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Óscar Chávez

Música de protesta: los que se fueron sin ver un mundo mejor

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Los músicos mexicanos Óscar Chávez, Arturo Huizar y Gustavo Limongi murieron en medio de una pandemia que lejos de mostrar la parte más humanista de la sociedad, el gobierno, los empresarios y el sector salud, ha sacado lo peor de todos. 

Tres personajes que durante su carrera lucharon contra todo lo impuesto, pero que lamentablemente se fueron con la imagen de un mundo yéndose a la verga.

Arturo Huizar abandonó este plano existencial el 25 de abril de 2020. En la escena del heavy metal mexicana es reconocido como uno de los más grandes vocalistas del género que dio este mundo.

La banda tuvo una carrera destacada, pues con su talento abrió paso a un montón de proyectos metaleros que nada más no se atrevían a mostrarse al público e inspiró a las generaciones futuras, quienes reconocen a Huizar como el padre del metal.

Entre sus rolas figura “Guerrero verde” (del álbum Pasaporte al Infierno, 1986), un desesperado grito de paz, pero dirigido directamente a los militares del mundo. Es el fiel retrato de esas máquinas programadas para matar, quienes portan con orgullo la muerte en forma de medallas, conquistas, muertes y armas, jueces de la vida, verdugos de tu muerte.

 

Sigiloso caminas tras la sombra de la sangre.

No hay conciencia divina que pare tu fuego.

De tu gatillo depende que la vida se alargue.

La gloria para ti es una medalla en el pecho.

Guerrero verde, hijo de la muerte…

 

 

Arturo nos dejó un gran legado musical, canciones invaluables, sonidos perpetuos y un camino metalero que tal vez no hubiese existido con tal impacto de no ser por su influencia, pero a cambio, la vida le regresó guerra, hostilidad, conflictos, decepción.

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Tavo Limongi formó parte de numerosos proyectos musicales pero Resorte fue una de las bandas pioneras del Nu Metal mexicano, quienes navegaron a contracorriente cuando el mercado lo dominaban el Rock en tu Idioma y el Ska.

En los noventa, gracias a movimientos como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la música de protesta en México dio sus últimos golpes al establishment para después perderse en un mar de rock alternativo y pop rock que, hasta la fecha, domina en los grandes medios de comunicación locales, aunque con la ventaja de tener a la mano muchísimas alternativas independientes.

Gustavo Limongi
FOTO: GUSTAVO AZEM GUTIÉRRÉZ

Resorte le cantó a la brutalidad policial de la Patrulla Fronteriza y a las fuerzas de seguridad mexicana, al fraude electoral, a la libertad condicionada, a los homeless víctimas de la repartición inequitativa de la riqueza y motivó a otros músicos de su generación a utilizar su arte para mejorar al mundo con letras como “mejor opina o muere”. Y todo esto nada más en su primer disco República de Ciegos (1997).

 

Mi tierra definitivamente es cuadrada,

libertad con cadenas no me sirve para nada.

Quién se va, quién se queda,

a quién le importa una chingada,

no esperemos como perros

que nos vean comer cagada…

 

Óscar Chávez fue un destacado cantante de izquierda. Artista sin colores y con un talento nato para hacer o decir lo que le salía del intestino sin el más mínimo rastro de preocupación por quien se fuera a incomodar o molestar.

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Además de ser un orgulloso arqueólogo de la música mexicana en todos sus colores, formas y sonidos, el también llamado “Caifán Mayor” fue un destacado cantautor de protesta (o música política) que cantó a las más despiadadas injusticias gubernamentales.

Óscar Chávez fue un importante aliado de movimientos como el estudiantil de 1968 o el Zapatista de 1994, y siempre mantuvo una postura crítica contra el presidente en turno, incluyendo Andrés Manuel López Obrador, quien sin recordar los múltiples reclamos del mexicano a su mandato, se colgó de su muerte con un pseudo homenaje en una de sus conferencias mañaneras. Lamentable.

Óscar Chávez
FOTO: GUSTAVO AZEM GUTIÉRRÉZ

No importa cuántas décadas más nuestro querido “Estilos” (apodo de su personaje en la película Los Caifanes de Juan Ibáñez) hubiera dedicado a cantar y cantar y cantar clásicos como “La casita”, “La mariguana” o “Se vende mi país”, este México, destinado a la miseria de sus clases bajas, sólo le sirve de cajero automático a unos cuantos.

 

Se vende mi país cada momento

Su hambre, su dolor, su sentimiento

Se vende mi país con todo y gente

Se vende la palabra independiente…

 

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