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Reflexiones sobre la crisis en Venezuela: ¿Oportunidad o peligro para México?

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La crisis venezolana llegó a un punto de no retorno el pasado 23 de enero con la entrada a escena de Juan Guaidó, opositor al gobierno del heredero de Chávez.  No es una sorpresa para nadie que Maduro represente simbólicamente una enorme molestia para los intereses estadounidenses.

Un problema de carácter doméstico ha escalado niveles que afectan los beneficios de aliados y contrincantes, puede fragmentar aún más a la región reacomodando de forma drástica la geopolítica en América Latina. Existe una gran incertidumbre por las acciones de los diversos actores involucrados.

Empezando por la ruptura de relaciones diplomáticas, el reconocimiento de la oposición para disgustar a Nicolás Maduro, el exhorto a elecciones libres, las expresiones de rechazo a la continuidad del gobierno chavista por parte de radicales, mientras que otros, como es el caso de México, pugnan por el diálogo.

El discurso en defensa de los derechos humanos y la democracia es un simple pretexto para suavizar a la opinión pública, es lo que menos preocupa a la relación sino-rusa como a Donald Trump.

¿Cuáles son los verdaderos intereses en disputa?

Rusia es el mayor aliado estratégico que brinda apoyo económico-militar a Venezuela, no es sólo dinero reflejado en la defensa de las inversiones en materia de hidrocarburos, es geopolítica, es cuestión de orgullo. Es la oportunidad adecuada para sacarse la espinita clavada por el tema de Crimea en 2014, no dejará pasar la oportunidad de cobrarse la afrenta dejando en claro las intenciones de entrometerse en la zona de influencia del país de las barras y las estrellas.  De igual manera, está en juego el respaldo al Kremlin de un actor históricamente de peso en América Latina en los foros de Naciones Unidas.

China, el principal inversor de Caracas en innumerables ocasiones a prestado su ayuda mediante préstamos, así mismo, ha obligado a replantear la política exterior de varios países latinoamericanos desde los acercamientos de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2015, la prioridad del gigante asiático es sentar las bases de un poder hegemónico a futuro promoviendo sus objetivos nacionales.

En cuanto a Cuba significa la perdida de apoyos económicos por parte de un socio, se suma la incertidumbre de Nicaragua, al tomar el ejemplo de Venezuela como advertencia de un latente efecto dominó por la represión del gobierno actual.

¿Trump está a la altura de las circunstancias?

A diferencia de Obama, que será recordado por restablecer las relaciones diplomáticas con la Habana, el actual dirigente, hombre peligroso que no da marcha atrás, la situación le cae como anillo al dedo para fortalecer la postura nacionalista de “América primero” en ámbitos de política exterior, puede ser un elemento que le permita elevar su popularidad. También pueden interpretarse como un intento desesperado por volver a ser el árbitro del mundo, es decir, entrometerse en asuntos internos de otros países.

El mayor defensor de las democracias perdió el control, pero no su liderazgo, los retos regionales le sirven para demostrarle al mundo que resurge la actual administración estadounidense, que pueden pasar de impulsos a las acciones congruentes, no obstante, existe la posibilidad de convertirse en una enorme desilusión. Pero ¿en verdad necesita el mundo a Trump para restablecer el orden en Venezuela?

Nadie garantiza nada, no hay certeza en como concluirá, pero una guerra civil no le conviene a nadie.

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¿México debe ser mediador?

México tiene una deuda histórica con América Latina que debe resarcir, la situación con la región ha tenido altibajos en los periodos en el poder del Partido Acción Nacional (PAN) que a principios de siglo se dilucido como un distanciamiento para potencializar las posibilidades en América del Norte, experimentos fallidos. Los recientes periodos presidenciales han buscado solucionar tensiones y fortalecer la confianza mediante proyectos de multilateralismo latinoamericano.

La oportunidad de dar estabilidad a la región como de recobrar prestigio internacional está ahí, es esa apuesta al no ser indiferentes, pero también de perder credibilidad.

Parece ser que el mundo se ensaña con Venezuela, comienza por aislarla, acechándola, esperando el momento justo para despojarla. Es una realidad, México no tiene la fuerza económica ni militar para influir. Pero puede ser la última línea de defensa para marcar un alto a las pretensiones norteamericanas mediante los principios de política exterior: autoderminación de los pueblos, no intervención y solución pacífica de controversias. Es decir, ir un paso adelante, prevenir escenarios que lo pongan en peligro como al país de Chávez.

Se apuesta por la negociación, el poder suave, la tradición de la diplomacia mexicana que no es indiferente a la represión, a la violación de derechos humanos, a la crisis social, a las precarias condiciones de vida, la inseguridad, la represión; México no puede darse ese lujo. Debe ser congruente, trabajar una política planeada que evalué retos, riesgos, ganancias potenciales y reales para no caer en euforias momentáneas.

La administración que encabeza Andrés Manuel López Obrador es consiente de la responsabilidad de ser un puente de diálogo, que quizás se le pueda recriminar de darle un golpe de oxígeno a la dictadura de Nicolás Maduro, apuesta arriesgada el diálogo en Montevideo programada a principios de febrero, pero tiene y debe intentarse, de fracasar se agudizará el derramamiento de sangre. 

¿Somos testigos del fin del proyecto chavista? De ser así su tendencia autoritaria, corrupción, trafico de influencias y el desprecio a la democracia fueron solo algunos de los factores de su caída.

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