierno en el poder o actores políticos realizan un intercambio con civiles a cambio de apoyo electoral. Este apoyo pueden ser bienes, servicios, concesiones o acceso a empleo, por citar algunos casos.

Éste puede ser ejercido por el gobierno en turno sin distinción de tendencia, de izquierda o de derecha. En la región comenzó a ver con el presidente de Perú Alberto Fujimori, un gobierno con tendencia al modelo neoliberal.

De forma específica después de la década de los noventas los líderes en la región usaron este modelo para mantener o ganar poder a través del triunfo en las elecciones.

Cabe destacar que, al hablar de populismo, según los autores, no es hablar de un modelo de izquierda únicamente como es la asociación cotidiana, ya que, explican este fenómeno y discurso puede suscitarse en cualquier tipo de gobierno.

Además, de que el concepto tiene un entendimiento distinto, dependiendo la región donde se aplica por lo que no puede equipararse un actor de América latina con uno de Estados Unidos o de Europa. Por ejemplo, cuando en este periodo electoral en la región se busca encontrar una figura similar a Donald Trump, argumentando que su campaña fue populista.

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