¿Qué te hizo seguir?

2026-05-06

Una columna íntima sobre los sueños, la música como refugio y esas canciones que llegan justo cuando más necesitamos un lugar donde descansar.

¿Cómo estás el día de hoy? ¿Sientes calor, sientes frío? ¿Qué sientes? ¿La vida se puso un poco más suave, complicada o igual? En estos momentos mi vida es tranquila, aunque un poco abrumada por diferentes cosas que tengo que hacer. Yo solo quería darle la bienvenida a los BTS, pero resulta que también tengo trabajo que entregar; en fin, cosas de clase trabajadora. Estoy próxima a ir a su concierto y eso me tiene desbalanceada mentalmente. Quiero acomodar y poner bonito mi outfit, pero mi trabajo me dice: “Hola, me tienes que entregar”, y no lo soporto. ¡No quiero hacerte! Así que me vine a refugiar aquí, contigo.

¿Has cumplido algún sueño? Yo estoy próxima a cumplir uno. Sé que con anterioridad te dije que me costaba trabajo soñar y ponerme una meta. Bueno, no fue como una meta: fue como un anhelo, una esperanza. ¿Has escuchado esa frase: “BTS salvó mi vida”? Ese fue mi caso, pero ahora, como adulta, creo más bien que no quería morir y busqué de diferentes formas agarrarme de algo para sentir que no iba a caer o que, si lo hacía, caería en colchoncito.

Y ahí estaba yo, haciendo conciencia de lo que fue mi pasado y de lo que era en ese momento mi presente. Veía mi entorno, que era triste, violento, asfixiante, y justo ahí, justo ahí… llegaba una canción llamada Magic Shop: “Sé que estás dudando, incluso si digo tu verdad. Al final, todos vuelven con cicatrices. No diré cosas obvias, como: ten fuerza…”. “No diré cosas obvias, como: ten fuerza”.

Yo no buscaba ser fuerte en esos momentos, yo buscaba consuelo, compañía. Fue en ese momento que me dejé abrazar por su música y los volví el sonido de mi sanación. Me acompañaron; en lugar de llenar mis vacíos con personas, los llené con música, con sus historias.

“Solo quiero ser feliz. ¿Será que estoy siendo demasiado codicioso?”

Un alma rota en ese momento solo anhelaba sonreír, que saliera el sol, dejar de sobrevivir, dejar de correr. ¿Por qué parecía que estaba pidiendo demasiado? ¿Por qué parecía codicia querer estar bien?

He estado volteando a ver mi pasado porque agradezco el momento en el que hoy estoy. He madurado, he crecido, he entendido que no, no era codicia. Pero las almas que crecen obligadas al agradecimiento por diversas situaciones de la vida creemos que somos difíciles de querer; seguro tú entiendes a qué me refiero.

Escuchar eso de tu propia familia duele, ¿verdad? Sientes que hablas otro idioma cuando solo pides ser tratado como un ser humano. ¿Codicia? ¿Codicia el querer ser feliz? Qué bello que ahora sé que no. Codicioso es aquel que ya comió y aun así les quita la comida a quienes no tienen nada. Qué cosas, ¿no?

A veces nos tratamos como si nosotros fuéramos los que aparecemos en la lista de Epstein, cuando solo exigimos respeto. Pero para quienes crecimos mendigando amor, sentimos que tenemos que besar los pies a quienes dicen querernos. Menciono “dicen querernos” porque una cosa es decir y otra la acción, pero uno que crece carente no sabe diferenciar y se vuelve presa fácil de aquellos que le hablan lindo, pero lo tratan mal.

Con la música de BTS, verlos actuar, ver hasta dónde podía llegar un ser humano entrenado, se vuelve impactante y comienzas a ver hacia otro lado. Dejas de prestarle atención solo al vacío de tu alma y descubres que la disciplina es parte fundamental de lo que quieras lograr. Obviamente también tiene que ver con las condiciones materiales y no solo con la idea del “échale ganismo”; me refiero más a la disciplina del cuerpo y al estudio.

Podía pasarme horas viendo sus coreografías, viendo la traducción de sus canciones y descubriendo los mensajes que dejaban en ellas. No era el típico “échale ganas y algún día serás como yo”; no, era un: “Está bien no estar bien, y te acompaño”. No había prisa: había una canción validando esa emoción.

“No soy un héroe, no soy un villano, es más, apenas y soy algo…”

Me gusta la honestidad emocional en el arte. Por eso decido ser honesta conmigo misma, porque crea puentes desde un: “justamente así me siento”. El conflicto de las contradicciones, lo imperfecto que es un ser humano, lo agradable y desagradable que puede llegar a ser. Encuentras mayor sentido en alguien que es honesto con su emoción y con lo complicadas que se pueden poner las emociones si no las dejamos ser.

Entiendo que es un poco contradictorio porque viene de una empresa que alimenta el consumismo y el capital. No crean: he tenido demasiado conflicto con ello y es complicado. Por una parte, tengo mi añoranza de “qué emoción, los iré a ver”, y por otro lado tengo una empresa extranjera facturando con mi emocionalidad.

¿Está bien o está mal? “Hay gente que se periquea”, me digo. Cada quien tiene su manera de salirse de la cotidianidad. Hay una canción que pregunta por tus historias y por qué sigues caminando con nosotros.

“Cuéntame todas tus historias

Dime por qué no detienes esto,

Dime por qué sigues caminando, caminando con nosotros”

Cómo tres líneas me dan motivo para seguir. Tal vez en ese momento me sentía tan sola que escuchar que alguien se interesaba en por qué seguía aquí me motivaba y, justo, me motivé a hacer algo diferente por mí. Amo la música en general. Cuando me muera quiero que me entierren con una bocina y pongan mi lista de reproducción en aleatorio para poder seguir bailando a donde sea que llegue, porque en ella encontré lo que no podía decir, lo que me negaba a ver. Encontré felicidad, encontré diversos artistas que me regalaron sus ritmos, sus frases, y les di sentido en mi vida.

El próximo jueves estoy por cumplir un sueño que me mantuvo con vida todo este tiempo: “Angie, no te puedes morir, aún no hemos cantado Mikrokosmos en vivo”.

Lo bueno de la Matrix es que la música es buena.

Cuéntame, ¿qué fue lo que te hizo seguir?

 

Te mando un abrazo.

Angélica Sánchez.

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