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Yemen, el otro conflicto del Medio Oriente

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Uno de los países más pobres del mundo árabe está siendo devastado por una Guerra Civil, y a continuación te explicamos los puntos más importantes al respecto.

¿Cómo empezó todo esto?

A principios de la década de los años 60, el país estaba gobernado por una monarquía independiente en el norte (Yemen del Norte) y por los británicos en el sur.

Fue en 1967 cuando la Gran Bretaña finalmente se vio obligada a negociar la independencia de la región del sur dando lugar a la República Popular del Yemen (Yemen del Sur), de orientación marxista, convirtiéndose así en el primer Estado socialista del mundo árabe (lo que más tarde le generaría problemas, principalmente con sus vecinos del norte).

Se produjeron varios enfrentamientos entre ambas regiones hasta que, en 1990, y gracias a la caída de la Unión Soviética, se “logró” la reunificación de las dos regiones, dando lugar a la República de Yemen.

Desde entonces, la convivencia entre los dos territorios unificados fue bastante difícil, ya que, no todos se mostraban de acuerdo con el surgimiento de esta nueva región. Incluso, en 1994, se produjo una pequeña guerra civil  en la que los del norte impusieron su hegemonía, lo que evidentemente provocó un malestar en los del sur, ya que consideraban que habían sido discriminados y desplazados.

¿Qué desencadenó el inicio de la Guerra Civil?

Como vimos en el párrafo anterior, a pesar de esta unificación, el norte y el sur todavía no estaban completamente de acuerdo, y por ello los combates entre el Gobierno y los rebeldes no se hicieron esperar.

Fue en 2011 cuando los movimientos regionales de la llamada Primavera Árabe (movimientos prodemocracia), llevaron al entonces presidente, Ali Abdullah Saleh, a entregar el poder a su segúndo, Abdrabbuh Mansour Hadi.

El presidente Hadi luchó para enfrentar una variedad de problemas, incluidos los ataques de al-Qaeda, la lealtad continua de muchos oficiales militares a Saleh, así como la corrupción, el desempleo y la inseguridad alimentaria.

Los rebeldes hutíes (de origen chiíta) aprovecharon entonces la debilidad del nuevo presidente para tomar el control norte de la provincia de Sadah, así como de las áreas vecinas. Más tarde, y gracias a la desilusión provocada por el fracaso de la transición política, consiguieron el apoyo de muchos yemeníes, lo que llevó que, a fines de 2014 y principios de 2015, los rebeldes se hicieran cargo de Saná (capital del país).

Poco a poco los hutíes fueron alcanzando mayor control, y esto obligó al presidente Hadi a huir al sur del país, y posteriormente al extranjero.

De conflicto nacional a conflicto internacional

Fue en marzo de 2015 cuando la situación cambió dramáticamente. Arabia Saudita formó una coalición de Estados mayoritariamente árabes (Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin, Qatar, Marruecos, Sudán, Jordania y Egipto, entre algunos de ellos), y estos con el apoyo de los Estados Unidos, Reino Unido y Francia, lanzaron una intervención militar para restaurar a Hadi en el poder.

Por el contrario, los hutíes han estado respaldados por Irán, lo que ha llevado a que muchos describan el conflicto como una guerra de poder entre Irán y Arabia Saudí, las principales potencias regionales, con dos interpretaciones diferentes del islam.

La muerte de Saleh

El 4 de diciembre de 2017 se anunció la muerte del expresidente a manos de los hutíes, lo cual evidentemente tomó por sorpresa a muchos, debido a que eran considerados aliados. Este pacto se rompió principalmente porque, días antes, Saleh había hablado favorablemente de la coalición saudita.

En un discurso retransmitido por el canal Al Masirah, el líder de los hutíes, Abdelmalek al Huti, calificó de “extraordinario” e “histórico” el asesinato de Saleh. “Su guerra ha fracasado. Jamás tendrán éxito en su objetivo”, afirmó posteriormente, haciendo referencia a Arabia Saudita.

Muchos han afirmado que su muerte eliminó a una figura clave y negociador de la política yemenita.

¿Cuáles han sido las consecuencias?

Según datos de la empresa de radiodifusión pública australiana “SBS”, la situación en Yemen es uno de los desastres humanitarios más grandes del mundo. Las bombas han aterrizado en mezquitas, mercados, fábricas, funerales, escuelas y hospitales.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha contabilizado más de 13,000 muertes de civiles, incluyendo más de 1,500 niños, y decenas de miles de personas que han resultado heridas.

La destrucción de la infraestructura y un bloqueo naval saudita ha llevado a una paralizante escasez de suministros médicos y ha empujado a un cuarto de la población del país al borde de la hambruna.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) calcula que cada 10 minutos al menos un niño muere en Yemen a consecuencia de la desnutrición, diarrea o infecciones del tracto respiratorio.

Se ha dicho que el sistema de salud de Yemen está colapsado, ya que, prácticamente menos de la mitad de las instalaciones de salud del país son completamente funcionales. Esto preocupa aún más debido a la gran epidemia de cólera que se está viviendo, se ha estimado que, en este año, podrían verse afectadas hasta un millón de personas.

Aunado a esto, y según el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, los civiles han sido repetidamente víctimas de “violaciones incesantes del derecho internacional humanitario”. Se han contado a más de 1,500 niños que han sido reclutados como niños soldados, principalmente por las fuerzas hutíes.

¿Por qué los medios de comunicación casi no hablan de este conflicto?

Principalmente porque el bloqueo de la coalición ha mantenido a muchos periodistas extranjeros y organizaciones de derechos humanos fuera del país, con relativamente pocas personas externas que pueden obtener acceso. La coalición saudí inclusive ha prohibido a la ONU llevar a los periodistas a bordo de sus vuelos de ayuda, una práctica que se usa ocasionalmente.

¿Qué podemos esperar?

La situación en Yemen es bastante complicada, y por ello es difícil predecir si llegará a un fin pronto. Lo que es cierto es que es un conflicto que debe preocupar a la comunidad internacional, el país se vuelve cada vez más inestable, y esto trae consecuencias que no sólo se ven a nivel nacional o inclusive regional, sino que están trascendiendo continentes.

Están apareciendo nuevos afiliados yemeníes al llamado Estado Islámico, pertenecientes a una de las ramas más peligrosas de al-Qaeda (AQAP), la cual opera principalmente en Yemen y Arabia Saudita.

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