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Moscú-Washington: Arquetípica relación de tensión distención

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Los respectivos gobiernos de Estados Unidos y Rusia han informado la suspensión del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), con el cual se pretendía controlar la fabricación y uso de cohetes de capacidad militar. El anuncio ha reanimado los temores de una carrera armamentista a escala global y de características nucleares entre las dos potencias. Los escenarios previstos como consecuencia del abandono de este acuerdo son múltiples y variados, no obstante, es necesario considerarlos a cada uno de ellos dentro de su justa dimensión, sin sobredimensionarlos o subestimarlos.

Carreras y acuerdos

El pasado viernes 1 de febrero, el gobierno estadounidense, a través de su secretario de Estado Michael Pompeo, anunció la suspensión de su participación en el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), argumentando que su contraparte rusa había incumplido con lo estipulado en el acuerdo, además, informó que daba un plazo de seis meses al gobierno de Moscú para retomarlo.

Un día después, el gobierno de Rusia respondería a través de su canciller Serguéi Lavrov y con el respaldo del presidente Vladimir Putin anunciando también su retiro.

En su momento el INF fue uno de los múltiples acuerdos que ayudaron a reglamentar y limitar las actividades de los Estados Unidos y de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en sus respectivas capacidades militares, específicamente aquellas relacionadas con el uso y fabricación de cohetes y sus cargas.

El acuerdo firmado en Washington en diciembre de 1987 fue la respuesta ante la instalación de bases con la infraestructura necesaria para efectuar los lanzamientos, comenzando en la península de Corea después de la guerra de 1950 – 1953, posteriormente con la instalación de cohetes estadounidenses en Turquía y la respuesta soviética en Cuba en 1962 – 1963.

El acuerdo INF tuvo como propósito acotar y ceñir el desarrollo tecnológico-militar de ambas potencias, la carrera armamentista nunca terminó y, por el contrario, ésta se pactó y aceptó de manera bilateral entre las dos potencias de aquella época. Fue el resultado también de la voluntad política que ambos gobiernos mostraron en relación con la aceptación de la necesidad del acuerdo y de la mediación de terceros, entre ellos los países de la Comunidad Económica Europea.

Con poco más de treinta años de distancia desde la firma, parece no haber un punto de acuerdo entre los dos Estados, ni tampoco voluntad política y mucho menos la posibilidad de que un tercero (en este caso la Unión Europea) pueda mediar.

La carrera armamentista seguramente continuará, ahora sin un acuerdo bilateral, pero hasta que no haya un emplazamiento real de armamento tanto de los Estados Unidos o Rusia (como los casos comentados de Corea, Turquía y Cuba) la falta de este acuerdo o de cualquier otro puede sobrellevarse, aunque con cautela.

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Es necesario considerar también que el entorno internacional, político, social, económico, tecnológico y científico que se vive hoy es muy distinto del que enmarcó la firma del tratado INF. Aun cuando es muy posible que este acuerdo haya llegado ya a su fin, los potenciales nuevos tratados deberán ser acordes con los entornos actuales, por lo que también es muy probable que este hecho siente el precedente con el que los vigentes desaparezcan o se redefinan.

No solo cohetes

Con la suspensión del INF, se comenzó a hablar del inicio de una nueva carrera armamentista relacionada con la fabricación y uso de cohetes. Como se comentó anteriormente, ésta nunca cedió, y siempre se llevó a cabo dentro de los parámetros que el propio acuerdo otorgaba. Ahora bien, es necesario considerar aquellos avances tecnológicos que poseen Estados Unidos y Rusia, que no fueron o no son considerados dentro de la llamada carrera armamentista prevista a iniciar con la ruptura del INF.

La bonanza económica, consecuencia de la exportación de gas y la estabilidad política entre 2004 y 2006, permitieron que de a poco el presupuesto militar ruso se incrementara y revitalizara, favoreciendo también la renovación de las bases militares dentro y fuera del país. La producción de municiones, pasando por tanques y aviones de manufactura rusa ha ido en aumento desde esa fecha y es común encontrar notas en los principales medios de comunicación rusos haciendo referencia de los nuevos avances de su industria militar.

La más reciente muestra de su capacidad fue vista en Venezuela durante diciembre del 2018, cuando dos aviones bombarderos (con capacidad de transportar armamento nuclear) aterrizaron a unos cuantos kilómetros de Caracas y anteriormente con la participación de otros aviones, armamentos y pertrechos de origen ruso en el conflicto en Siria, desde 2011 a la fecha y finalmente en Crimea desde el 2014.

Por otra parte, los Estados Unidos también han tenido un desarrollo militar importante más allá de los cohetes. Después del año 2001, la renovación militar estadounidense fue en aumento, desde uniformes y equipo para soldados hasta aviones, tanques, barcos y submarinos.

Los más recientes anuncios de renovación fueron hechos en septiembre de 2018 con la presentación de las mejoras al avión de combate F-35B, además de portaviones y un vehículo autónomo submarino. Los esfuerzos anteriormente descritos terminan de ser complementados por los avances en la robótica y la informática, la agencia DARPA para Estados Unidos y el proyecto FEDOR para Rusia.

Tomando en cuenta lo anterior es que podemos considerar que los temores de una nueva carrera armamentista consecuencia de la ruptura del INF parecen situarse un poco fuera de lugar. Es necesario considerar también la responsabilidad compartida que tienen Rusia y los Estados Unidos en su avance e igualmente podemos adelantar que la continuación de ésta misma puede desarrollarse dentro los parámetros que los propios acuerdos establezcan, pero la utilización y despliegue de dicha tecnología deberá de ser cautelosa y en muchos casos estrictamente necesaria.

Factores internos

Aunque no es claro hasta que grado las condiciones políticas y sociales internas de los Estados Unidos y Rusia influyeron en la decisión para la suspensión del INF, es previsible que estas hayan sido consideradas.

Dentro de los círculos políticos y sociales estadounidenses, la trama de injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 continúa muy vigente y el reciente arresto del ex asesor de campaña del presidente Trump, Roger Stone lo confirma.

En adición, las constantes tensiones entre el partido Demócrata y Republicano relacionadas con el tema de presupuesto y política ha puesto sobre el actual gobierno estadounidense una presión considerable. La suspensión del INF puede verse también desde esta óptica y con el propósito de liberar presión sobre el gobierno haciendo frente al enemigo clásico.

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Por su parte Rusia, continúa siendo objetivo de sanciones internacionales como consecuencia de su presencia en la península de Crimea, y su retirada del INF puede ser vista como la respuesta ante las sanciones, consideradas por el gobierno y sociedad rusa una afrenta directa de occidente con la cual se busca someter y socavar al país.

La importancia del anuncio de suspensión del INF debe ir más allá de la consecuente carrera armamentista (que como sabemos, no es nueva). La trascendencia del anuncio debe centrarse en el hecho de que el abandono de este acuerdo pueda sentar precedente para la suspensión de los demás acuerdos que aún se encuentran vigentes, provocando así el desarrollo desmedido y desregulado de armamento. La participación de la comunidad internacional debe entonces ser más activa y encaminada a proporcionar mecanismos que permitan la solución de este nuevo tema.

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