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La importancia del Mar de Azov; el más reciente roce entre Rusia y Ucrania

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El cierre del paso marítimo por el estrecho de Kerch, que comunica al Mar de Azov con el Mar Negro reaviva las tensiones políticas y militares que rodean las relaciones ruso -ucranianas después de la crisis de Crimea en 2014, y se suma al contexto de incertidumbre que sostienen Rusia y Estados Unidos en relación con la suspensión de los acuerdos que regulan sus respectivas capacidades armamentísticas.

La crisis política que vivió Ucrania a inicios del 2014 no tardó en convertirse en una crisis social después de que el gobierno ucraniano de aquel entonces diera marcha atrás al Acuerdo de Adhesión a la Unión Europea que se había estado negociando desde años antes. El descontento con aquella medida tuvo como consecuencia la división de la sociedad ucraniana en dos; aquellos que veían su futuro vinculado con Europa y aquellos que lo consideraban vinculado a Rusia, siendo entonces la península de Crimea, la región ucraniana que se incorporaría al territorio ruso.

A partir de ese momento, el gobierno de Moscú comenzaría a desarrollar la infraestructura necesaria que le permitiera mejorar y garantizar su presencia en Crimea. El puerto de Sebastopol, en donde se encuentra atracada la flota rusa del Mar Negro, y el puente sobre el estrecho de Kerch se convirtieron pronto en infraestructura de suma importancia para el gobierno ruso y sus planes sobre la península, mientras que una buena parte de la comunidad internacional no reconocía la anexión e iban en aumento las tensiones diplomáticas, sociales, económicas y militares.

El estrecho de Kerch y el Mar de Azov

El pasado 25 de noviembre, tres barcos pertenecientes a la Marina ucraniana fueron interceptados por la Armada rusa mientras intentaban cruzar por el estrecho de Kerch, después de haber navegado por el Mar de Azov, en su camino al puerto ucraniano de Odesa. Es importante entender el acontecimiento por las implicaciones económicas, políticas, militares y diplomáticas, considerando además la importancia geopolítica que tienen tanto el estrecho y el propio mar, para Ucrania y Rusia.

En el año 2003, el Mar de Azov era reconocido por Rusia y Ucrania como un mar interior para ambos países, por lo que sus respectivos gobiernos habían acordado cooperar para garantizarle seguridad, vigilancia y navegabilidad. No obstante, con la anexión de Crimea en 2014 la situación cambiaría y Rusia tomaría control del estrecho de Kerch (la entrada y salida del Mar de Azov) y la conexión de éste con el Mar Negro, provocando que los puertos ucranianos de Berdiansk y Mariúpol redujeran su capacidad de recibir y enviar barcos mercantes y militares. De esta forma la Marina ucraniana asentada en el Mar de Azov quedó a expensas de las facilidades rusas para la navegación sobre él, y el paso por el estrecho situado justo debajo del puente construido por el gobierno ruso y que conecta a Crimea con Rusia.

La importancia del Mar de Azov, el estrecho de Kerch y la península de Crimea encuentra su razón en la posición donde se encuentran y el uso que se les da a estos tres puntos geográficos. Históricamente, la Armada rusa se ha enfrentado a la problemática de navegación durante las épocas invernales, pues el congelamiento de las aguas obstaculiza la libre navegación de sus buques, por lo que encuentra en este mar el acceso a aguas libres de hielo, navegables durante todo el año. La presencia del gobierno ruso en la península de Crimea le garantiza entonces la navegación sobre ambos cuerpos de agua y el paso por el estrecho de Kerch, además de volverse necesario es el punto por el cual se establece la comunicación marítima, hecho que ayuda a dimensionar de mejor forma la importancia que estas tres zonas tienen para la seguridad de Rusia y Ucrania.

Cabe mencionar que el Mar de Azov y el estrecho de Kerch son apenas una sección de eslabones dentro de una larga cadena de estrechos y mares que conectan distintos cuerpos de agua. Por ejemplo, para salir del Mar de Azov hacia el Océano Atlántico, es necesario cruzar el estrecho de Kerch para navegar sobre el Mar Negro, que a su vez se encuentra conectado mediante el Bósforo (estrecho de Estambul), el Mar de Mármara y el estrecho de los Dardanelos, con el Mar Egeo y finalmente con el Mar Mediterráneo, para cruzar el estrecho de Gibraltar y desembocar en el Atlántico. Es entonces que lo sucedido en el estrecho de Kerch sea un breve pero considerable preludio de nuevos choques entre las Armadas y gobiernos de diferentes países.

