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Los peores enemigos de Star Wars son los fanáticos de la saga

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Recuerdo la emoción que sentí con la última escena de Batman Inicia, esa que nos muestra que veríamos una nueva propuesta del Guasón. La historia sobre lo que trajo el nuevo villano ya la conocemos, los cines estuvieron abarrotados durante semanas, pero no recuerdo que hubiera quejas de Spoilers en internet o redes sociales, además de que yo no padecí ese problema. Era 2008 y no usaba Facebook.

Esta semana, ahora que uso redes sociales me pasó con Star Wars, ya que mi poco saludable hábito de navegar horas y horas por el muro de mi Facebook, me llevó a que accidentalmente conociera un par de detalles importantes del recién estrenado Episodio VIII. Por fortuna, solo fueron “por encimita”, así que decidí aventurarme a verla inmediatamente después de la desagradable experiencia.

De hecho, sabíamos que la película no iba a ser precisamente impredecible, pero los avances y el título The Last Jedi hicieron atractivo ver el desarrollo de dos aspectos fundamentales de la historia: Luke entrenaría a la aguerrida Rey y Kylo Ren buscaría entablar una revancha con ella. Además, el puro nombre “Star Wars” ha garantizado la venta de taquilla, sin embargo, no ha tenido mucha suerte con la crítica.

El primer tache es que dan muchas vueltas para aterrizar en algo sencillo. Preparan el escenario como para algo emocionante, como cuando te dicen “te tengo una sorpresa” y esta nunca llega. Por si fuera poco, ocurre lo más lógico, pudiéndole restar como media hora de duración a la película.

El otro desacierto es que, a diferencia de la anterior, en la que se plantean de forma muy interesante dos ideologías rebeldes, muestran una disputa entre altos mandos, con exceso de virtudes como experiencia, serenidad y cautela, contra un rebelde tachado de impulsivo y poco prudente. Como ser testigo de la represión a un niño berrinchudo, a quien de cualquier forma se le da gusto, y además, se premia.

Finalmente, el último pero no menos importante error, a mi parecer, es el súper poder de Leia. Sin darle muchas vueltas, es una escena irrespetuosa hacia el personaje y la fallecida actriz.

Pese a dichos errores, en mi opinión, contraria a la de los fans y algunos críticos que la califican de aburrida, a mí me mantuvo interesado en la historia, a diferencia por ejemplo, del Episodio II, que una vez que se convierte en la luna de miel de Padme y Anakin perdí todo interés en la película.

En el Episodio VIII nos volvemos a encontrar con la sabiduría y consejos Jedi, que representan la parte “seria” de la historia; acompañada tanto de batallas entre naves rebeldes e imperiales en el espacio exterior; como por peleas cuerpo a cuerpo en tierra; sazonadas por los siempre oportunos chistecitos de los enternecedores androides y las criaturas extrañas que han sido emblema de cada película. Gracias a esto, para mí el balance es positivo, tomando en cuenta también que es la octava entrega de la saga “oficial”. Por ello, no dejo de preguntarme: además de los elementos mencionados, ¿se requiere de algo más para hacer una buena película de Star Wars? Definitivo, los némesis de las películas más valiosas de Lucasfilm, son aquellos que las llevaron a convertirse en una millonaria franquicia. ¡Ironía nivel Dios!

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