Sobre la objetividad

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Primera Parte

En el mundo actual reside la arraigada tendencia hacia el pensamiento objetivo. La objetividad se vuelve imperativa a la hora de redactar y comunicar la realidad, la noticia.

El ser humano nunca logrará la total objetividad, esto por el simple hecho de ser un sujeto. Podrá alcanzar determinados niveles de abstracción y objetividad, pero nunca lo hará completamente pues cada gota de “realidad objetiva” es absorbida por los sentidos y procesada interiormente filtrando y transformando, en menor o mayor manera, esa realidad. Todo lo que el ser humano exterioriza, escupe o excreta lleva poco o mucho de sí mismo.

La realidad, tal cual, se encuentra allá arriba, en lo alto. Lo ideal sería que todos la pudiéramos alcanzar por medio de la abstracción y del pensamiento elevado con la finalidad de entender completamente el mundo que nos rodea; sin embargo esto no es posible ya que somos humanos, sujetos anclados al suelo, a lo bajo; de hecho, no sabemos a ciencia cierta lo que la objetividad es, nuestro vestido de sujeto ya nos encarnó en la piel y aquello que nosotros llamamos “lo objetivo”, “lo abstracto” o “la realidad” no son más que sobras o rastros que la verdadera abstracción y objetividad dejan caer de manera accidental sobre nosotros.

Contrario a lo que la mayoría piensa la objetividad no es aburrida. Se tiende a pensar erróneamente que un escritor o periodista objetivo es por naturaleza tedioso, hastiado y pesado. Se cree que al reproducir la realidad y los hechos tal como suceden y sin ninguna clase de adorno literario el periodista, o escritor, se convierte en una máquina copiadora: reproduce sin la menor alteración los hechos, bueno, esto sucede por lo descrito en párrafos anteriores. Nosotros los humanos no podemos percibir la realidad entera, nuestro sistema nervioso, la información genética pasada de generación en generación, la cultura, la ideología y nuestros sentidos merman esta capacidad. Cabe aclarar que la objetividad, la abstracción y la realidad total no son verdaderamente aburridas, es decir, lo poco que nuestros sentidos y sistema nervioso nos dejan ver y la forma en la que lo hacemos es lo verdaderamente soso.

En este punto hace su aparición la creatividad, explicada en el diccionario como el acto de poner en el mundo algo que hasta ese momento no existía y que debería definirse más bien como la acción de traer a este plano existencial y a la vista de todos algo que sólo muy pocos pueden ver a través de la abstracción; ¿por qué creen que lo creativo les fascina a todos? Se debe a que ese “algo” creativo fue extraído del mundo abstracto, de ese mundo al que todos estamos conectados pero que no todos pueden ver. Las personas más creativas son aquellas con mayor capacidad de abstracción y, en un nuevo sentido, subjetividad. Entre más subjetivo se es, más cerca de la objetividad se está.

Se redefiniría el concepto de la objetividad, ya no como aquella realidad totalmente independiente del ser humano y a la cual está prohíbo meterle nuestras manos sucias, sino como aquella verdad total a la que solo unos cuantos – en su mayoría personas intelectualmente superiores y uno que otro pacheco – pueden llegar a descubrir a través de la subjetividad.

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Disonante, lector de closet, escritor de pacotilla, guionista y director de cortometrajes sin sentido – cuando no hay nada que hacer – productor y locutor de podcast, músico discordante.

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