¿El futuro está en las redes sociales?

2026-05-20

El mundo digital es vacío, lleno de moralidades, lleno de discursos que no entendía muy bien, pero que me hacían sentir perteneciente.

Llevo bastante tiempo observando el mundo digital. Todo parece un caos, como si estuviera cada vez más dañado. Te metes en los comentarios y la gente se muestra cada vez más hostil; pareciera que compiten por ver quién hace el comentario más horrible.

Después volteo a mi ventana y veo mi jardín. Veo que mis plantas han dado flores, que los pájaros vienen a cantar pasadas las 4:00 de la tarde y que, por la mañana, un petirrojo se asoma a la ventana. Observo las abejas y, cada tanto, me peleo con ellas porque soy alérgica y parecen tener un gran amor por mi lavanda.

Regar muy temprano o muy tarde me gusta. Casi, casi cuando se está despidiendo o asomando el sol en su crepúsculo. Se siente cálido y el aire un poco fresco. Con este calor me encanta mojarme los pies mientras riego y sentir el aire en mis pies mojados.

Termino de hacer eso y tomo el teléfono.

Otra vez el ruido.

Me gusta mucho una idea de Namjoon en la canción Wild Flower, cuando habla de sostenerse en medio del amanecer, sacar algo desde lo más profundo y seguir hablando en silencio en una sociedad donde todos parecen gritar.

¿Por qué nos sentimos tan solos si estamos tan conectados?

Qué conveniente, ¿no? Te hago creer que estás cerca de quienes quieres, pero ni siquiera conozco los nombres o las caras de mis vecinos. Cuando vienes de pueblito todavía hay esa cercanía: están las viejitas regando sus plantas a la misma hora, el jardinero llegando para poner bonitos los arbustos y la señora del atole en su bicicleta.

He de confesar que también me cuestiono sobre dejar mi moralidad de lado al momento de relacionarme. Ya sabes, esos comentarios incómodos cuando escuchas: “El pobre es pobre porque quiere”. Yo sé que no, pero he llegado a cuestionarme muchísimo sobre cómo crear cercanía cuando se ponen enfrente diferentes ideologías.

¿Me veo de amiga de un temachero? Honestamente no, pero uno nunca sabe de quién va a venir la ayuda el día de mañana.

Me cuesta, de repente, escribir, ya que solo tengo preguntas sin resolver al aire y no he podido llegar a conclusiones. Solo divago e intento comprender el mundo real, no el de redes. Ahí todos peleamos por la razón, cuando la razón, después de tanta información, se vuelve invisible.

¿Somos buenos, somos malos o somos todo? ¿O solo estamos presos?

Es que justo ese es el porqué de mi cuestionamiento. Independientemente de la ideología que tengamos, independientemente de en qué Dios se crea, independientemente de lo que te guste, todos estamos encadenados. Algunos tienen más cadenas que otros —a menos que seas parte de la clase parasitaria de la élite—. Somos presos. Presos que comenzamos a gritar en internet, peleando desde nuestra caverna y, al mismo tiempo, solos, sin nadie que quiera hacer comunidad.

También menciono esto porque quien conoce al ARMY sabrá que, como somos muchas, es un tanto complicado. Hubo grandes pleitos en los que fui partícipe: que si tú eres más fan o no, que si los ideales… En fin, me disgusté honestamente y me cerré. Dije: “Únicamente iré a ver a BTS, seré feliz y ya”.

¿Qué pasó?

Al momento de haber abordado mi transporte, yo ya estaba platicando con un grupo de ARMYs muy graciosas, muy lindas. Intercambiamos freebies, elogiaron mi forma de vestir y platicamos en los baños de lo requemadas que estábamos.

Fue bellísima la convivencia. Fue bellísimo, inclusive, sanar con ellas la depresión postconcierto y la amnesia. De eso se trata una comunidad: no te conozco, no me conoces, nos une un mismo fin, el saber qué es querer morir y encontrar refugio en la música.

Las redes sociales son el placebo mayor. Te hacen sentir que puedes y, al mismo tiempo, te hacen sentir que es tu culpa si no lo logras. Pareciera que estamos más presentes, más informados, pero solamente tenemos racimos de verdad. Y lo más chistoso y preocupante es que, a veces, ni siquiera alcanzamos a percibirlo.

Las redes sociales antes parecían aquella puerta de información contundente para hacernos conscientes.

