No es otro texto del Kill ‘em all

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A finales de los noventa había cerca de donde vivo un K Mart en el que mi familia y yo acostumbrábamos hacer las compras. Tenía unos 10 u 11 años; que es cuando la mayoría comenzamos a definir nuestra identidad, la cual entre otras cosas, incluye la música que escuchamos.

Una de esas ocasiones que hacíamos la despensa, le pedí a mi papá que me comprara algún disco de Metallica. Si bien nunca los había escuchado, sabía que eran básicos de cualquier “rockero”, especie con la que me sentía identificado.

Mi padre accedió, por lo que me dirigí veloz y lleno de alegría a buscar un disco. Entonces, encontré el controversial Load (1996) en cassette, formato aún vigente en aquellos días dentro de cualquier centro comercial.

Una vez en casa, puse la cinta y quedé impactado con el sonido. Me pareció muy “pesado” y estaba seguro de que había encontrado una buena propuesta musical, pero el entusiasmo se vino abajo cuando compartí mi opinión con algunos conocidos mayores que yo, quienes dijeron que “había comprado el peor disco de Metallica”.

Kill ‘em all

Después de algunas burlas, uno de ellos se mostró conmovido ante mi tristeza y entró corriendo a su casa sin explicación alguna.

Salió con un viejo cassette grabable sin caja, el cual tenía en la parte superior del lado “A” una pequeña etiqueta a punto de despegarse; pintada con plumón rojo y una poco legible leyenda escrita con pluma negra que decía “Kill ‘em all”.

“¡Escúchalo!”, me dijo. Asenté con la cabeza, guardé el maltrecho cassette en una de mis bolsas y me fui a casa para obedecer su instrucción. ¡No podía creer que era la misma banda! La voz, las guitarras, el estilo. Todo era diferente.

Me impresionó la velocidad de la batería, sobre todo porque estaba aprendiendo a tocar dicho instrumento con canciones de rock alternativo. Mucho menos veloz… mucho menos impactante.

También me llamó la atención lo que duraban las canciones (entre cuatro y siete minutos), pero no me aburrieron pese a que estaba acostumbrado a escuchar melodías mucho más cortas.

Esos aturdidores, gangosos y nada afinados cantos; los sofisticados, potentes y complejos solo de la guitarra líder, acompañados por feroces y precisos rasgueos de la segunda guitarra; correteados por una –reitero- batería rápida y salvaje, así como un bajo con todos los calificativos mencionados, fueron los elementos que me conquistaron.

Un disco trascendental

A 34 años de su lanzamiento, Kill ‘em all es un álbum mítico por curiosidades y factores únicos que giran en torno a su realización, los cuales se han publicado hasta el cansancio en cientos de espacios, desde revistas impresas hasta digitales; pasando por redes sociales y blogs sobre música.

No obstante, aunque este escrito no pretenda ubicarse como un texto más del multicitado álbum, es importante mencionar o refrendar que:

  • Kill ‘em all fue lanzado en 1983 por Megaforce Records.
  • El encargado de cantar y tocar la guitarra rítmica, James Hetfield y Lars Ulrich, baterista, son los únicos miembros fundadores que permanecen en la banda.
UNITED KINGDOM – JANUARY 01: Photo of METALLICA and Cliff BURTON and James HETFIELD; Cliff Burton (playing Rickenbacker bass) and James Hetfield (playing Gibson Flying V guitar) performing live onstage, (Photo by Pete Cronin/Redferns)
  • Frente al poco virtuosismo de Hetfield, pensaron en agregar a John Bushde Armored Saint como vocalista antes de grabar el álbum.
  • En abril de 1983 Hetfield y Ulrich corrieron al entonces guitarrista líder Dave Mustaine.

  • En su lugar entró Kirk Hammett, quien tras un mes de ensayos grabó con los demás integrantes el disco en mayo del 83.
  • En 1989, Kill ‘em all obtuvo el lugar 35 dentro de la lista “Los 100 álbumes más grandes de los 80’s” de la revista Rolling Stone.

El presente

Actualmente, Metallica es el acto estelar de grandes festivales, y desde hace aproximadamente una década se ha vuelto un momento de verdadero gozo (épico, dirían ahora) cuando tocan en vivo alguna de las 10 canciones del Kill ‘em all. Además, en solitario hacen giras por todo el planeta dentro de gigantescos estadios, donde tradicionalmente agotan las entradas, gracias a que a principios de los noventa modificaron su sonido para llegar a un público más amplio. Aunque los dos últimos discos que lanzaron contienen guiños a los primeros discos, incluido el Kill ‘em All, su posicionamiento como estrellas de rock es irreversible.

En México, por ejemplo, se pueden encontrar sus grandes éxitos hasta por debajo de las piedras, en recopilaciones con canciones “de fiesta” y “para bailar”. ¡No hay límites! Metallica se encuentra, literalmente, en todos los gustos musicales de nuestro país. ¿Bueno o malo? Imposible de juzgar, pero indudablemente es positivo para la situación financiera de la banda.

Pese a esta transformación, acompañada por fuertes altibajos en su carrera, incluyendo la repentina despedida de Mustaine; la trágica muerte de Cliff Burton (bajista de 1982 a 1986), la salida de su reemplazo (Jason Newsted) luego de 15 años con la banda; el incidente con pirotecnia en pleno concierto que por poco dejan inhabilitado a Hetfield, además de tener que internarse unos años después en un centro de rehabilitación para acabar con su alcoholismo; el pleito de Lars Ulrich con Napster por distribuir su música de forma gratuita e incansables críticas por parte de los más puristas del Metal por volverse comerciales, resulta irrefutable que el Kill ‘em all de Metallica es pionero en su tipo.

Sirvió para consolidar el emblema del Thrash metal: guitarras, bajos y baterías veloces; gritos agudos, enérgicos y violentos que hablan sobre aniquilación humana, devastación y el apocalipsis; así como lo placentero de embriagarse y bailar slam, destacando que dichas prácticas son obligatorias, de preferencia vistiendo pantalones estrechos, tenis, playeras negras sin mangas y un buen chaleco de mezclilla tapizado con parches de bandas de metal poderoso. En resumen, fue fundamental para la constitución del Thrash como lo conocemos hoy en día. ¡Aleluya! Le hicieron un bien al mundo.

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