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México en los organismos de la ONU

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El pasado 17 de junio México fue nombrado miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el periodo 2021-2022, además de su participación en el Consejo Económico y Social por tres años.

El anuncio oficial de estos compromisos se dio durante la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador al día siguiente y en la que también participó el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y el Embajador de México ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente.

Ambos expusieron que serían los Principios de Política Exterior expuestos en el Artículo 89 constitucional fracción X, los que guiarían el actuar de México particularmente en lo referente a su participación en el Consejo de Seguridad.

Detallaron que se darían enfoques de perspectiva de género, desigualdad, pobreza, desarrollo sostenible, y procurando evitar que los países más poderosos se impongan al momento de adoptar o recomendar las resoluciones del consejo.

¿De vuelta al exterior?

La participación de México en ambos consejos puede verse bajo la lupa de un “regreso” al ámbito internacional de la política mexicana.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que las instituciones de gobierno del país, particularmente la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), mantienen contacto con sus pares en el exterior mediante participación en diversos organismos regionales e internacionales (OEA, OMC, OMS, OMI, ONU, OCDE, CELAC, por mencionar algunos).

Así como con nombramientos y nominaciones de funcionarios mexicanos para presidir organismos o comisiones internacionales, además de reuniones con embajadores, ministros y representantes extranjeros.

Es cierto que la participación de México en temas de índole o de trascendencia internacional es discreta, pero el hecho no lleva implícito o por añadidura que la actividad diplomática no se encuentre activa y tampoco tendría porque ser una necesidad atraer reflectores (como si lo hizo el caso de Bolivia y Evo Morales).

Después de todo, los recientes nombramientos no habrían sido posibles sin sesiones de negociación o cabildeo que seguramente se dieron -y de manera intensa- desde que México hizo públicas sus intenciones de entrar al Consejo de Seguridad a mediados del año pasado.

En todo caso lo que sí será más palpable es la participación de funcionarios, como Ebrard y De la Fuente, así como del propio López Obrador, cuando a su tiempo, y dependiendo de las condiciones, tengan que participar en la próxima sesión de la Asamblea General de ONU.

La consideración de “inactividad” y “regreso” de la política internacional mexicana puede ser resultado de que a su tiempo el entonces candidato presidencial López Obrador expresara que no hay mejor política exterior que la política interior. 

Dicha consideración puede ser aceptable, pero es un hecho que México no puede soslayar la importancia de una política exterior de la misma forma que es impensable que esta se encuentre ausente y regrese de vez en cuando cada vez que se le requiera.

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Tendría que ser responsabilidad de las personas permanecer al tanto de la actividad de México en el exterior y del propio gobierno hacer más perceptible su participación y actuar fuera del país para evitar que estas nociones persistan.

Las oportunidades de México en los organismos de la ONU

La participación de México en el Consejo de Seguridad de la ONU ofrece la posibilidad de situar en uno de los más importantes órganos internacionales, las perspectivas y preocupaciones de una potencia emergente sobre los temas que se discuten actualmente en el entorno internacional, pero también puede representar y dar voz a los intereses de la región de América Latina y el Caribe.

Esta consideración no es un tema menor, pues implica una responsabilidad con la zona en la cual México llegó a ser líder e incluso interlocutor para la resolución de conflictos y cuyos buenos resultados le valieron ganarse prestigio regional e internacional.

Representar dignamente a la región seguramente irá acorde con el punto anterior, atendiendo al amplio apoyo que recibió de ella desde el momento en el que presentó su candidatura y ya ahora ante su eventual participación en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El proceder de México aquí no estará libre de controversias, pues se encontrará en la primera (o última) línea para la toma de decisiones concernientes a temas de seguridad y mantenimiento de la paz. 

Las interpretaciones y decisiones que cada uno de los miembros considere necesarias para mantenerlas generará disensos y por tanto hará ineludibles los casos en los que los representantes mexicanos tendrán que ser determinantes.

Es cierto que existe la posibilidad de entrar en confrontación con los Estados Unidos (miembro permanente del consejo, junto con China, Francia, Rusia y Reino Unido) cuando se tengan que adoptar medidas para atender una crisis de seguridad o de mantenimiento de la paz, pero de cualquier forma esa posibilidad existe, esté o no México en el Consejo de Seguridad, y ejemplos de esto se han presentado mucho recientemente.

La mejor opción que se tiene en esos casos es dar una correcta lectura al entorno y contexto del momento para disentir de Estados Unidos (como ya ha sucedido en algunas otras ocasiones) sin comprometer la importante relación bilateral al momento que se discutan las grandes problemáticas mundiales. 

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Buscar el apoyo de los demás miembros será importante para equilibrar la perspectiva estadounidense y a la postre le permitirá afianzar o crear nuevas relaciones.

Es importante mencionar que participar en el Consejo de Seguridad no significa irritar a los Estados Unidos, pero tampoco México debe limitar su aportación. Hacerlo implica desistir a una responsabilidad, tirar por la borda meses de negociación, años de buenas prácticas y negarse a provechar una valiosa oportunidad.

Se está a buen tiempo para la planeación correcta de la participación en el Consejo de Seguridad y cabe señalar que esta no tiene porque ser militar o belicista. 

México ha tenido un papel decisivo en lo referente al desarme nuclear y en esta ocasión en la coyuntura de pandemia bien puede complementar propugnando por el apoyo médico y de asistencia, la prevención y combate de enfermedades (la propuesta de hacer accesible a todo el mundo la vacuna contra el Covid-19) o la procuración de prácticas democráticas, siendo tal vez temas más propios del Consejo Económico y Social (al igual que el tema del desarrollo sustentable).

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Es importante tener presente que las acciones propuestas por México en ambos consejos no se contraponen con los Principios de Política Exterior, pues estos son válidos y suficientes para actuar.

Es posible que la armonización de ellos junto con el manejo de la representación mexicana signifique el trabajo más complicado y por tanto la capacidad de interpretación y acción será puesta a prueba en la medida en que los acontecimientos se vayan presentando. 

Habrá que esperar y observar el desempeño mexicano antes de evaluar si este fue correcto o incorrecto.

Finalmente es de llamar la atención que el anuncio de la participación de México en el Consejo de Seguridad y en el Consejo Económico y Social pasó casi completamente desapercibida dentro de la sociedad mexicana, en redes sociales la noticia despertó ciertas dudas y en algunos medios de comunicación la información llegó a repetirse casi de manera literal.

De cierta forma el hecho es entendible -aunque no deja de ser curioso- dado el contexto que actualmente vivimos en el país. 

Las preocupaciones de la sociedad pasan por temas de salud, económicos, laborales, sociales, de seguridad, etcétera. No obstante, sigue siendo nuestro deber permanecer atentos e informados con la finalidad de formar criterio, guía o contrapeso de las acciones y decisiones políticas.

Hacerlo también es una forma de participación y a la larga será beneficioso para el robustecimiento y mejora de las políticas -y sus ejecutantes- tanto al interior como al exterior del país.

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