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Turismo sexual infantil: un mal silencioso

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Una de las cosas más afortunadas en la vida es disfrutar de una infancia feliz, dijo alguna vez la escritora británica Agatha Christie. Sin embargo, no todos los niños pueden decirse afortunados de vivirla. Existen diferentes maneras de afectar la niñez, pero una de las más brutales es la explotación sexual comercial.

Dicho negocio ilícito es el tercer negocio más lucrativo del mundo sólo detrás del tráfico de armas y el narcotráfico, de acuerdo con la organización Acabar con la Prostitución Infantil, la Pornografía Infantil y el Tráfico de Niños con fines Sexuales (ECPAT, por sus siglas en inglés).

La explotación sexual comercial incluye: la pornografía, los espectáculos sexuales, y las actividades sexuales o eróticas remuneradas, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés).

Dentro de las actividades este delito se encuentra también el turismo sexual, el cual es llevado a cabo por personas que viajan de sus países de origen a otro para involucrarse en actividades sexuales con niños, niñas y adolescentes de forma anónima e impune.

El turismo sexual infantil es posiblemente la forma más cruel de explotación infantil, y, a pesar de que ocurre en todo el mundo, la problemática se acentúa en los países en vías de desarrollo, especialmente en aquellos con importantes regiones turísticas y con un marco legal, así como de protección social débil.

Según la ECPAT; Tailandia, Camboya, India, Brasil, México, Guatemala y Cuba se han identificado como principales focos de explotación sexual infantil.

Resulta prácticamente imposible tener un cálculo exacto, sin embargo, UNICEF estima que, en todo el mundo, alrededor de un millón 800 mil niñas y niños son víctimas de esta explotación sexual turística.

Es tipo de explotación es un mal que ha crecido silenciosamente en los últimos años, gracias, principalmente, al auge el internet, ya que éste ha permitido que resulte cada vez más fácil adquirir el “servicio”.

Aunado a esto, existe una falta de atención por parte de la comunidad internacional respecto al problema, y, al contrario, pareciera que las legislaciones de algunos países permiten que un negocio de este tipo pueda sostenerse de manera cada vez más sencilla.

La triste realidad es que el turismo sexual infantil es un negocio exitoso porque los países foráneos les otorgan a los abusadores un “anonimato” que les permite sentirse seguros y con cierta confianza para realizar actos ilícitos.

En palabras más sencillas podemos decir que los abusadores creen que es imposible que la fuerza de la ley llegue a ellos, y si analizamos esto detenidamente podemos darnos cuenta que tienen razón.

A esto podríamos añadirle el hecho de que en muchos países resulta muy barato adquirir el “servicio”, incluso ropa y comida son intercambiados a cambio de sexo.

Realmente son muy pocos los turistas sexuales que han sido arrestados, juzgados y sentenciados, la ECPAT afirma que esto tal vez sea porque generalmente no producen imágenes del abuso perpetrado ni recurren a medios extremos para practicar el turismo sexual con niños y adolescentes, como comunicarse con redes de pedófilos o intercambiar pornografía.

Se han hecho algunos intentos para acabar con el problema, sin embargo, no han tenido resultados tan buenos.

Lo cierto es que este tipo de explotación sexual ha logrado consolidarse de manera importante en varios países del mundo, ya que ellos, en su mayoría, han tratado de ocultarlo o simplemente se han “lavado las manos”.

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