Qué viva México

¡Qué viva México! (O “Fifís vs Chairos”)

Después de estar varios meses con muchas ganas de ver la nueva película de Luis Estrada, ¡Que viva México!, el día de ayer pude ir al cine, tengo que admitir que salí un poco decepcionado de esta entrega. Voy a explicarles porqué SIN spoilers.

Hay que reconocer que millones de personas fuimos politizadas con las cintas de Estrada; la máxima de la “Ley de Herodes” (¡o te chingas o te jodes!), y todas las películas que filmó a partir de un elenco maravilloso (Damián Alcazar, Joaquín Cosío, Salvador Sánchez, José Manuel Poncelis y otr@s) eran para mí ejemplo de un humor ácido e ingenioso. Sus diálogos siempre hacían una dura crítica al poder, ojo, no al gobierno, al poder, que es bien distinto.

A través del lente de Estrada se desnudaba la corrupción y la actitud bárbara de la clase gobernante, se mostró la perversión de la iglesia, la hipocresía del conservadurismo panista, hizo una radiografía al narcotráfico, tornó transparentes los mecanismos ruines del duopolio televisivo, y sí, también hizo una gran estampa de los poderes económicos que mantienen un modelo desigual para enriquecerse obscenamente. ¿Qué pasó, entonces, en la cinta más reciente titulada “¡Qué viva México!?; tengo una teoría al respecto.

Estereotipos Vs Personajes complejos

Un estereotipo es una imagen preconcebida o una idea generalizada que se tiene sobre un grupo de personas y suele estar basada en prejuicios o simplificaciones exageradas. A menudo están basados en estigmas, discriminación y su aparición suele empobrecer el discurso (en una película, el estereotipo va en detrimento de la construcción del personaje y la propia historia al recurrir a lugares comunes).

Por otro lado, construir un personaje más complejo requiere un análisis mucho más detallado; una observación objetiva y fundamentada. Aunque es válido y se suele recurrir a los arquetipos, se intenta sorprender al espectador con la profundidad de su pensamiento en la toma de decisiones (no basadas en prejuicios). Estrada solía tener este tipo de personajes y más adelante les compartiré algunos ejemplos.

Aunque la línea del filme aparentemente es la misma -ya que está enmarcada en una saga cuya ironía siempre fue un elemento presente- esta es la película más flaca para construir el personaje principal de su crítica: los pobres.

Tengo la impresión -evidentemente este es un artículo de opinión totalmente subjetivo- de que la crítica en esta película no es tanto al gobierno y al poder establecido como en ocasiones pasadas; es una suave y complaciente caricia a un público que no se cansa de criticar a los votantes del gobierno actual, ese “pueblo bueno” que sigue igual de pobre después de votar “por su mesías”, pero lo hace con argumentos flacos y recurriendo al chiste simplón que caracteriza a las malas comedias mexicanas.

Qué viva México

El pueblo bueno… ¿es malo?

Ray Bradbury decía: “Para combatir los regímenes autoritarios, nada mejor que reírseles en la cara”, el humor tiene una gran dosis de crítica contestataria; desacraliza, ridiculiza, expone y arrastra. No obstante, no todo el humor cumple con estas características; de hecho, una de las principales críticas que podemos hacerle al cine mexicano es que esté tan relacionado con esa falta de conciencia para reírse del poder.

Es decir; las películas de comedia mexicanas (esas que se producen por docena cada año con Omar Chaparro, Eugenio Derbez y los mismos comediantes de toda la vida) suelen utilizar los estereotipos para construir una receta fácil de digerir; los fresas, los nacos, los Godinez, los punks, los niños bien… y sí, los chairos y los fifís.

Las películas pasadas de Estrada solían tener actuaciones complejas y memorables; Varguitas (en todas sus facetas) era un arquetipo jamás mencionado en otras películas, un político de la escuela clásica priista cuyo discurso de la revolución le mantenía cómodo en las arcas del presupuesto. El “Cochiloco”, por ejemplo, era un personaje que todos ubicamos de la cultura del narco cuya vocación sangrienta era proporcional a su cariño hacia “El Benny”, estos dos lucían muy bien construidos, eran frescos, innovadores y trascendieron a la historia por haber representado esencias sin caer en la exageración. No eran personajes caricaturizados, pero sobre todo, no eran imbéciles.

