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Porfirio Díaz: entre el amor y el odio

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Hace 107 años inició la Revolución Mexicana con el fin primario de derrocar su dictadura. Tras su renuncia y posterior muerte en el exilio, el oaxaqueño ha estado en el centro del debate público: ¿Es Porfirio Díaz Mori uno de los grandes villanos de la historia nacional o es un antihéroe infravalorado?

Una encuesta realizada por Juristas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) coloca a Porfirio Díaz entre los mejores presidentes del país, en otro listado similar aparece junto a los peores mandatarios.

El juicio de la historia contra Díaz Mori es de claroscuros, el debate está claramente marcado.

Fallecido en el exilio en París, Francia, lejos de su natal Oaxaca, y cinco años después del inicio de la Revolución Mexicana, Porfirio Díaz Mori abandonó este mundo convencido de que dejaba un México mejor que aquél de 1877, cuando ocupó el cargo por primera vez.             

Lo cierto es que la historia oficial se ha encargado de convertirlo en un total villano, menospreciando el papel importante que realizó al levantar a un país en ruinas.

Según sus mismas palabras, “México pasó de la anarquía a la paz, de la miseria a la riqueza, del desprestigio al crédito y del aislamiento internacional al reconocimiento universal“.

Y es de reconocer que Porfirio Díaz logró durante 35 años de gobierno la anhelada estabilidad en el país, la cual no se conseguía desde la independencia y que se acrecentó a causa de la invasión norteamericana, la intervención francesa, así como por la Guerra de Reforma.

Además, concilió rencillas partidistas, se congració con el clero y dio fin a la inestabilidad política.

En las más de tres décadas de mandato, México se modernizó, comenzó el crecimiento económico, se favoreció la inversión extranjera, se reactivó la minería y la industria, abrieron los bancos, así como las compañías de seguros.

Asimismo, las regiones aisladas del país comenzaron a comunicarse con miles de kilómetros de vías férreas.

Claramente y como toda dictadura, no todo fue miel sobre hojuelas, ya que domesticó y sometió a los poderes federales, desarrolló un régimen autoritario y su voluntad personal estaba por encima de la ley.

Además, el glamour que se respiraba en la oligarquía porfirista contrastaba con la miseria y la desgracia de una gran mayoría, el pueblo.

Se favorecía la inversión extranjera, pero se pagaban salarios miserables en condiciones de trabajo inhumanas.

La gota que derramó el vaso porfirista fue la declaración de Díaz al periodista estadunidense James Creelman, donde decía que México estaba preparado para la democracia y que vería con buenos ojos a la oposición.

Sin embargo, se volvió a reelegir en 1910, olvidando sus palabra, lo que derivo que Madero “desatara al tigre” para comenzar la primera revolución del siglo XX.

El intento de reivindicación de Porfirio Díaz en la historia de México ha dejado polémicos actos.

Desde finales del Siglo XX, se busca que los restos del exmandatario sean repatriados desde París, sin logro alguno.

También, en 2015 se develó entre abucheos y aplausos una estatua del dictador en Veracruz.

E incluso una encuesta del diario Reforma, donde pregunta qué nombre le podrías al Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), el de Porfirio Díaz es el que tiene más votos.

Mueres siendo un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano, así José de la Cruz Porfirio Díaz Morí será recordado, pues el fin no justifica los medios y en palabras de Álvaro Obregón “el único error que cometió fue envejecer.”

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