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Amigas

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¿Cómo es posible que sus amigas la dejaran ahí? ¿Cómo es posible que hablen de sus amigas cuando a quienes debemos repudiar son los feminicidas? Son las dos caras de la discusión desde que Debanhi desapareció en Nuevo León y hace unos días se confirmó el hallazgo de su cuerpo. 

Desde hace poco más de un mes quería escribir algo sobre la amistad, sobre mis amigas y aunque tal vez no imaginaba escribirlo en un contexto así, las ideas me llegaron más de golpe en un momento de procrastinación y en el que se me apilan los pendientes.

El momento que me hizo sentir esa gratitud e inmenso cariño (más del habitual) por mis amigas fue el pasado 8 de marzo. Después de unos días de pesadilla y los meses o años de pandemia, me reencontré con muchas de mis amigas y de ser dos o tres las que marcharíamos juntas, terminamos siendo un grupo de más de 15, un mini contingente formado por amigas de otras amigas, pero que ahí estábamos entre todas compartiendo agua, bloqueador, hasta pancartas.

La marcha, que había tenido la mala propaganda del gobierno de la CDMX de ser “extremadamente violenta”, resultó ser una de las más tranquilas últimamente, con todo y que nos tocó ser gaseadas. Pero vaya, el tema en este texto no es la marcha.

Aquella vez, fue la primera que en dos grupos de WhatsApp de distintas amigas -que no fueron a la marcha- sugirieron monitorearnos y se mantuvieron pendientes de nuestra ubicación, y así marcharon con nosotras. Incluso, las que nos separamos seguimos avisándonos hasta que llegamos a casa.

Eso antes no pasaba y aunque se lee controlador, paranoico, me hizo sentir muy acompañada, querida.

Más de un mes después del 8M, Debanhi desapareció y su caso atrajo miles de comentarios en los que dolía que sus amigas la dejaran sola, muchos de ellos revictimizantes, punitivistas y acosadores. Las culpaban más a ellas que a quien raptó y violentó a la joven de 18 años y al sistema que protege esta violencia patriarcal.

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Era entendible esa molestia porque ¿cómo se te ocurre dejar sola a tu amiga y mandarla en un Uber estando las cosas como están? pero ¿por qué hemos llegado a un extremo en el que estar sola es equivalente a peligro, a muerte? Pienso en las muchas veces que otras mujeres y yo regresamos solas, no solo de una fiesta, sino de la escuela, trabajo, de cualquier lugar y que en la gran mayoría de los casos a las que menos se les podría recriminar en cualquier situación de peligro sería a tus amistades sino a quien se cree con el derecho sobre ti.

Pensando en el caso de Debanhi y en los muchos errores que encierran al caso, los grandes están en la actuación de las autoridades, la negligencia, la revictimización y el permitir que en este sistema sea tan fácil arrebatar una vida sin consecuencia alguna.

A las pocas horas del hallazgo de Debanhi, unas amigas enviaron mensajes muy hermosos asegurándonos que sin importar la hora, estarían pendientes de nuestra ubicación, que si salíamos, avisáramos, que nos querían bien. 

Al momento en que vi los mensajes, tardé en responder, entre otras cosas, porque cuesta procesar que día con día confirmes lo normalizado que está vivir en la fosa que es este país, que tan solo en tres meses de este 2022 acumula 229 feminicidios y actualmente existen más de 99 mil personas desaparecidas, según la Comisión Nacional de Búsqueda.

Pero tampoco mandé mensajes a otras amigas prometiéndoles estar pendiente de ellas, de su ubicación y aunque escribirlo pudiera parecer una sentencia de mala amiga, quiero pensar que un mensaje de buenos días, comentarles lo que comparten, es una forma de estar presente, de rechazar que el miedo sea lo que nos acuerpe.

Las amistades cambian, evolucionan y antes no estábamos acostumbradas a tener que estar tan pendientes unas de otras. 

Recuerdo que cuando la foto de Debanhi comenzaba a divulgarse, escribí que cuando ella apareciera con vida, nos tocaría reflexionar sobre la colectividad y el acompañamiento en estos tiempos. 

Tristemente Debanhi y muchas más ya no están aquí, y seguiremos cometiendo errores, recibiendo los señalamientos y con ello, espero, aprendiendo a colectivizar cuando parece que es lo único que tenemos.

Amigas, las quiero mucho.

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Periodista, chilanga, feminista y comunicologa de la UAM Cuajis. Apasionada de las letras, el queso, las pasadas y risas.

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