La dignidad del ser humano
La dignidad del ser humano

La dignidad del ser humano

2026-01-21

El ser humano es tan poderoso, tan capaz; lo he visto una y mil veces romperse. Lo he visto cruzar ríos, montañas; lo he visto descomponerse; lo he visto anhelar por morir; lo he visto matar partes de sí mismo; lo he visto rogarle a Dios convertirse en cenizas.

Lo he visto enteramente descompuesto, putrefacto y, aun así, en lo más recóndito, en lo más doloroso, en lo más profundo, lo he visto florecer. Lo he visto respirar nuevamente, como si recuperar ese pequeño respiro le diera toda la fortaleza para transformarse; lo he visto transformarse en todo aquello que le faltó.

Lo he visto convertirse en amor. No hay criatura más extraña que cuando es golpeada, traicionada y, aun así, decide convertirse en compasión y en empatía. Tal vez tú no tengas la suficiente capacidad para confiar en el ser humano. Tal vez hay personas que te han traicionado. Tal vez hay quienes han desafiado la confianza que tú mismo le pusiste a tu propia especie, pero mi recomendación sería:

Mírate en un espejo. ¿A quién ves? ¿Te transformaste en eso que te hicieron o decidiste que no? Es ahí donde radica el verdadero poder del ser humano: en decidir no ser quien(es) lo amedrentaron. Decidiste ir más allá, ir más allá de lo que conocías; rompiste completamente todos sus conceptos y quedaste neutral, navegando por el limbo de las emociones, y te volviste a construir pieza por pieza.

Esa es la capacidad del ser humano. ¿Qué no lo ves? Pensarás: ¿para qué? Justamente, justamente para eso: nadie va a vivir lo que a ti te corresponde vivir. Nadie va a vivir lo que tú decidas para ti. Nadie, ni siquiera yo, ni siquiera los que dicen amarte o los que verdaderamente te aman. Nadie va a vivir tu propia historia más que tú mismo.

Pensarás nuevamente: ¿para qué la quiero? Si solo sufro, si solo hay penurias. Bueno, entonces hay que saber cómo decides convertir las cosas. Bien decía la metáfora de Jesús, que era capaz de convertir el agua en vino. Creo que tenemos un poco de él en nosotros. Porque nosotros podemos convertir el odio en compasión y en misericordia; así como la vergüenza en valor, podemos romper todos los paradigmas.

Podemos ir siempre más allá; solamente depende de cada uno qué es lo que quiera para sí mismo, independientemente de la realidad en la que estés, independientemente de la realidad en la que yo esté.

Posiblemente si fuese mendigo, te diría: —“Me volví loca, pero soy libre”—, como Diógenes.

Posiblemente tú, como Platón, me dirías: —“Eres libre, sí, tal como lo es un perro callejero: libre, pero sin rumbo”—. Y yo respondería con risa, porque ¿quién de los dos parecería más encarcelado? ¿Aquel que quiere controlarse a sí mismo o aquel que navega por esta jungla convirtiéndose en un salvaje, pero al mismo tiempo libre? No lo sé. El ser humano es una criatura fascinante.

La encuentro verdaderamente fascinante. Soy parte de esta especie. Solamente quiero recordarle al mundo, quiero recordarte a ti: ten dignidad. Recoge lo que queda de ti; recoge tus pedazos; vuélvelos nada; conviértete en nada y recupera tu valía. Recupérate, recupérate a ti mismo, porque verdaderamente te digo que vale la pena tu vida.

No sé quién seas, no sé a dónde vayas, no sé qué hagas: vale la pena; vales la pena; valemos la pena como seres humanos. Solamente hay que tener dignidad, responsabilidad para cambiar lo que pensamos que no podemos cambiar. Sí podemos, y si es en conjunto lo hacemos mejor.

Más allá de todo, más allá de ti, hay diferencias, pero pocos quieren hacerlo. Pocos quieren la responsabilidad de lo que esto conlleva y nos la pasamos levantando la mano, juzgando a otros, creyendo que todos tenemos la verdad absoluta, pero ni siquiera conocemos lo que es la verdad.

¿Quién puede encontrar la verdad si se la pasa mintiéndose a sí mismo sobre el pobre concepto que se vende a la idea de quién es? ¿Quién eres? ¿Eres un concepto, eres una etiqueta o quién eres?

No te juzgo si me dices: “No sé”. Creo que eso es muy honesto. Si me dijeras que sabes quién eres, dudaría de ti. ¿Por qué? Porque te estás encerrando. Más allá de todo, más allá de ti, más allá de este universo, hay algo que se formó para que tú existieras.

Sí, hay personas que están sufriendo y tú estás bien desde tu fortuna; desde mi fortuna te digo: vive bien. ¿Qué es eso? Solamente tú lo sabrás. Yo te pudiera decir: vive caminando hacia la verdad siempre. Pero esa es mi manera de vivir.

Siendo honesta, siendo honesta con el mundo, siendo honesta conmigo, y eso cuesta, cuesta mucho, porque dejas de mentirte. Porque dejas de buscar culpables y te vuelves dueño de tu vida; te vuelves dueño de ti mismo y, créeme, no hay nada mejor que ser consciente de su propia existencia. Solamente podrás atravesarlo si eres valiente. No digo que no dé miedo y que no cueste; justamente por eso se requiere valor. Porque le tenemos miedo al dolor, pero duele más sostener una realidad de la cual nos negamos a conocer, aceptar y cambiar.

¿Valdrá la pena?

Amigue mío, si llegaste hasta aquí es porque estás buscando algo diferente, es porque estás cansado(a) de sostener una realidad insostenible. Vienen tiempos de incertidumbre donde solo nos queda cooperar entre nosotros para sumar a estos espacios donde se sienta uno abrazado en el mundo. Sé ese espacio: para ti, para mí, para todos. Porque, como dice el expresidente Andrés Manuel, “el pueblo solo puede ser salvado por el mismo pueblo”.

Te mando un fuerte abrazo.
Angélica Sánchez.

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