¿El problema?

Que el cuarto poder se enteró de cómo hacerlas funcionar.

¿Cuál es el cuarto poder?

Las redes de comunicación como el periódico, la radio, la televisión y ahora internet.

Aprendieron cómo usarlas a favor mediante bots, noticias falsas, noticias sensacionalistas. Aprendieron a manipular mejor y a bombardearte de propaganda; a hacernos creer que somos más conscientes y más cercanos, pero…

¿Cuántos amigos reales tienes? ¿Ves a la cara a las personas cuando te hablan? ¿Nos vemos a los ojos? ¿Existe una red de apoyo?

Algunos sí. Y justamente ese es el problema: que no debería ser “algunos”, deberíamos ser todos.

Mi tema con todo esto es que a veces creemos estar más cerca de la verdad. Al principio, las redes sociales parecían un espacio donde las televisoras quedaban al descubierto y era sencillo distinguir entre una y otra, pues aún las empresas y aquellos que llevaban el mando no sabían controlar la información.

Pero, como todo, todo se llenó muy rápido.

“El futuro está en las redes”.

Alejarme de ellas y dejar de ser partícipe de esa jungla me ayudó a comprender mejor cómo operaban. Hace tiempo que dejaron de operar como una verdad alcanzable y ahora se convirtieron en “la verdad que quieren que veas”.

Hay verdades prefabricadas. Hay personas que se aprovechan de discursos para tratar de inyectar un veneno mediante redes, casi indistinguible.

También le podemos sumar otra cosa a este discurso:

Uno ya tiene una verdad prefabricada en la mente, que solo busca otra verdad similar para justificar el discurso. Pero eso no quiere decir que, por sí mismo, mi argumento o lo que pienso sea una verdad sostenible.

“El argumento que trasciende más allá del tiempo se pudiera denominar como verdad”.

Las redes sociales antes eran una fuente de información muy rica, pero era porque la gente aún tenía la capacidad de cuestionarse. Las redes nos ofrecen un mundo de comunicaciones y conexiones para aquellos que queremos.

Pero ¿por qué en la realidad vemos a muy pocas personas conviviendo? ¿Por qué pareciera que somos más frívolos e intolerantes? El mundo digital nos dio una libertad amplia que no supimos qué hacer con ella, así que decidimos volvernos a poner las cadenas para poder seguir siendo esclavos.

Esclavos de la verdad. Tenemos respuestas; por ende, ya no hacemos preguntas.

Antes teníamos un sentido. Después, el sentido se fue perdiendo y solamente buscamos mostrar nuestro narciso y frágil ego. Lo suficiente para vendernos y controlarnos nuevamente.

Acariciándote como una hermosa víbora, ascendiendo a tu cuello, rodeándolo suavemente. Se siente como una fría caricia, pero satisfactoria para ti, que nunca has sentido cariño. Hasta que te tiene rodeado, sofocante.

¿Qué es eso? ¿Ansiedad?

Haciéndote culpable por no seguir adelante, mientras poco a poco va apretándote más el cuello.

¿Qué está pasando con el mundo?, me pregunté.

No, estaba mal la pregunta.

¿Qué está pasando conmigo?, refuté.

Así que sí, le puse límite a esto: TikTok —todos amamos los videos de animalitos—, porque el ocio también es un derecho; podcasts, películas y música. Todo aquello que me genere cierta inquietud para expandir mi conocimiento.

Acostumbrándome a la incomodidad del silencio. Acostumbrándome al vacío para no llenarme la cabeza de incertidumbre o angustia que no puedo controlar.

Cierro con esta frase que escuché en el podcast de mi maestro Mateus Ruzzarin:

“Pensar con todo el rigor posible, usar cada herramienta y análisis que poseemos, para mantener siempre la humildad de saber que la realidad es más grande que nuestros conceptos”.

Que nuestro fin no sea solo buscar tener la razón. Que sea reconocer cuánto cuesta vivir y mejorar el mundo para los otros. Convirtámonos en ese humano que necesitamos encontrar y en aquel que entienda que la razón no es el fin, sino la compasión, la empatía y, ya saben que aquí se es cursi, el amor como fin en sí mismo.

Como recordatorio: saca a pasear a tu perro, límpiale el arenero al gato, riega tus plantas, besa a tus hijos y llámale a tus padres y hermanos.

Te mando un abrazo.

Angélica Sánchez.

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