FILE - In this June 16 2014 file photo demonstrators chant pro-Islamic State group slogans as they carry the group s flags in front of the provincial government headquarters in Mosul 225 miles 360 kilometers northwest of Baghdad Branding experts say an unfortunate association with a name like businesses and brands who share the name Isis with the notorious Islamic militant group can scar a company s reputation with customers even if the connection is just coincidental AP Photo File

Breve texto para comprender al EI y al Islam

Parece que el Estado Islámico (EI) va en caída. Esta derrota eventual se deberá al peso de su propio extremismo y al caos social que hay en Siria e Irak, el cual impide la formación real de una sociedad medianamente unificada, y mucho menos, la creación y manutención de un califato que se basa en una versión muy radical del Corán.

Pero, ¿por qué surgió en primer lugar el Estado Islámico? Es la pregunta que se han hecho muchos especialistas y las respuestas no sólo se encuentran en Medio Oriente. La situación social en Europa también explica mucho cómo es que el EI creció con tanta fuerza en poco tiempo.

En primer lugar, el deseo de expansión del Estado Islámico se puede remontar a la misma fundación de su religión. Cuando Mahoma murió en el año 632, dejó una consigna: llevar la palabra de Alá a todos los rincones del mundo. Esto provocó una expansión rápida y agresiva de la nueva fe por todo Medio Oriente, el norte de África y hasta Europa (recordemos, la península ibérica tuvo presencia árabe y califatos hasta 1492).

Los musulmanes de hoy en día no olvidan esta época dorada del Islam (además, esta religión salvó a Europa de la barbarie, al recuperar muchos textos griegos; pero ésa es otra historia), así como los mexicanos creen recordar la magnificencia del Imperio Azteca. Es por eso que una pequeña sección –la más radical– de los fieles al Corán, busca revivir esas viejas historias, con la creación de un califato.

El segundo aspecto importante que hay que considerar es que el Islam (como el catolicismo) está dividido en más de una rama. Las dos principales –y las cuales siempre escuchamos en la televisión, pero nunca se nos explica más a fondo– son la vertiente sunní y la chií. La primera representa al 85 por ciento de la población musulmana en el mundo y la segunda es la que usualmente lidera los gobiernos de los países de mayoría islámica. Bashar al-Assad, por ejemplo, es chií. En cambio, el EI, es de filiación sunní. Lo que hay que puntualizar es que, en ambos lados de la moneda hay extremistas.

Los sunnís son la gente del pueblo, quienes veneran por encima de todo al profeta Mahoma, y son vistos como “la rama más tradicional y ortodoxa del Islam”, según señala la BBC en un artículo de 2016. En contraparte, los chiitas reclaman sus derechos como descendientes de la familia de Mahoma y practican “una interpretación abierta y constante de los textos islámicos”. El principal bastión chiita del mundo es Irán; el sunní es Arabia Saudita. Y estos dos países se odian, ¿no? He ahí la respuesta al por qué.

Ahora, ¿por qué hay una tendencia extremista entre los musulmanes en Medio Oriente y Europa?

Como dice el filósofo francés Edgar Morin, la mayoría de los arabo-musulmanes en Europa y Medio Oriente han sufrido durante los últimos dos siglos (o más) todo tipo de humillaciones que van desde conquistas a matanzas, así como racismo, discriminación y menos oportunidades, más recientemente. Esto hace que eventualmente “la idea de la Yihad, del martirio, se apodere de mentes juveniles luego de muchos vagabundeos y fracasos”, señala el escritor en el libro Qué es Isis. Muchos jóvenes musulmanes odian a Occidente y lo culpan de sus derrotas, de su falta de oportunidad, de vivir siempre en la pobreza. Es una situación similar a la que viven muchos latinoamericanos cuando declaran su odio contra Estados Unidos y España. El caldo de cultivo está preparado.

Estos tres ingredientes son los que utiliza el Estado Islámico (y Boko Haram, y Al-Qaeda y todos los grupos extremistas que existen y existirán) para cooptar las mentes de los jóvenes y atraerlos hacia las filas de terrorismo. La idea de combatir contra todo aquello que se odia, y destruirlo para vivir en un futuro utópico, en el que lo musulmán sea respetado, es muy tentadora.

Que quede claro: el Islam es muy distinto al Estado Islámico. No se les puede unir bajo la misma denominación, de igual forma que al catolicismo no se le puede unir con la secta del Ku Kux Klan. La gran mayoría de los practicantes de la fe de Mahoma lo hacen de manera pacífica y viven en gran armonía con personas de otras religiones. Y que también quede claro: el EI va a perder, pero el Islam no. Muy pronto, ésta será la religión más importante del mundo. Así que, de cierta manera, la idea del profeta –de llevar el Corán a todos los rincones del mundo– se cumplió.

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