Narcocorrido
CULIACAN, SINALOA, 20MAYO2011.- Después de la masacre en un bar en Mazatlan donde fueron acribillados 7 jóvenes, el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez estableció un decreto que prohibe que en bares, cantinas y centros de espectaculo se escuchen los narcocorridos como medida de prevención para bajar el índice de violencia. FOTO: RASHIDE FRÍAS/CUARTOSCURO.COM

Música de protesta: El Narcocorrido

El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se convirtió en una de las tendencia más populares durante las últimas 24 horas por la emboscada que tendieron a personal de la Marina, donde dos agentes resultaron asesinados.

La frialdad de los hechos me llevó a reflexionar la idolatría que hay alrededor de estos violentos personajes llamados capos, narcotraficantes o sicarios, culto que incluso llegó hasta música mexicana, principiante retratada en el famosos narcocorrido.

Basta con escribir en el buscador de YouTube las palabras «Narcocorrido de _tu capo de preferencia_» para obtener más de cinco, diez o cien páginas al respecto.

«A los culos no les hacen corridos», dijo el comediante Franco Escamilla en una de sus características rutinas machistas y bastante idiotas sobre lo que es el valor, la valentía o el honor. 

Entonces, la cultura popular ha convertido los corridos en un sinónimo de «quién es más hombre», «quién se la rifa más a los chingazos». O al menos es lo que tienen en su ideario las personas que no le entraron a una profundización del género.

Música de protesta: Esta es la que mueve a México (Me Muelen a Palos)

Lo anterior también le ha valido al corrido diferentes etiquetas que van desde ser expertos en temas «machistas», «de violencia de género» e incluso «aliados del narcotráfico» por sus supuestas (algunas veces confesas) participaciones de los artistas en fiestas de narcos o muertes a manos del crimen organizado y muchos otros.

¿Es cierto? Sí, en uno que otro caso, pero hay que entender, en primer lugar, el origen de los corridos, su papel en los medios de comunicación y su evolución (pero también rezago) a través del tiempo.

En las épocas de enfrentamiento armado en México, especialmente durante los años revolucionarios, los corridos nacieron como un método de difusión de noticias al puro estilo juglaresco. No había una forma de que las noticias se publicaran con tanta veracidad y rapidez como de boca en boca. Algunas veces sobre el papel, otras a voz y tal vez guitarra.

«En labios de los cancioneros populares de las ferias y en hojas sueltas impresas en papeles multicolores de bajo precio, era ya a finales del siglo pasado materia de intenso consumo, pues para las multitudes iletradas de entonces constituye la única fuente de información de los sucesos más salientes», escribía Vicente T. Mendoza en El Corrido Mexicano de 1954.

En este sentido, fue incluso considerado como «uno de los más firmes soportes de la literatura genuinamente mexicana».

Música de protesta: George Floyd

¿Entonces de qué van las letras en los corridos? Estableciendo al género como algo épico-lírico-narrativo, pues en mayor medida de los conflictos, las batallas y los enfrentamientos. 

La realidad que retratan es la del pueblo dirigida para sus iguales, no la «oficialista» manipulada intencionalmente. Vicente T. Mendoza escribió que desde su carácter lírico, derivado de la copla o la jácara, es posible también cantar a relatos sentimentales.

Entonces en qué momento pasaron a ser mimetizados con la banda, el norteño, el ranchero y otros tantos géneros vinculados al llamado «regional mexicano», también etiquetado en ocasiones como «grupero».

Con la llegada de nuevos géneros musicales a las urbes más grandes de México, provenientes de países como Estados Unidos, Inglaterra y más tarde España o Argentina, los géneros nacidos en el país fueron amontonados en una sola categoría, pero también desplazados únicamente a las zonas donde la tecnología o los medios de comunicación todavía no llegan ni son influyentes: las sierras, el campo, las comunidades indígenas, los ranchos, las montañas, provincia y un largo etcétera, donde luchan por mantener vivas las creaciones mexicanas.

Música de protesta: Las Odio

Es de señalar que ante la creciente ola del racismo, clasismo y xenofobia en México, fueron también lanzados a lo «pasado de moda», «lo naco», «lo chingo», «lo del barrio».

Por otra parte, Juan Carlos Ramírez, autor de Cantar a Los Narcos, asegura que aunque ya se comenzaba a celebrar el consumo de drogas en los primeros años del siglo veinte, fue tras la irrupción de Caro Quintero en el ideario mexicano que cambió de golpe la orientación del corrido y, desde luego, la recepción del público dispuesto a escuchar las hazañas de los nuevos héroes corridísticos nacionales, quiénes alguna vez fueron Emiliano Zapata y compañía. ¿Son los narcotraficantes lo que México necesita para progresar? En alguna ocasión hasta se mostraron dispuestos a pagar la deuda externa.

Entonces, el narcocorrido es meramente un retrato de la realidad que se vive en estos lugares. Si te asusta que alguien cante al wey que decapita cabezas, al que mete cuerpos en ácido, a ese que fue preso, al cabecilla de moda del cártel más poderoso en México, etcétera, es porque así es en muchísimas partes del país, pero tu comodidad te impide verlo.

Día tras día la gente sale amenazada para trabajar en campos de cultivo ilegales, viven enfrentamientos entre bandas rivales día tras día, secuestran a sus hijas para la traya, levantan a sus hijos para sicarios o agarran las armas para defenderse de los terroristas en sus demarcaciones. ¿Son los cantantes con quienes deberías enojarte?

¿Qué género más de protesta que aquel que retrata su propia realidad sin rodeos, sin censura y sin miedo? No sólo eso, las estrellas se han enfrentado a sus reglas territoriales, a sus amenazas de no tocar en tal o cuál lugar y hasta resistieron sus secuestros o engaños para que terminaran tocando en alguna fiesta de algún capo. Algunos, en su necedad, terminaron asesinados a las afueras de un palenque porque «no se estaba en paz».

Aunque muchos otros géneros nacieron desde la represión, desde el conflicto, desde la esclavitud, la pobreza o la violencia, la mayoría ha olvidado sus raíces y fundamentos, pero sobre todo sus luchas.

El estado…

qué fuerte se calentó, ni imaginan en manos de quién cayó.

Y como yo sí estoy enterado, por mi bien me abro y me salgo de ahí.

Aunque sacando cuentas no sólo es en mi estado,

Si volteamos pa’ los lados… así está todo el país

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