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Tepito: Así extorsionan en el Barrio Bravo

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“¡Bueno cabrón, tú ya te me estas poniendo muy loco, te calmas o se me hace que te voy a dar un cachetadon!”, fue una reclamación que, pese haberse dicho con un tono agresivo y amenazante, a nadie más llamó la atención.

Adentro del local, hasta el fondo, tres chavos que se reían entre sí y dos señoras que se encontraban delante del mostrador sentadas en un par bancos, siguieron platicando como si nada estuviera pasando.

Celulares, fundas, cables USB y audífonos se exhibían para su venta. El único que mostraba un gesto de preocupación fue Alejandro de 28 años, originario del Estado de México, quien aquella tarde, cuando el reloj apuntaba la una, no terminaba de entender lo que le estaba sucediendo.

Minutos antes, Alejandro se encontraba caminando entre los pasillos del famoso tianguis del Barrio de Tepito. Lugar que existe desde la época del imperio Azteca, resistiendo en la actualidad, siendo uno de las zonas más concurridas de la Ciudad de México, donde la mayor parte de sus habitantes se dedican al comercio informal.

¡Viva Tepito!

“Llevo años visitando el mercado, es un lugar donde encuentras a todo tipo de personas que vienen de distintos puntos de la ciudad y de otros estados del país. Me gusta porque todo es muy barato, por lo regular casi siempre compro ropa.”

Entre locales de lona y pasillos improvisados, las personas que lo visitan caminan entre puestos donde se vende de todo: perfumes, películas, discos piratas, ropa, accesorios, hasta lavadoras, pantallas, refrigeradores, entre otros productos.

Poco a poco esos locales de ropa que parecen interminables, comienzan a tomar forma de puestos donde los que más abundan  son los de la venta de celulares.

“¡Hola amigo, mira te vendo este cel!” se refirió a Alejandro un tipo que se encontraba acompañado con otra persona y se detuvieron frente a él.  “No, ahorita no, gracias” respondió el mexiquense, quien intentó rodear a ambos sujetos para continuar con su camino.

Tianguis de Tepito

Sin embargo, los dos hombres que vestían de mezclilla con un playera tipo polo, dieron un par de pasos hacia atrás, para darle alcance e insistirle sobre la venta.

“Anda amigo, mira chécalo, es un Galaxy 7, o si quieres te lo cambio, a ver tu celular, cuál traes” dijo uno de ellos que portaba la playera de color azul.

Con un tono no muy animoso, Alejandro pretendió desalentar a los vendedores diciéndoles que traía un teléfono viejo y que no era muy bueno. “¡uuuh! Tengo un cel ya bien feo, que casi ni sirve”.

Pero los dos locatarios del lugar persistiendo, cambiaron la venta: “Bueno mejor si quieres, te damos una mica para tu pantalla, acabamos de abrir nuestra tienda y te la vamos a regalar, enséñame qué traes y ahorita te la ponemos”.

Es que llevo prisa, ya me tengo que ir, fue el último argumento que Alejandro utilizó para intentar quitárselos de encima. Pero fue tal la insistencia que él mismo se convenció que la única manera de poder irse era la de enseñar rápidamente su teléfono.

Pero al hacerlo, la velocidad del otro sujeto que portaba una playera negra le ganó, pues rápidamente le quitó de sus manos el teléfono y lo envió dentro del local para que le pusieran la mica.

Mientras que Ale al mirar como su dispositivo se perdía en aquel lugar, exigía que se lo regresen. “Aguántate, ahorita viene, nada más le ponemos la mica y te vas, mira métete tantito y aquí esperas.”

Al cabo de 10 minutos, salió uno de los locatarios y le mencionó que ahorita se lo regresaban. Alejandro no sabía qué más decirles para que se dieran prisa.

“Ya pasó mucho tiempo, necesito irme ya, dame mi cel”.  La desesperación creció porque veía que nadie le hacía caso y tampoco había alguna persona que estuviera ocupado en algo más importante que en su teléfono.

Seguido de ese momento le dijeron que saliera del local porque iban a pasar personas con cajas. Lo cual hizo, y al salir vio al tipo de playera azul, quien de un lado platicaba con un señor; le estaba vendiendo el celular que un principio le ofreció a Alejandro, y en otro extremo estaba otro joven que simplemente estaba también esperando.

Salió el chavo de playera negra y ya con una actitud más retadora se acercó hacia el joven dueño del celular y le dijo: “qué crees mi chavo, es que conecte tu cel a una computadora, y me infectaste todo mi servidor con un virus; por andar viendo porno, me chingaste, ahora me debes $500 pesos”.

“Pero tú fuiste quien lo conecto, yo no te pedí nada, no tengo porque pagarte” alegó indignado Alejandro quien ya no daba crédito de lo que estaba ocurriendo.

