¡Que ya ruede el balón! Llevamos semanas, meses, ¡hasta años! esperando este momento: que comience el Mundial.
Por tercera y única vez en la historia será en México, por tercera y única vez en la historia la inauguración será en el Estadio Azteca, por tercera y única vez en la historia será en casa… pero sin nosotros. Sin los mexicanos.
Ya sea por lo legal o por lo criminal, el gobierno –tanto federal como local– han insistido en que nos quedemos en casa durante la Copa del Mundo, que nos guardemos durante 40 días y salgamos cuando todo se acabe.
Lo hizo el gobierno de la Ciudad de México cuando Clara Brugada insistió en más de una ocasión al sector privado para que hicieran Home Office durante la justa mundialista. Ni en la pandemia se insistió tanto.
También lo hizo el gobierno federal, a través de la Secretaría de Educación Pública, cuando adelantó el cierre del ciclo escolar y las vacaciones. Aunque posteriormente se echó pa’tras de tremenda ocurrencia al toparse con la realidad mexicana.
(¿Cómo vas a mandar a los niños a sus casas cuando la mayoría de los jefes de familia trabajan, no tienen los recursos suficientes para mandarlos a cursos de verano y los dejas expuestos ante la avaricia de la reclutación criminal? Repito: ocurrencias.)
Luego lo hizo por lo criminal: colapsar con remodelaciones el principal sistema de transporte público de la ciudad, el Metro. Todo para que las mejoras sean meramente estéticas y el servicio siga por los suelos.
Y hasta la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educaciónles hizo un favorcito por colapsar las ciudad por la superficie en las últimas semanas con el cierre constante de vías principales ¿Quién va a querer salir de casa con este escenario?

Luego, ya lo hizo legal, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum publicó un decreto que obliga al sector público a implementar Home Office, exhorta a la iniciativa privada a hacer lo propio y ordena la suspensión de clases, cuando menos el día de la inauguración.
Esto para que “no haya problemas” en la inauguración del Mundial. Por qué claro, el problema somos nosotros, el pueblo bueno.
Y de repente me vino un recuerdo: a Hugo López Gatel, el entonces subsecretario de Salud, repitiendo una y otra vez a los mexicanos: ¡Quédate en casa! Era 2020 y la pandemia de covid-19 estaba en su peor momento.
Ahora, seis años después, regresa esa premisa, pero esta vez el virus somos nosotros. O quizá la fiebre mundialista.
Aquí mi duda es, ¿por qué quieren escondernos? Porque qué oso con las visitas que vean puro mexicanito caminando por las calles o porque realmente la ciudad no va aguantar tanta gente.
Las previsiones oficiales calculan alrededor de 5 millones de visitantes sólo en la Ciudad de México durante el Mundial, esto sería un incremento de más del 50% del total de habitantes que hay en la capital.
Aunque estimaciones más conservadoras señalan que no pasará del millón de turistas, es decir, lo equivalente a poco más del 10% de la población citadina. Sea como sea, pareciera que la ciudad no aguanta ni un alfiler más.
Finalmente, esto es para esconder lo más que se puede la realidad de la capital del país de los turistas y los medios internacionales.
Lo que más me preocupa es que los 23 mil millones de pesos que la Ciudad de México prevé gastar en obras para el Mundial terminen siendo para el disfrute del extranjero y no del mexicano de a pie, que al final del día es quien lo paga.