Habiendo muchísima tela de dónde cortar (y la película tiene destellos, como cuando se burla de los políticos reciclados de Morena que son un cáncer en el sistema político actual), decidió encarnar el vicio, la corrupción, la estupidez, el alcoholismo, exclusivamente en los pobres de su filme. No voy a tomar una actitud paternalista tampoco; la gente, en general -sí, también el “pueblo bueno” como dice el presidente- está llena de vicios y defectos (“La democracia perfecta sólo puede existir en una sociedad de ángeles” dice Rousseau), no obstante, cuando tenemos que encontrar el huevo o la gallina, la decisión que toma el director es culpar a los propios pobres de su pobreza.

El mensaje detrás de la cinta sí está relacionada con “el pobre es pobre porque quiere”; así escena tras escena el pueblo bueno es flojo -mentira, según los datos de la OCDE somos de los países que más trabajan por menos salario y menos vacaciones-, el pueblo bueno es resentido -todos queremos una camioneta de lujo, gafas caras, un iPad nuevo mas no educación, salud y vivienda-, el pueblo bueno es estúpido -somos capaces de matar a la gallina de huevos de oro para que no la tenga alguien más, ¡como Pemex, pues!-, es decir, el pueblo bueno no es bueno, es malo y el gobierno de AMLO solapa todos estos vicios al regalarles dinero.

A mí me suena a un discurso ampliamente difundido por el mainstream mediático y un muy pobre trabajo de entendimiento de la realidad y el funcionamiento de las comunidades y las rancherías que votaron mayoritariamente por el gobierno actual.

Para entender de qué hablo recomiendo mucho que vean en Netflix la película “Polvo”, escrita, dirigida y actuada por José María Yazpik, la cuál está ambientada en el pueblo de San Ignacio, Baja California. La uso de comparación porque también es una comedia mexicana y a diferencia de la película de Estrada, el pueblo de la cinta es mucho más realista; los diálogos, pero especialmente los silencios en las conversaciones hacen la película muy agradable y llevadera. Tiene un plus; dura tan sólo 1 hora y 28 minutos. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Qué viva México

¿Es mejor no verla?

Nunca, no sólo porque creo qué hay que apoyar al cine nacional, sino porque el propio Luis Estrada sabe lo difícil que es hacer cine crítico en México. Más allá de que crea que erró en el blanco -quizá porque una cinta que desnudara mucho más a la 4T no hubiera sido del visto bueno de Damián Alcazar- el propio camino que recorren filmes así es mucho más sinuoso que el de las comedias baratas que se producen al por mayor.

Eso sí, váyanse preparados porque la cinta es innecesariamente larga; la última media hora, escena tras escena uno cree que se puede levantar del asiento y la película no se termina. Los múltiples personajes de Cosío y de Alcazar, cansan y los cortes, para evitar que sus personajes se crucen en escena, son bastante evidentes (nada más lejano que la cinta de “Los tres huastecos” que intentaron homenajear).

De cualquier manera, la primera hora de la película es bastante divertida y es muy grato el trabajo de Alfonso Herrera y Ana de la Reguera, es más, son los personajes mejor construídos y que se sienten más
naturales, menos forzados y la comicidad que emanan tienen esa esencia que hicieron famosas y memorables las películas de Estrada.

Les recomiendo ir a verla sin tanto prejuicio; al final de cuentas es una comedia con un puñado de los mejores actores y actrices que tenemos y siempre será un tema de discusión interesante para llevar a la mesa familiar y “polarizar” (palabra que debería ser cambiada por “politizar”) a chairos y fifís.

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Mis amigos me dicen: Rafachairo y otros Rafifí. Soy hincha de los Pumas y actualmente curso un doctorado porque puedo y porque quiero. Me gusta el cine y luego soy medio mamador, una disculpa anticipada.

Sociólogo, Maestro y Latinoamericanista.

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