Apuntes de un Centinela: Texas calla y las primeras piedras se acomodan

19 julio, 2017

Donald Trump ya empezó con los primeros trazos de su muro fronterizo, ese que aísla sus miedos y xenofobia o refuerza su patriotismo. Al sureste de McAllen, Texas, se arman los preparativos para trabajar a lo largo del Refugio de Vida Silvestre Santa Ana.

Las medidas están listas: 5.4 metros de altura que se extendería 4.8 kilómetros a lo largo del refugio de vida silvestre. Más allá de un asunto de temores comerciales y de políticas cerradas del magnate, también implica la destrucción del refugio con la construcción de una carretera a un lado del muro, así como la limpieza de la tierra en ambos lados de la estructura.

Otro ecocidio más a su negativa de participar en el Acuerdo de París y cualquier combate al cambio climático. Para Donald este mandato de Estados Unidos es como gobernar en una de sus empresas; no le gusta alguien que hable más de lo que él permita, de ser así, you’re fired! Recordemos al titular del FBI, que ha dicho más de lo que el presidente ha soportado escuchar.

Con este muro, que para Trump significa edificar la barda con el vecino, se estima que una buena parte de los miles de millones de dólares que costaría estaría destinado a sufragar el costo de la tierra perteneciente a particulares a lo largo de la ruta. Es decir, este territorio tiene un “pacto sagrado” con el más de millón de personas que lo conocen, algo que generaría más irritación en los opositores.

Pero, ¡vaya sorpresa! Donald Trump mantiene la base de simpatizantes que cuando empezó su gestión. Esta misma fanaticada ha apoyado absolutamente todo y así seguirá; al presidente le basta esto.

Si las artimañas de Trump continúan veremos, en lo coherente de su vehemencia, que hasta una esfera gigante cubrirá a Estados Unidos. Nos estamos preparando para sufrir muchos arranques de patriotismo, pero quizá eso mismo nos librará de una segunda gestión de Trump. Aunque no le importa la opinión de sus empleados –ciudadanos, pero él no lo ve así–.

Apenas siete meses de gestión del presidente estadounidense y se ha ganado más detractores que opositores, pero lo que importa para él, y es meramente comprensible, es ver por su país. No obstante, las formas que utiliza no gustan a los vecinos.

Ojalá que el muro sea en la cocina de México para que ya no sea el patio trasero de Estados Unidos. Porque el muro sí va, aunque insistan lo contrario. Sino es que ya existe un muro mental de parte de Trump…

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Soy un periodista que ha escrito sobre política y negocios. Trabajé en MILENIO Diario, Notimex y fundé Cuestione con otros colegas. Ahora soy reportero en El Heraldo de México.

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