“¡Bueno cabrón!, tú ya te me estás poniendo muy loco, te calmas o se me hace que te voy a dar un cachetadon, ahorita le chiflo a toda la banda para que salgan y de aquí te vas a ir encuerado, ¿eso quieres?” dijo con un tono más amenazador.

Mientras que el otro señor que estaba también esperando, con un gesto de resignación se dio la vuelta y se alejó rápidamente del lugar. 

“No, espera, tranquilo, puedes decirme qué precios tienen tus audífonos” fue como joven de 28 años, intentó cambiar el tema y no provocar mayor alboroto.

Al rededor en los otros locales nadie era testigo de lo que estaba pasando, los visitantes seguían mirando y preguntado por los celulares y por la ropa. En lo que el tipo de playera azul que estaba con otro chavo que parecía había sido enganchado con el mismo “cuento” que a Alejandro; señalaba una cadena de oro que pedía a cambio de regresarle su celular.

“Entonces qué, ya me vas a dar los quinientos, porque si no yo tampoco te regreso nada, deja de hacerte pendejo”, alegó el locatario con un tono agresivo.

A lo que el dueño del celular respondió “Bueno ya, te doy el dinero, pero que sea dando y dando, y ya me voy sin broncas”.

“No, tú no me vas a venir aquí a decirme cómo voy hacer las cosas, dame el dinero y ahorita te doy tu cel, y así le vamos hacer, y no te pongas loco, ya te dije que si lo haces, te rompemos tu madre”, fue como la búsqueda de Alejandro de llegar a un acuerdo, fue desechado rápidamente.

Como último intento para recuperar su teléfono, sacó de su cartera, un billete de $500 pesos y se los dio a uno de los chavos:

“Ya estás, espérame aquí afuera y te traen tu celular”.

Promesa por la que Alejandro esperó más de 10 minutos, y mientras observaba que el chavo de la cadena seguía alegando con el de playera azul; mientras que el que portaba la polo negra abordaba a otras dos personas intentando vender el “Galaxy 7”; armó en su cabeza lo que en esa media hora que permaneció en aquel lugar le había pasado.

Ninguno de los dos chavos le volvió hacer caso, y nadie de las personas que están dentro del lugar se veía que estuvieran al pendiente del teléfono. Cuestiones que al final hicieron que Alejandro, abandonara el local, sin su “Alcatel” y con $500 pesos menos en su cartera. 

El Barrio Bravo

A pesar de que Tepito es uno de los lugares con mayor historia y tradición de la Ciudad de México, es también considerado uno de los puntos donde mayormente impera la inseguridad y el narcomenudeo.

Extorsiones; como la que vivió Alejandro de 28 años, suceden diariamente, así como asaltos con arma blanca y de fuego, son víctimas personas que visitan el famoso tianguis. También la venta de drogas como: la marihuana, cocaína, LSD, entre otros, se pueden encontrar en establecimientos que están dentro del mismo barrio.

Según comerciantes del mercado, la presencia de la policía es muy poca y cuando hay de nada sirve, ya que no hacen su trabajo, o en muchas ocasiones han sido coludidos por la misma delincuencia.

Los mismos locatarios aseguran que la forma en cómo operan los extorsionadores es “gracias” a la forma en la que se organizan, ya que, tienen comprados a comerciantes y habitantes de Tepito, que operan como halcones, quienes vigilan y dan aviso de todo lo que ocurre a los alrededores.

Actos que son atribuidos al grupo “La Unión”: Cártel que según autoridades de la Ciudad de México y líderes del tianguis, hoy en día imperan y controlan el negocio ilícito dentro de todo el barrio.

Cobro de piso, secuestros, extorsiones, asaltos y el narcomenudeo, son algunos de los delitos que son operados desde el cártel y que hoy en día tiene atemorizados a quienes visitan y trabajan dentro del lugar.

De la misma forma, el gobierno capitalino ha reconocido que el alza en la inseguridad se debe a la expansión de dicho grupo, ya que se sabe, que también controlan el mercado de las drogas en otras zonas como la Colonia Roma, la Condesa,  la Zona Rosa, entre otras.

La organización delictiva que fue formada en los años 90, de acuerdo con algunos reportajes de investigación periodística, exigen a los locatarios un primer pago de 3 mil dólares como derecho de piso, el cual pasa posteriormente a ser una cuota de 300 cada mes, de lo contrario, afirman comerciantes, son amenazados y violentados por el cártel. Sin mencionar que también son obligados a vender dentro de los locales la mercancía que trafican.

De la misma forma, el grupo delincuencia tiene amenazados a comerciantes que se encuentran fuera del barrio, como en el centro de la ciudad, donde exigen un pago diario de 10 dólares.

FOTO: ARMANDO MONROY /CUARTOSCURO

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Periodista independiente, graduado de la Maestría de Periodismo Político, en La Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha trabajado como reportero y editor web, en medios como: Revista Variopinto, y Revolución 3.0.

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