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Violencia económica: Un enemigo “invisible” contra las mujeres

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La violencia contra las mujeres ha sido, desafortunadamente, estandarte a lo largo de la historia de la humanidad. Agresiones verbales, psicológicas, físicas, sexuales, laborales, entre otras, son las formas más conocidas que las mujeres sufren día con día.

Sin embargo, existe un tipo de abuso que por su “invisibilidad” dentro de la sociedad pasa desapercibido cuando se habla de agresiones contra las mujeres: la violencia económica.

La violencia, en su definición más simple y en cualquiera de sus variaciones, es aquel acto que impide el goce de una vida digna, que trasgrede el derecho que las personas tienen a ser reconocidas y respetados, pero ¿qué se entiende por violencia económica y patrimonial?

A diferencia del maltrato físico y/o verbal, la violencia económica y patrimonial conlleva aquella acción u omisión que restringe el manejo de dinero y los bienes patrimoniales de las mujeres, ya que privándolas de estos aspectos fundamentales se menoscaba su autonomía para la toma de decisiones, no obstante, en ocasiones suelen ser considerados como actos inofensivos, pero en la realidad son actos que limitan a cualquier persona, en este caso a las mujeres, a vivir una vida activa económicamente hablando.

Foto: Reproducción

Es así como, ejercida principalmente por hombres, dicha violencia se suma a las pronunciadas desigualdades de género que se dan alrededor del mundo contra las mujeres.

En México este tipo de abuso no es menos común que cualquier otra forma de violencia en contra de las mujeres.

Según datos de la última Encuesta Nacional de Sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), de las 46.5 millones de mujeres de 15 años y más que residen en el país, se estima que 30.7 millones de ellas, es decir 66.1%, han padecido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual.

Cabe mencionar que de estas 46.5 millones de mujeres de 15 años o más residentes en México, el 57.1% se encontraba casada o unida con su pareja sentimental al momento del censo.

En este sentido, la violencia económica o patrimonial ha sido sufrida por el 29% del total de mujeres víctimas de algún tipo de abuso, siendo el esposo, el padre o los hermanos los principales perpetradores de dicha violencia en el ámbito de familiar.

Asimismo, dentro del contexto familiar, la encuesta demostró que la violencia económica ocupa el tercer lugar en los abusos perpetrados dentro del hogar, solo detrás de las agresiones emocionales y físicas.


Foto: Reproducción

Al representar el maltrato económico un porcentaje bajo en comparación con otro tipo de violencia, la visibilidad de este problema en los medios de comunicación ha sido, hasta cierto punto, escaza; sin embargo, existen acciones muy puntuales que en su conjunto derivan en violencia económica:

  • Cuando alguna persona, cualquiera que esta sea, impide el crecimiento profesional o laboral de las mujeres, como forma de limitar sus ingresos económicos
  • Cuando se les remunera menos que a un hombre por llevar a cabo las mismas actividades o por tener las mismas responsabilidades
  • Dentro del matrimonio, al ser dependientes económicamente de la pareja o en cónyuge, se les segrega de las decisiones sobre la economía del hogar.
  • Cuando se les obliga a rendir cuentas a su pareja acerca de cualquier gasto que esta lleve a cabo, incluso si la mujer genera sus propios recursos
  • En el caso en el que se ven obligadas a asumir solas el cuidado de y/o la manutención de los hijos/ as.

Algunas construcciones sociales, como lo son los roles de género, ayudan al fortalecimiento de la idea de que el hombre es el único proveedor del hogar, mientras que la mujer debe de ser ama de casa, reforzando así la idea de que quien lleva el dinero al hogar es la única autoridad que decide lo que se tiene que hacer, lo que lleva en muchas ocasiones a las desigualdades económicas en el hogar.

FOTO: RODRIGO RUBIO /CUARTOSCURO.COM

Cabe destacar que la violencia económica en contra de las mujeres tiene graves consecuencias tras de sí, ya que claramente desfavorece, tanto la autoestima de la víctima como su propia autonomía para tomar decisiones; asimismo pone en una situación vulnerable a la mujer, ya que puede ser víctima de otro tipo de violencia, como lo es la física y sexual.

Por lo general, los agresores usan deliberadamente este tipo de violencia para prevenir algún tipo de consecuencia en su contra, ya que la víctima, al verse en desventaja económica, se ve obligada a no abandonar el hogar debido a que la falta de recursos económicas no le garantiza la supervivencia propia o la de sus hijos/as.

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