Revista Digital

Crónica de un acoso

in Cultura by

Te levantas de la cama como cada mañana, te bañas, eliges la ropa que usarás para ir a trabajar. No, esa falda no. Hace calor en la oficina, pero no es apropiada. Sabes que ahí estará otra vez y ya quieres que todo se detenga. Todos los días piensas en lo afortunado que son todos los que no tienen que lidiar con él; te quedas pensando en eso mientras eliges el pantalón más común que tienes y una blusa para pasar desapercibida ante sus ojos.

Llegas a la oficina, todo normal. Saludas a tus compañeros con un beso en la mejilla, la convivencia los hizo llegar a ese punto para considerarse amigos. Sin embargo, ya sabes la hora en la que él llegará y la situación se tornará incómoda otra vez. Ni siquiera en el transporte público te sientes tan incómoda como en tu espacio de trabajo, tus compañeros abandonan momentáneamente para realizar otras actividades, minutos antes de que él llegue. Y eso él lo sabe bien.

Las horas pasan y el momento llega. En esa ocasión no te dio tiempo de esconderte en el baño para que él no se acercara a saludarte. Aquí viene otra vez con ese beso en la mejilla y ese abrazo forzado. Ya no se trata del saludo cordial de apretón de mano con el que solía saludar cuando recién te conoció y tú respondiste porque querías ser educada, pues un apretón de manos no podía tener nada de malo, ¿o sí?

Vaya, todo mundo lo quiere; dicen que ama a su esposa, la respeta, él es intachable y su trabajo lo respalda. Ni qué decir, tiene poder en el mundo donde se desarrolla profesionalmente.

Ya perdiste la cuenta de los días que llevas viviendo esa situación, ahora te espera a tu hora de salida y te invita a subir a su auto para acercarte un poco a tu hogar. A ti te asusta y le dices no. Desesperada, recurres a un “mi pareja ya viene por mí, gracias” y la otra persona comenta que es afortunada de tenerte. Te decides a confrontarlo y le dices que no te gusta que pase a saludarte, mucho menos de beso y abrazo; no lo conoces, te sientes hostigada, que por favor ya no lo haga.

La situación no cambia. Al contrario, comienzas a encontrarte con él en espacios que solo tú frecuentabas, sientes su presencia en todas partes, a todas horas, a pesar de que él no trabaja en la misma área que tú, sientes su presencia todo el tiempo e, incluso, un día te pide tu número de teléfono para estar en “contacto laboral”; no accedes porque no tienes vínculos laborales reales con él.

Ya te diste cuenta que las cosas no se detuvieron ni siquiera al revelarle que tienes pareja. Claro, a él no le importa molestarte a espaldas de su esposa. Bueno, ahora que lo piensas, quizás ella lo sepa, posiblemente no sabe cómo actuar, tal vez ya se acostumbró, porque puede pasar.

Pero decides que no puedes más cuando te toma del cabello y te dice que es precioso, que seguro a tu pareja también le encanta. Esa sensación de sus manos en tu cabello te deja congelada y te pregunta por qué ya no lo quieres, asumiendo que alguna vez provocó en ti algo más que asco.

Le cuentas a tus conocidos todo lo que está pasando y dicen que exageras, que no lo confrontes, no le hagas caso, lo ignores, te está haciendo un favor y, si dices algo, tu carrera profesional termina. A fin de cuentas, ni que te estuviera violando; te dirán que, si hablas, estarás minimizando los casos verdaderamente importantes, esos donde sí hay violaciones y hasta asesinatos. A tus conocidos se les olvida que en el acoso por algo se empieza.

El miedo te atrapa porque, si tus conocidos no te creyeron, ¿qué te puedes esperar de las autoridades? En efecto, no te ha violado, no te ha besado, es más, ni siquiera te ha manoseado… pero sus palabras surten efectos adversos en ti. Él se sabe inteligente, porque al ser hostigamiento verbal, nunca tendrás pruebas para denunciarlo. Todo será suposición tuya.

Decides irte de tu lugar de trabajo, comenzar de nuevo. Y piensas que quizá después puedas dar a conocer lo sucedido. Pero cuando lo haces, todos cuestionan o culpan por no haber hablado en su momento. Nadie entenderá el miedo para hacerlo, nadie sabrá que cortaste tu cabello solamente porque no soportabas la idea de que él lo hubiera tocado como lo hizo, mucho menos sabrán que dejaste de usar tu ropa favorita y que cubriste tu cuerpo para que él ya no lo viera y nadie más te lastimara.

Así, sin existir violación de por medio, no sabrán que te sentiste la persona más vulnerable del mundo porque alguien abusaba de su poder, de su posición y de todo lo posible. Él habrá ganado; seguirá con su trabajo bien posicionado, porque la sociedad lo va a respaldar, todos lo quieren; seguro tú solo querías fama al decir lo que te hizo y él tenía derecho a portarse como lo hizo contigo, porque si a nadie más le molestaba su trato, seguro tú estabas loca.

Sí, él ganará otra vez.

¿Por qué no pude dejarme los audífonos?

 

(Relato ficticio)

Comments

comments

Redactora de a ratos, creativa de siempre. Ama las plumas de las aves y cree que con ellas se puede escribir una nueva historia cada vez. Le gustan los altos vuelos porque desde arriba la perspectiva es mejor para relatar el mundo.

ÚLTIMA ENTRADA

Cuántas veces

Cuántas veces He deseado de modo sincero y urgente, Casi implorando, Que

Madera noruega

No sé qué es lo que hago aquí. No entiendo cómo pasó,

Lux Fero

Eran las 8 de la mañana y Victoria tenía mucho frío en
frojiMX Top