El eterno nada

2026-03-18

Estos días he estado muy emocional, lidiando con mis dos caballos, como los describe Platón: el caballo negro yéndose por un lado, el blanco yéndose del lado contrario y el Auriga, arrastrando. Una maravilla de semana. Pero creo que volví a tener el control de ambos caballos o, por lo menos, los dejé amarrados en un árbol descansando, mientras bajé a beber agua, a sacudir la tierra de mi ropa (ya rota, por cierto), quitar las hierbas de mi cabello y limpiar las heridas que se me hicieron por tremenda arrastriza. A veces pasa, ¿no? De repente conectas un cable en tu cerebro, se enciende una parte de ti y alcanzas a darte cuenta del porqué del insomnio, por qué tu café favorito de la mañana perdió su sabor, y la tristeza que se había puesto en pausa comienza a desbordarse cual cascada. Navegando por internet vi una pregunta que hacía una contacta: “¿Cuándo saber qué es suficiente?”

Así que, mientras mis caballos toman agua, me dispondré a contestar esta pregunta, con el atrevimiento de actuar como si me la hubiesen preguntado.

Mi desborde emocional me hizo revisitar una filosofía que hace unos años me enamoró por completo. Desde el primer momento que la leí, conecté con lo que se mencionaba y con lo que sentía que le faltaba a mi proceso terapéutico. Fue tal la conexión que parte de mi manera de sobrellevar mi vida, mi existencia, es a través de la honestidad conmigo misma. Para poder precisar y entender, estoy hablando de: The Tao de Ching, el cual ha sido descrito como: “la filosofía de los fracasados”. Para aquellos que, como yo, nos hemos rendido. Es por ello por lo que me atrevo a mezclar esta filosofía con la humillación que me dieron mis caballos y con la pregunta de esta persona.

¿Cuándo saber qué es suficiente?

Sentirme insuficiente ha sido una de mis heridas más profundas. Me voy a poner un poco profunda y personal, creo que ya es momento, llevamos un mes conociéndonos, ¿no? Así que, si queremos crear conexiones genuinas, parte de ellas tiene que ver con dejarse ver vulnerables, y aquí estoy yo, enseñándote en dónde me duele.

Soy la de en medio de 3 hermanas, ya sabes, la sándwich. Mi papá falleció cuando yo tenía 7 años, en el mes que cumplía 8, así que mis cumpleaños desde entonces no han sido de los más felices. Mi mamá falleció 4 años después, cuando yo tenía 12 años. Así que sí, autoestima no había y, por donde se viera en ese tiempo, mi vida era: “Una serie de eventos desafortunados”. No lo digo en plan de víctima, sino como alguien que es consciente de su pasado. Hasta cierto punto, ya me burlo de él, pero no les voy a mentir, mi imperio romano siempre ha sido: ¿qué sería de mí si mis padres estuvieran vivos? En fin, basta de tragedias, a lo que veníamos. Todo el tiempo me esforcé, me esforcé mucho por ser una buena hija, una buena hermana, una buena nieta, una buena fotógrafa, una buena escritora, una buena bailarina, una buena trabajadora, y en todos esos campos fracasé. Siempre que tenía oportunidad en algo sentía como si mi vida dependiera de ello, tan es así que, aun haciendo las cosas, sentía cómo el éxito y las oportunidades se me disolvían de las manos. Era hacer las cosas desde la ansiedad, que a pesar de que me dijeran: “disfruta el proceso”, no tenía límite para la autoexigencia. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo disfrutar de lo que hago? ¿Por qué no puedo disfrutar de lo que soy? ¿Por qué, haga lo que haga, siempre voy a tener ese vacío? ¿Por qué, haga lo que haga, nunca será suficiente para mí?

La gente me felicitaba por mis logros, pero era extraño, nunca los sentí, solo era un: “al fin acabé” y comenzaba una ansiedad nueva: “¿Qué sigue?”. Pero eso sí, cuando fallaba… cuando fallaba… ahí sí existía un completo reconocimiento hacia: “¿ves?”, “¿ya viste cómo no puedes hacer nada bien?”. Fui muy agresiva conmigo, con lo que hacía. Todo lo que comenzaba como sueño o me diera felicidad, al hacerlo se volvía un pendiente más por entregar, algo más que cumplir, una obligación. Hasta que, de repente, pararme de mi cama, tenderla, se comenzó a sentir como un gran y enorme logro; cumplir con mi rutina era un pulgar hacia arriba frente al espejo.

Fue un día que estaba viendo un video de una entrevista a Natalia Téllez, donde menciona cómo fue crecer sin esta figura materna: “Si alguien increíble como mamá se va y yo me quedo, tengo que poder hacer algo que valga la pena. Cuando no tienes una mamá, te das cuenta de que en realidad a nadie le importa tanto nada de lo que hagas. Tendrías que hacerlo muy, muy mal o muy, muy bien para que importe”.

