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El mito de la democracia en América Latina

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La democracia es el sistema de gobierno más reconocido, ya sea idealmente o circunstancialmente, ya que su principio básico es que la forma de gobierno, y a sus dirigentes, los elige la mayoría de los habitantes de delimitado territorio; pese a que esto se plantea como objetivo, esta forma de organización no está satisfaciendo por completo a una parte importante de los latinoamericanos.

En primera instancia, para definir la democracia, la Asamblea General de Naciones Unidas lo describe como: “un valor universal basado en la libertad libremente expresada del pueblo para determinar sus sistemas políticos, económicos, sociales, y culturales, y su plena participación en todos los aspectos de su vida”, de acuerdo a la resolución del 15 de septiembre del 2005, en el marco de la Cumbre Mundial.

En tanto, la organización no gubernamental, Corporación Latinobarómetro lanzó un estudio de opinión – con captación de opiniones de junio a agosto de 2017 con 20 mil 200 entrevistas, con un promedio de 1000 a 1200 aplicada en cada país- para saber el nivel de satisfacción con la democracia en 18 países de América Latina, en los cuales encontró una baja en su preferencia con sus sistemas políticos, con sus dirigentes y su percepción de los comicios electorales, y en sí, con la democracia misma.

En una relación regional, al preguntarle a los encuestados qué tan preferible es este el sistema democrático sobre otros; el porcentaje a favor fue del 53%, un punto porcentual menor al año 2016, y tres puntos abajo del periodo 2013-2015. Y cuya elección hacia éste ha venido a la baja desde el 2010.

Mientras que en una revisión por país, aquellos con el mayor crédito hacia la democracia son: Uruguay, con el 70%; Ecuador con el 69% de la preferencia; y Argentina con el 67%.

Y los que se sitúan con el menor nivel son: Honduras con el 34% -país que vivió un Golpe de Estado en 2009-; El Salvador con el 35%; Guatemala con el 36%; y México con 38%.

Cabe señalar la relación que han guardado los países hacia este sistema de preferencia política, desde que Latinobarómetro realiza este informe, dado a conocer prácticamente de forma anual, 1995, hasta el presente año, en cuya tabla podemos analizar qué países han disminuido o aumentado su predilección hacia éste.


Informe 2017, Corporación Latinobarómetro

Para el caso local, México ha mantenido variaciones mixtas, pero con reiteradas ocasiones en las que las preferencias hacia la democracia disminuyen, con un énfasis previo o posterior a las elecciones presidenciales.

Y 2017, es un año con el menor nivel desde el 2013, cuando el porcentaje se posicionó en 37%. En contraparte, el 2002 fue el año cuyo índice ha sido el más alto en la historia de esta medición, con un 63% de predilección hacia la democracia.

Al respecto de qué tan satisfechos se encuentran los latinoamericanos con este sistema, ya una vez aplicado en sus países; en los primeros sitios se encuentra Uruguay con el 57%, en segundo lugar está Nicaragua con el 52% y Ecuador con el 51%.

Brasil mostró un 13% al respecto; El Salvador un 15% y Perú con el 16%, siendo los Estados menos satisfechos con sus democracias locales.

En el caso mexicano, sólo el 18% de los encuestados se dijeron satisfechos. Y el promedio regional al respecto es del 30% de complacencia.

En relación a qué tanto apoyamos al gobierno encabezado por nuestros presidentes, las particularidades se mostraron de éste modo:

Nicaragua se posiciona en el primer lugar con el 67%; seguido de Ecuador con 66%; y Bolivia con el 57%.

Y los que menor apoyo sienten hacia el gobierno de sus presidentes actuales son: Brasil con sólo el 6%; El Salvador con el 17%; y México con el 20% de apoyo al presidente y gobierno a cargo.

Así han avanzado o retrocedido la inclinación a favor  hacia sus presidentes desde el año 2002 hasta el actual.

La medición comenzó en 2002, cuando en México el presidente en turno era Vicente Fox Quesada, en dicho año la aprobación a este personaje era del 47% y al finalizar su sexenio, ésta creció y se situó el 60%. Felipe Calderón Hinojosa comenzó con un 60% de las preferencias y ésta disminuyó un punto porcentual al acabar su mandato. Y Enrique Peña Nieto al 2013 tenía el 47% de la aprobación nacional, para colocarse con sólo el 20% en este 2017.

Los resultados sobre qué tan limpias son las elecciones nacionales/locales, y cómo califican la libertad o coacción hacia el voto, con la pregunta planteada “¿Vio a candidatos o personas de los partidos repartiendo regalos o favores en su barrio?”, se mostraron de ésta manera:

Los países que encabezaron el sí, destaca: República Dominicana con el 53% de respuestas a favor; Guatemala con el 52%, Perú con el 51% y México con el 48% de inclinación hacia esta respuesta.

En Costa Rica sólo el 8% de la población asintió; en Uruguay el porcentaje fue de 11%.

“Los gobiernos sufren la misma suerte, cada año los latinoamericanos los aprueban menos. Lo que hoy es el promedio antes era el mínimo. Lo normal ahora es el mínimo de antes”, señaló dicha ONG en su informe de 2017.

Al respecto, Corporación Latinobarómetro comenta que los resultados generales muestran declive, con una tendencia a disminución en el apoyo a los gobiernos locales y con deficiencias en aspectos claves de este sistema, como son los comicios para los representantes de todas las áreas gubernamentales.

“Es una democracia diabética que no alarma, con un lento y paulatino declive de múltiples indicadores, distintos según el país, y el momento”, abunda sobre el aspecto regional el documento de 2017 de ésta ONG.

A nivel mundial se impulsa este sistema a través de Naciones Unidas, quien hace un esfuerzo global, a través de enfatizar el aspecto de la libertad de elegir a nuestros gobiernos, siendo la democracia uno de los pilares de las metas como “Objetivos del Milenio”, y actualmente la Agenda 2030, cuya mira es a consolidarlo y cerrar las brechas del autoritarismo.

La dualidad de ello, es que en los países que ya se estableció la democracia no se han cumplido cabalmente las expectativas de los nacionales y notan año con año deficiencias y coacción en algunos aspectos claves. Aunque la meta, a través de ONG y organismos locales (continúa) es lograr mayor transparencia local para revertir esta tendencia.

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