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Entre conflictos imaginarios y reales

Después de lo sucedido en el estrecho de Kerch, mucho se habló de la posibilidad de que el incidente hubiese sido un montaje orquestado por las autoridades ucranianas, mientras que otras posturas señalaban directamente a la Armada rusa y al gobierno en Moscú como provocadores del hecho. Sin embargo, la realidad es que este paso estratégico se ha trazado ya como una línea de seguridad (o alerta) que involucra a Ucrania, Rusia y a otros países.

Aun cuando las embarcaciones ucranianas no hayan intentado cruzar de manera no supervisada el estrecho y los barcos rusos hayan actuado de manera desproporcional, las acciones ejecutadas por ambos lados han sido consideradas y estudiadas de manera recíproca, es decir, a partir de ahora tanto Ucrania como Rusia conocen los posibles procedimientos que cada uno empleará en caso de que la situación se repita en el futuro. Es posible que para el caso ucraniano las embarcaciones hayan sido utilizadas como señuelo para provocar la reacción rusa, que muy probablemente fue seguida de cerca por los sistemas de vigilancia militar ubicados en tierra, apoyados por aviones, satélites y sistemas de comunicación.

Mismas acciones pudieron haber sido tomadas desde el lado ruso e incluso, dadas las capacidades tecnológicas y militares (consideradas mejores que las ucranianas) la información obtenida pudo haber sido aún mejor, considerando además que los buques al servicio de la Marina rusa superan en cantidad y armamento a su contraparte ucraniana, sin considerar los efectivos terrestres y aéreos. Es muy probable entonces que el pasado 25 de noviembre todos los sistemas de vigilancia tanto civil y militar se hayan activado para monitorear el desarrollo de los hechos y hayan involucrado la participación de más actores, incluidos los países rivereños del Mar Negro, Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

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Aunque es aventurado considerar un clima de guerra consecuencia de lo sucedido en el estrecho de Kerch, los hechos abonan a la constante tensión social y política que se vive entre Ucrania y Rusia consecuencia de los conflictos territoriales en la región del Donbass, en donde las provincias de Lugansk y Donetsk (y posiblemente también Jarkov) terminen de mostrar su preferencia hacia Rusia, una vez que se han autoproclamado independientes y prorrusas, provocando así un conflicto militar menor aunque con serias posibilidades de incrementar su intensidad. A lo anterior, debemos de sumar que los Estados Unidos y algunos países miembros de la OTAN, actualmente se encuentran suministrando pertrechos y capacitación militar a los miembros del ejército ucraniano como respuesta a la conformación de unidades militares tanto en Lugansk como Donetsk. La situación se complica aun más si consideramos que los Estados Unidos y Rusia han suspendido el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio.

Como se mencionó anteriormente, considerar que los acontecimientos en el estrecho de Kerch desencadenen un enfrentamiento bélico es una consideración aventurada, no obstante, son estos mismos hechos los que se suman a una larga lista de temas contenciosos que actualmente sostienen diversos países de la región.

Continuidad de tensiones

Aunque la navegabilidad por el estrecho de Kerch se ha reanudado, es muy probable que en él se sigan suscitando roces similares. Como se comentó en líneas anteriores, los barcos con destino a los puertos ucranianos de Berdiansk y Mariúpol se ven obligados antes a pasar por los controles rusos, situación que según las autoridades ucranianas provoca grandes pérdidas a la economía, pues es en estos puertos donde se importan y exportan mercancías; y ya en el Mar de Azov deben navegar bajo la vigilancia de los buques rusos.

Lo sucedido en el estrecho de Kerch debe llamar inmediatamente la atención hacia el Bósforo (estrecho de Estambul), el Mar de Mármara y el estrecho de los Dardanelos en Turquía, además del Mar Egeo y la Isla de Creta, perteneciente a Grecia. En estos puntos estratégicos por su valor geopolítico es donde se pudiese replicar una situación similar a la del Mar de Azov.

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Adicional a las inspecciones marítimas, el endurecimiento de los controles fronterizos y la vigilancia permanente de unas fronteras difusas entre Ucrania, Crimea y Rusia provocan que el clima social se enturbie aún más y sea posiblemente de donde surja una nueva fricción.

Es importante considerar también las futuras elecciones presidenciales de Ucrania, programadas a realizarse el mes de marzo de 2019. En dichos comicios es más que posible que los actuales conflictos entre Rusia y Ucrania tengan una utilidad política tendiente a exaltar el nacionalismo, así como guiar y atraer votantes de los candidatos que se presenten a la contienda. Es particularmente el correcto o mal manejo de este último aspecto el que será decisivo para las acciones futuras que se llevarán a cabo en la zona.

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