Fue muy doloroso escuchar este testimonio porque para mí encajaba completamente con el vacío que sentía en ese momento y el vacío que llego a sentir hoy en día. Independientemente de cómo se originó esa herida, la realidad es que vive en nosotros. El esfuerzo de hacerlo todo y el vacío que provoca sentir o ver que nada se ha logrado.

Es curioso cómo escribo esto y tengo mil pensamientos de no sentirme suficiente, de que no tengo ni idea de lo que estoy hablando y debería mandar un aviso de que no subiré nada para esta quincena. Porque estos días nada de lo que sale de mi mente me gusta. Estoy intentando que me importe un carajo, disculpen mi lenguaje soez, pero en verdad me desespera, y esa es mi manera de lidiar con la insuficiencia. He de recordarme que, así ganara el premio mayor, pensaría: “que es porque se equivocaron o los estoy engañando”. Así que me digo: “Me importa un carajo”.

Qué complicado es ser real. Buscaba en mí palabras amables para decirles, pero la verdad es que no tengo ni idea de cómo se quita el sentimiento de insuficiencia, no sé. Y es por eso por lo que sigo, porque sé que nunca será suficiente, así que continúo con mis escritos o con lo que sea que esté haciendo.

¿Volveré a dejar de hacer lo que hago por no considerarlo perfecto?

No, aunque algo me saliera perfecto, esta mente jamás lo sabría distinguir, jamás estaría conforme con lo que haga. Y es aquí justamente en donde aparece esta bella filosofía que les hablé desde un inicio:

CAPÍTULO XXXVIII

“El hombre de virtud superior no ejercita la virtud,
y por eso es virtuoso.
El hombre de virtud inferior se aferra a la virtud,
y por eso carece de virtud.
El hombre de virtud superior no actúa
ni pretende alcanzar fin alguno.
El hombre de virtud inferior no actúa, más pretende alcanzar algún fin…”

Lao Tse

Entiendo por qué le dicen filosofía para fracasados. Lo soy, me rendí, nunca será suficiente, nunca lo seré. Es por ello por lo que, como Aristóteles, trabajo desde: “el fin en sí mismo”. No sé cómo construir metas, no sé soñar, no sé hacer un proyecto de vida; es más, a veces me considero lo que la sociedad definiría como un parásito o bueno, otra vez, para la mentalidad de la sociedad capitalista.

¿Saben qué sí sé hacer?

Ser el Auriga de mi propia realidad, aunque a veces me ganen mis caballos y me traigan a rastras, pienso que eso a todos nos pasa, pero da vergüenza admitirlo.

Claro que me gusta la validación externa, pero no la tengo; la validez que tengo viene de mí, cuando soy capaz de voltearme a ver al espejo y alzar el pulgar en señal de apropiación: “lo estás haciendo bien, lector”, “lo estás haciendo bien, Angie”, y de nosotros puede escapar una sonrisa chiquita para nosotros.

Como diría Lao Tse: “el hombre de virtud superior no ejercita la virtud y por eso es virtuoso”. Lo que mi capacidad de entendimiento me da para explicarlo: “Un perro es perro, no porque busque ser perro, sino porque solo es”.

Uno, cuando busca ser suficiente, deja de serlo, en automático. Porque la virtud no se busca, solo se hace, porque entonces ya no sería virtud, sería otra cosa.

Ser suficiente no se busca, porque ya lo eres, ya lo somos. Tenemos en estos momentos un corazón latiendo, pulmones funcionando, tus ojos leyendo esto, tu mente trabajando, y aun así, ¿te atreverías a decir que no es suficiente? O ¿nos atreveríamos a decir, incluyéndome, que no es suficiente nuestra existencia?

Dividamos nuestros pensamientos:

  • Propaganda parasitaria del sistema.

  • Traumas. (La voz que te dice que no es suficiente, ¿a quién te recuerda?)

  • Validación externa. (La mayor parte de veces solo se enfocará en el resultado; abrázala, pero sé consciente ante ella: ni tan arriba para no perder el piso, ni tan abajo para no poder disfrutarla).

  • Tu propia validación. Solo nosotros sabemos cuánto nos arrastraron nuestros caballos para poder estar aquí; si te cuesta reconocerte, “el fin en sí mismo”, todo lo demás será resultado o consecuencia de lo que hagas o dejes de hacer.

En estos momentos de mi vida, si me preguntaran: “¿Qué haré de mi vida o qué espero de la vida?”, les diré que “nada”, ya sea la nada de Cristian Castro o la nada de Marx.

“Puedo cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado por la noche y criticar después de cenar, tal como me plazca, sin convertirme jamás en cazador, pescador, ganadero o crítico”…

Ahí le agregaría de mi parte: “Solo yo y una eterna nada”.

Te mando un abrazo.
Angélica Sánchez

 

Comments

comments

asf
ANTERIOR

Empresa del nuevo titular de la ASF recibió contratos públicos

narcopolíticos
Siguiente

Narcopolíticos: dos cárteles, todos los partidos y millones en dinero público

ÚLTIMA ENTRADA

La vida después de ti

Ya estamos en el cochino septiembre y estoy leyendo un libro que me recuerda a ti. Lloro con cada página y me
frojiMXTop