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El presidente en portada

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Mexico’s false messiah fue el título con el que el semanario británico-italiano The Economist hizo su aparición el pasado 27 de mayo en su versión para América Latina.

Tan sugestivo título venía acompañado de dos frases que no simulan ser sugerencia y afirmación: Los votantes deberían detener al presidente de México hambriento de poder (Voters should curb Mexico’s power-hungry president) y Andrés Manuel López Obrador persigue políticas ruinosas por medios indebidos (Andres Manuel Lopez Obrador pursues ruinous policies by improper means).

Se necesita mucho valor para que una revista considerada profesional, rigurosa y seria convierta su portada en un anuncio sensacionalista, por decir lo menos.

Y es que la nota no profundiza, o investiga el entorno político, electoral y social de México. 

Tampoco hace justicia de las preocupaciones político-económicas que el semanario dice tener respecto a las elecciones del domingo próximo y las consecuencias que traería para el sistema político mexicano. 

Por el contrario, expone una vez más, aunque en otro idioma, la lista por todos conocida de quejas y disgustos achacables al gobierno de López Obrador.

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Con este artículo, The Economist perdió una buena oportunidad de realizar un análisis serio y riguroso de la realidad política mexicana, de la importancia de las elecciones intermedias, de sus posibles resultados o más importante aún; del por que se presentan en México niveles de apoyo y simpatía tan inusualmente altos hacia el presidente y su Partido.

Se ignoró deliberadamente todo ese conglomerado de grandes temas, sin duda mucho más interesantes y dignos de análisis. 

En su lugar se presentó un artículo tendencioso, simplista y mítico que supone la existencia de un falso mesías (si acaso existe un verdadero). 

Este mesías, sugiere y señala la publicación, es seguido por un séquito embelesado, inconsciente y tosco del que hay que cuidarse.

El artículo publicado por The Economist lejos queda de ser un texto de análisis serio, por el contrario, es un texto propagandístico muy malo, elaborado desde una perspectiva particular que desconoce la realidad mexicana, que no está interesada en conocer, pero de la que aún así escribe. 

A pesar del esfuerzo del semanario y de quienes replicaron su mensaje, es muy poco probable que el artículo tenga algún efecto sobre la sociedad mexicana o la ayude a decidir su voto de cara al próximo domingo.

Es cierto que hay muchas cosas que no van bien en México, pero la forma de expresarlas y los modos de hacerlo también cuentan, sobre todo considerando el contexto preelectoral del país, en donde los mensajes estridentes e incluso excéntricos de la presente campaña ya se hicieron presentes en radio, televisión e internet.

De populistas autoritarios

Para tratar de dar sustento y contexto a lo que representa el “hambre de poder” de López Obrador, la nota no duda en equipararlo con otros políticos a los que considera “populistas autoritarios”. 

Viktor Orbán en Hungría, Narendra Modi en la India y Jair Bolsonaro en Brasil son de acuerdo con The Economist, los pares en el extranjero del presidente mexicano.

Este nuevo ejercicio llama la atención, porque al equipararlos y tratar de hacerlos ver cómo lo mismo, la revista evita hacer una reflexión más profunda, apelando a que las referencias (pocas o muchas) que se tienen de los políticos extranjeros mencionados ayuden sin mayor detalle, a explicar lo delicado que puede llegar a ser el escenario en México y que de esa forma la situación se explique sola.

Si el artículo y la revista en realidad se preocuparan por los populistas autoritarios, propondrían una definición de lo que significa serlo, o al menos una metodología para su identificación. Pero hay que ser menos exigentes.

The Economist bien podría haber dedicado ya algunas de sus páginas a analizar el ascenso de otros movimientos políticos controversiales en varios países de Europa (como Vox en España, Agrupación Nacional en Francia, Alternativa por Alemania, el Partido de la Libertad de Austria, la Liga en Italia, el Partido Ley y Justicia de Polonia, las fuerzas políticas euroescépticas de Reino Unido, o los grupos políticos radicales en Alemania, Eslovaquia, Grecia o la todavía candidata a la UE Ucrania) y dilucidar que es lo que debería hacer aquel electorado para detener dichos movimientos.

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Finalmente, el artículo tampoco pierde la oportunidad de hacer distinciones entre el gobierno de Trump y Biden, quien debería mostrar preocupación y advertir al gobierno mexicano sobre su tendencia populista autoritaria. La petición tampoco es novedosa y se suma a otras hechas con anterioridad.

Mucho se ha dicho del carácter testarudo, antidemocrático, chabacano, convenenciero e incluso grosero del presidente mexicano, pero señalar de manera selectiva comportamientos impropios porque el personaje en sí cause animadversión es improcedente, más aún cuando esos señalamientos están hechos desde la emoción.

La petición hecha por The Economist al gobierno de Joseph Biden muestra el grado de crispación al que ha llegado la situación política en México y en el extranjero. 

Por ello, se tendría que ser mucho más riguroso al momento de escribir un análisis como el ya mencionado, sin expresar conceptos e ideas de manera tan laxa dado su significado o lo que pudieran implicar.

Seguramente no será la última vez en la que el presidente mexicano aparezca en portada, no obstante, será el contenido de las publicaciones lo que determine su valía.

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